"Soy el mismo que cuando empecé, pero con más golpes en la cabeza"

  • El director cree que 'La chispa de la vida' es "una película que interesa" y que "genera debate" y se muestra "contentísimo" con sus dos nominaciones al Goya

Ha pasado poco más de un año desde que Álex de la Iglesia sorprendiera a los espectadores con su brutal y tenebrosa Balada triste de trompeta, el relato excesivo del enfrentamiento de dos payasos tras el que asomaba la cruda Historia de España, y el cineasta bilbaíno está de nuevo en los cines con una cinta de corte muy distinto: La chispa de la vida, un retrato entre ácido y emocionado de la actualidad en el que Roberto (José Mota), un publicista en paro, decide vender la exclusiva de su sufrimiento después de que un singular accidente por el que queda atrapado atraiga la atención de los medios. Una denuncia de la comercialización del dolor, pero también una reivindicación de la dignidad humana en tiempos difíciles, que ha logrado dos nominaciones al Goya -mejor actor revelación, José Mota, y mejor actriz, Salma Hayek- y que desde su estreno el pasado día 13 se está revelado como uno de los títulos más comerciales de su autor.

-La película ha tenido un buen arranque...

-Con la que está cayendo no nos podemos quejar, francamente. En el estreno hicimos el mismo promedio por copia que la primera entrega del Millennium de David Fincher, así que la cosa o está igual de mal para todos o hemos tenido mucha suerte.

-Es un filme que conecta mucho con el público. Por internet circulan muchísimos comentarios elogiosos de los espectadores.

-Yo creo que es una película que interesa, en Twitter veo muchas críticas elogiosas. Más que nunca veo que algo mío le gusta a los espectadores. Y luego compruebo que genera polémica, que genera debate. Me ha pasado algo que no me ha ocurrido nunca: nada más comenzar la rueda de prensa en Barcelona, alguien levantó la mano y empezó a discutir las decisiones de los personajes, no ya si le gustaba o no le gustaba la película. Estaba tan metido en la historia que decía: Yo no entiendo por qué ella hace eso. Y empezó a intervenir la gente, a decir: Pues yo estoy de acuerdo con ella, pues yo creo que tiene razón Roberto... Se la habían creído tanto que estaban discutiendo las decisiones morales de los personajes, y yo creo que eso es una alegría y un éxito.

-En un principio sorprendió la elección de una pareja como Mota y Hayek. Las candidaturas al Goya que han obtenido confirman que están muy creíbles en sus papeles.

-Mi labor como director es proponer historias, y proponer cástings, actores y situaciones con cierto riesgo. La idea de José fue de Andrés Vicente Gómez [productor de la película], pero me pareció tan maravillosa que le dije que empezábamos inmediatamente. Yo propuse a Salma. Me gusta mucho cómo trabaja, pero por otro lado su elección me parecía muy práctica. Significaba tener a una persona que se iba a sentir extranjera en la historia. El personaje es así: no entiende nada, ni la televisión ni los medios, las reacciones de José. Solamente piensa en su familia, parece que lo que quiere es quedarse sola y aislarse del mundo. En ese sentido funciona muy bien: desde el comienzo ya se le ve desamparada.

-¿Esperaba más candidaturas al Goya o imaginaba que la fecha del estreno comercial, ya en enero, le restaría opciones de que los votantes la tuviesen en cuenta?

-Hombre, esperaba todas. Como todos los directores estaba convencido de que la película que he hecho es la mejor y merece todas las candidaturas del mundo, pero estoy muy contento con que tenga dos. Otras veces he tenido un montón de nominaciones y no se materializó ninguna. O sea que estoy contentísimo: la nominación que más quería era la de José, y luego la de Salma, y del resto de los actores.

-Después de una película tan personal como Balada triste de trompeta, acepta un encargo como éste. ¿Es difícil mantener la independencia en una industria como la española, o es algo que le ocurre a los cineastas en todos sitios?

-Éste es un encargo pero es una película que me vuelve loco y que me apetecía hacer. Normalmente los directores sólo hacen encargos, es raro el director que puede escribir su propia historia. Yo creo que aquí en España gozamos de mucha libertad y de mucha suerte.

-Las dos películas, pese a ser muy distintas en el tono, coinciden en mostrar España desde el esperpento.

-Sí, pero es un sentimiento que es extrapolable a todo el mundo, no creo que sea sólo un asunto español. Coloco la historia en un lugar que conozco, en conceptos que me son familiares. Si nosotros viéramos una película americana, una de Scorsese como Malas calles, sería una historia absolutamente localista sobre Manhattan. Lo que pasa es que hemos convertido Manhattan en un lugar de todo el mundo, en una localización ya cinematográfica, pero lo que hizo Scorsese fue vender su mundo a los demás. Eso es lo que deberíamos hacer nosotros: pienso que cuanto más local eres, más internacional te vuelves.

-Han transcurrido más de 20 años desde que irrumpió en el cine con su corto Mirindas asesinas. ¿Queda algo de ese director que empezaba entonces, o el tiempo y la experiencia lo han cambiado mucho?

-Queda lo mismo, no creo que haya habido grandes avances. Soy el mismo tipo, aunque con más golpes en la cabeza. Aprendes a esquivarlos, te acostumbras a esta profesión. Lo más difícil de mantener son la ilusión y las ganas. Eso es lo que más cuesta, lo que da más trabajo: el encontrar proyectos que me resulten atractivos a mí, porque tengo claro que si no me parecen atractivos no van a resultar atractivos al público nunca.

-Usted sigue siendo una de las pocas voces pertenecientes al ámbito cinematográfico que se muestra en desacuerdo con la Ley Sinde...

-Ahora en Estados Unidos se ha parado la Ley SOPA, que es muy parecida. Sigo pensando lo mismo: necesitamos una articulación pero ésta no es la acertada, no está conseguida a través del diálogo de todos los sectores.

-El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, acudió al estreno de La chispa de la vida. ¿Ha hablado de este tema con alguien del nuevo Gobierno?

-No, no. Yo soy un director de cine, nada más [ríe].

-En su página de ClubCultura se hacía una entrevista a sí mismo, pero hace ya unos cuantos años de aquello: se remonta a cuando presentaba La comunidad. Hoy, pasado el tiempo, ¿qué se preguntaría?

-Que qué tal llevo las entrevistas [ríe de nuevo]. No me preguntaría nada. Los directores nunca preguntamos, los directores respondemos.

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