¿Cómo murió Amado Balmes?

  • El historiador Ángel Viñas sostiene en su nuevo libro que el gobernador militar de Gran Canaria en 1936 fue víctima de una conspiración orquestada personalmente por Franco.

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La posibilidad de que Franco orquestara el asesinato de un general para asegurar su golpe de Estado en julio de 1936 muestra una imagen maquiavélica del dictador, capaz de todo para conseguir sus fines, afirma el historiador Angel Viñas, quien acaba de publicar un libro sobre ese misterioso episodio. Fue "un asesinato, planificado con premeditación y alevosía, impecablemente ejecutado", escribe Viñas en La conspiración del general Franco (Crítica), donde desarrolla, con una labor casi detectivesca, su convencimiento sobre tales afirmaciones.

El muerto, de un disparo en el estómago el 16 de julio de 1936, fue el general Amado Balmes, gobernador militar de Gran Canaria, y el móvil del presunto crimen fue, por un lado, asegurar la lealtad de las guarniciones de ese archipiélago a la sublevación que comenzaría en el norte de Marruecos y garantizar que Franco pudiera viajar allí en avión para encabezar la rebelión el 18 de julio. "Franco mataba dos pájaros de un tiro", explica Viñas desgranando el proceso investigador que lo llevó a esas conclusiones, que se oponen a la versión que siempre dio el franquismo sobre la muerte de Balmes, la de un desafortunado accidente cuando intentaba desatascar una pistola encasquillada. "Que un general experto en armas se ponga una pistola en el bajo vientre para desencasquillarla es técnicamente una estupidez y posiblemente imposible con una pistola astra del nueve largo, como me señaló un experto en armamento", precisa el historiador.

Las sospechas fueron tomando forma cuando Viñas consultó las memorias del juez militar que instruyó las diligencias de la muerte de Balmes, donde "se advierten multitud de sinsentidos y apuntan a que son falsas en muchos aspectos".

Viñas, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y ex diplomático, cuenta que se puso tras la pista de su teoría cuando investigaba en Canarias el papel desempeñado por la diplomacia y los servicios secretos británicos en la Guerra Civil (1936-1939), otro de los temas que aborda con detalle el historiador en este libro. "Quería desentrañar por qué Gran Bretaña se comportó como lo hizo con la República española durante la Guerra Civil, no de una manera neutral sino en una situación de franca hostilidad", dice Viñas.

Tirando de ese ovillo el historiador llegó al Dragon Rapide, el avión De Havilland DH.89 que llevaría a Franco a Marruecos y que, como subraya el autor, "era claramente una cuestión británica", pues la operación, aunque financiada por los conspiradores españoles, contaba con la anuencia de Londres. Viñas recuerda que los otros pasajeros del Dragon Rapide eran Hugh Pollard, vinculado en el pasado a la inteligencia británica, su hija Diana y otra mujer, Dorothy Watson.

Otra clave que llevó al historiador a poner en duda todo lo que la historiografía franquista había contado sobre la muerte del gobernador militar de Gran Canaria fue una incómoda conversación que mantuvieron en mayo de 1936 este general y el propio Franco, de la que no se sabía nada y de la que fue testigo uno de los ayudantes de Balmes. El dictador "tenía un calendario muy apretado para participar en la sublevación y no podía detenerse en escaramuzas sobre si Balmes se sumaba o no al levantamiento militar", agrega.

Finalmente, la excusa de participar en el sepelio de Balmes el 17 de julio en Las Palmas le permitió a Franco abordar "oportunamente" el Dragon Rapide el 18 de julio y llegar a tiempo a Marruecos para poner en marcha la sublevación militar que desencadenaría la Guerra Civil, mientras dejaba bajo control de sus fieles la guarnición de la capital canaria.

Este episodio muestra "la imagen de un Franco maquiavélico, de un hombre difícil de penetrar e interpretar", dice Viñas, quien confía en que algún día se puedan encontrar los documentos que demuestren las sospechas que desarrolla este libro, por otra parte ya tanteadas por el también historiador Paul Preston en su biografía sobre el dictador, muerto en 1975.

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