Crítica de Cine cine

La morilla domada

La cantante y actriz Camélia Jordana. La cantante y actriz Camélia Jordana.

La cantante y actriz Camélia Jordana. / g.h.

A vueltas con el debate sobre multiculturalidad o integración que ha protagonizado numerosas cintas francesas recientes, de El odio a La clase, de Haneke a Kechiche, y bajo las claves reformuladas del viejo mito de Pigmalión (sic), Una razón brillante llega tras un importante éxito en la taquilla gala para contarnos la historia de redención doble (sic) de un profesor de Derecho pasado de rosca (Auteuil con todos sus tics) y su díscola y arrolladora alumna de origen árabe pero francesa a todos los efectos (Camélia Jordana, César a la mejor actriz revelación), a través del concurso nacional de oratoria (la Universidad convertida en otro talent show más) que habrá de limpiar la imagen de uno y domar y convertir en una ciudadana y abogada ejemplar a la otra.

Yvan Attal (Mi mujer es una actriz, Están por todas partes) decide apostar por la narración a velocidad de crucero antes que por los matices, lo que cristaliza en una sucesión de escenas de confrontación y conflicto (del aula vacía al atestado metro) que se suceden en una lógica meramente cinematográfica que no entiende de procesos internos o verdaderas transformaciones en sus personajes.

Así, lanzada a la didáctica del cuento ejemplar sobre la vigencia del espíritu de la vieja República y a un tibio y superficial retrato del aprendizaje recíproco entre el adulto cínico y desencantado y la joven (falsamente) rebelde, Una razón brillante se convierte en una de esas películas que termina diciendo lo contrario de lo que pretende, a saber, que el hombre blanco, maduro, laico, políticamente incorrecto y sabio tiene aún mucho que enseñar (en valores, retórica y dicción) a los desclasados jovenzuelos de la banlieu que, de lo contrario, estarían abocados a la marginalidad perpetua.

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