El movimiento se demuestra andando

Un acto de justicia es el que ha hecho el Ayuntamiento incluyendo en el cartel de actuaciones de La Chumbera a Juan Pinilla y Patricia Guerrero, ganadores de la Lámpara minera y el Desplante respectivamente en el Festival de las Minas de La Unión el pasado año. Unos artistas que siempre se programan en el ciclo Flamenco viene del Sur, auspiciado por la Junta de Andalucía. Esta temporada, sin embargo, se ha hecho caso omiso de la costumbre, y ni Juan ni Patricia tienen su espacio en este festival andaluz. ¿Será porque, como aventuró el cantaor, son de Granada y la Junta sólo apoya a Andalucía la baja? Ellos se lo pierden, los aficionados se lo pierden, nosotros nos lo perdemos.

La primera pieza que interpretan estos flamencos, es un dulce homenaje a El Charico, jovencísimo cantaor granadino, desaparecido recientemente, que tenía un potencial fuera de lo común. Es un dúo de cante y baile bien compenetrado. Cuando actúan dos artistas, lo común es verlos por separado. Juan y Patricia han tenido el detalle de unir sus talentos para dedicar tácitamente sus talentos a la memoria de esa voz truncada y al público en general.

Una característica común en ambos artistas es su inteligencia, su estudio, el saber estar y el respeto a sus mayores. Patricia ha conseguido arroparse con un cuadro de lujo a sus espaldas, comprendiendo que un tanto por ciento muy elevado de el éxito en el baile flamenco, es el aplomo y la valía de la música y el cante que le acompañan. Así, lo mejorcito de la tierra va con ella: Manuel Heredia y Juan Ángel Tirado, las mejores voces del cante atrás que suben a nuestros escenarios; Luis Mariano y David Carmona, de las guitarras más sensibles y agradables del panorama flamenco; y, por último, ha tenido el buen gusto y la valentía de prescindir de una percusión que colabore en su taconeo y tape sus defectos.

Para hacerse compás, se hace acompañar de las palmas de su madre y primera maestra, Mari Carmen Guerrero. Lástima que el sonido y la calefacción le gastaran malas pasadas, sobre todo a los tocaores. Una entrada por levante y un remate por tangos fue su primera pieza. Patricia es fuerte y delicada, bella y graciosa. Es consciente de su poder. Domina el escenario y se encuentra más distendida y segura que otras veces. Para finalizar bailará unas cantiñas con rosa bata cola. Su plante es excepcional y su esencia embriagadora.

Pinilla, entre estas dos piezas, hace su entrega. Le acompaña, inseparable Luis Mariano, con su toque especial. Comienza por marianas, ese cante tan bello como desconocido. Sus fuentes y sus letras le delatan. Es un cantaor comprometido y, pese a sus años, con una amplia formación. Unas temporeras, "como cantaban en mi pueblo (Huétor Tájar)", terminan por camelar a un público entregado. Juan es un cantaor añejo que mece la copla, modula el cante, liga los tercios y explica lo está diciendo. Le sigue la caña, en la que se acuerda del maestro Cobitos. Hace sus obligados cantes orientales, murciana y levantica, y se despide con la malagueña grande de Chacón con un generoso remate de abandolaos.

Varios minutos de aplausos, de un público bastante entendido, coronaron esta velada, en la que Juan y Patricia demostraron lo bien merecido de sus galardones, que el movimiento se demuestra andando.

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