"La música de Gesualdo es un fenómeno único en la historia"

  • Glossa publica los 'Responsorios de Tinieblas' de Gesualdo en una nueva colaboración para el sello de La Compagnia del Madrigale, el conjunto italiano que lidera Daniele Carnovich

El bajo Daniele Carnovich ha sido miembro de algunos de los más importantes conjuntos de polifonía vocal en la Europa de las últimas décadas. Con su nuevo grupo, La Compagnia del Madrigale, acaba de presentar su tercer trabajo para el sello Glossa, los Responsorios publicados por Carlo Gesualdo en 1611.

-¿Qué contiene exactamente esta colección de Responsoria?

-Contiene 27 responsorios para la liturgia de las mañanas del Jueves, Viernes y Sábado Santo, nueve por cada día, más dos piezas en estilo falsobordone: el Cantico di Zaccaria y el Salmo 50, que también forman parte de la misma liturgia, el oficio de tinieblas.

-¿Qué lugar ocupan los Responsoria de Gesualdo en el desarrollo de la música sacra en Italia justo a principios del Seicento?

-Un lugar marginal. Gesualdo escribió estas composiciones seguramente para su uso privado, y no tuvieron mucha difusión. En los mismos años, en el norte de Italia compositores como Viadana y Monteverdi daban impulso a un nuevo estilo. Los Responsorios aparecen así como los últimos testimonios de un estilo condenado a desaparecer; su grandeza reside precisamente en el estar fuera de las modas, para establecerse como una obra maestra de subjetivismo musical. Las Vespro de Monteverdi son igualmente subjetivas, pero marchan por un camino estilístico totalmente opuesto.

-1611 es también el año del Sexto Libro de Madrigales, que su grupo grabó igualmente para Glossa, ¿qué diferencias hay entre la música sacra y la profana del compositor?

-Aunque se publicara en 1611, los musicólogos que han estudiado estas composiciones tienen tendencia a situar las piezas que componen el Sesto Libro unos años antes, a finales del Quinientos. En los madrigales se hace manifiesto el gran deseo de Gesualdo de experimentar y sorprender al oyente con soluciones expresivas extremas. Esta actitud está parcialmente mitigada en los Responsorios, en los que deja espacio a una sincera y profunda inspiración. Gesualdo era muy religioso, posiblemente muy sensible al tema de la pasión de Cristo. Tanto en los madrigales como en los responsorios recurre a menudo al tema de la muerte, pero la diferencia es que en los primeros ésta se vincula al juego amoroso, mientras que en los Responsorios se trata de la muerte real de Cristo.

-Al hablar de Gesualdo hay que referirse a los episodios más turbulentos de su biografía. Existe una corriente de opinión que considera que esos hechos afectaron al carácter fuertemente cromático y torturado de su música: ¿piensa usted que eso es así o se trata simplemente de una marca de estilo asociada a la vanguardia musical italiana de su tiempo?

-Cualquier producto artístico es fruto del genio y de la personalidad de un artista. Por lo tanto no podemos decir que la producción musical de Gesualdo no refleje su carácter y los episodios más oscuros de su vida. Pero tampoco podemos justificar todo con eso, siguiendo cierta tendencia reductiva y simplificadora. Sería un error. En realidad Gesualdo estaba muy entregado a la música, a su propia música, con una pasión casi maniática. Todo el resto para él tenía menor importancia; los hechos exteriores eran simples ocurrencias, a veces molestas, a veces dolorosas, o poco más. Ya sabemos que el homicidio de su mujer no lo cometió él directamente; lo hizo un sicario encargado por una decisión que Gesualdo estuvo casi obligado a tomar. Una vez comprobada la infidelidad de la esposa, su rango de noble, de príncipe, le imponía el uxoricidio. La aristocracia casi le exigía este acto, previsto por un código de honor no escrito. Su verdadera pasión, profunda y total, estaba dirigida únicamente a su música. Una pasión auténtica, porque su estatus de noble no le obligaba a trabajar para comer, ni a complacer a un jefe, ni a seguir las modas ni a la constante comparación de sus obras con las de los demás colegas. No le hacía falta ni siquiera buscar un editor: publicaba sus composiciones en la editora de su propia familia. Su rango de príncipe le permitió dedicarse con pasión a lo que más le gustaba, casi aislado de los demás músicos, y siguiendo un camino totalmente personal, definiendo un desarrollo estilístico que se alimentaba a sí mismo, alejándose de cualquier otra tendencia conocida hasta entonces, y superando todas las vanguardias contemporáneas. Por esto podemos decir que la producción musical de Gesualdo es un fenómeno único en toda la historia de la música. Y es el motivo gracias al cual podemos reconocer un estilo gesualdiano, tan peculiar y único.

-¿Cuáles son las mayores dificultades a la hora de registrar una integral como esta?

-Esta música necesita ser interiorizada antes de grabarla. Hay que tomarse el tiempo necesario para que todos los músicos puedan percibir esta dimensión espiritual; las piezas te marcan el camino más idóneo para su interpretación, el tactus más adecuado para cada una de ellas. La CDM ha hecho el esfuerzo de dividir todo el trabajo en tres sesiones de grabación, dejando pasar un mes entre una y otra, precisamente con la intención de no saturar el oído y la mente, y dejar que en cada sesión de grabación la profundidad de esta música pudiese llegar a emocionarnos, a impresionarnos, naturalmente, genuinamente, y a dejar su huella en cada uno de nosotros. Todos los componentes de la CDM tienen capacidad vocal y experiencia comprobada para encontrarse a gusto en la polifonía. Pero cada vez que abordábamos una pieza nueva de los Responsorios, la intensidad del texto y la profundidad de los pasajes musicales nos llevaba casi siempre a tener que ralentizar un poco el tactus, a guardar líneas más largas, subrayando, enfatizando, haciendo lo más claro posible tanto el texto como la música que lo dibujaba. Esto nos ha llevado a tener que cantar permanentemente con líneas muy tensas. Y por supuesto no puedo omitir el trabajo que Giuseppe Maletto ha realizado, él solo, para montar todo el material, una tarea durísima, que le ha llevado casi cuatro meses en los que no ha tenido tiempo para casi nada más.

-¿Es real la caída en la demanda de la polifonía antigua por parte de públicos, productores y programadores?

-La polifonía es unos de los géneros musicales más puros y elevados que existen. El repertorio polifónico está lleno de páginas que tocan las cuerdas más profundas del oyente. Por contraste, nuestra sociedad nos ha acostumbrado a movernos rápidos, a buscar respuestas cortas, rápidas -y poco profundas-, que estimulan nuestra atención pero para un tiempo limitado, siempre a la búsqueda de algo atractivo, que rápidamente pierde interés en cuanto se encuentre algo más atractivo aún o más sorprendente. Los ritmos pausados de la polifonía, su hablar discreto a la parte más profunda del alma, sin efectos especiales, sin fuegos artificiales, encajan mal con esa óptica frenética de nuestros días. El público busca efectos, entretenimiento, espectáculo, escena, y privilegia aquella parte de la música que mejor sabe adaptarse a sus deseos y exigencias. Atentos a la demanda, productores y programadores han seguido esta orientación, uniformando la oferta. Aunque cada vez la escuchamos mejor hecha, la polifonía se ha quedado un tanto démodée, en favor de otros géneros de música, como los que pueden ofrecer las orquestas barrocas, con sus sonoridades clásicas pero vitalistas, llenas de chispa y virtuosismo, y todo aquello que roza la música étnica, con sus sonidos entrañables, exóticos, persuasivos. Siempre habrá oyentes para la polifonía, y conciertos y discos para quienes quieran disfrutar de esta música, pero no tantos como para los géneros que ahora están de moda.

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