La noche de 'las Noches'

  • La Royal Philarmonic Orchestra, bajo la batuta de Charles Dutoit y Javier Perianes al piano, impresiona en el Carlos V.

Nunca deja indiferente escuchar las Noches en los Jardines de España. Nunca. Y cuando suenan en la Alhambra, mucho menos. La obra comienza recreando las sensaciones que el Jardín del Generalife, tan cercano al palacio de Calos V donde estábamos, evocaba en el maestro Manuel de Falla. Sensaciones que la genialidad de Falla convirtió en eternas gracias a una música de belleza y calidad incomparables.

Anoche celebramos que se cumplen cien años del estreno de esta obra que además de acordes y ritmos sugiere emociones y sensaciones inexplicables. Que llegan a todo el mundo, traspasando fronteras y épocas. Por eso cerrar los ojos y dejarse llevar por la interpretación de la Royal Philarmonic Orchestra bajo la batuta de Charles Dutoit y Javier Perianes al piano era una magnífica opción.

La orquesta sonó con elegancia, calidad y armonía bajo la batuta de un director entregado a la sonoridad y la perfección que exigía la velada. Vibraba en el ambiente que Dutoit ama la obra del maestro gaditano y la admira profundamente. Seguramente, su estancia en Granada y su visita de hace dos días al Carmen de la Antequeruela lo sitúan sentimentalmente para dar lo mejor de sí mismo, pero no como un esfuerzo personal sino como un regalo a los oyentes, a la vida y al universo.

Por poner alguna crítica, a pesar de los esfuerzos del director durante la interpretación de las Noches, la orquesta sonó más compacta de la cuenta en contraste con Perianes, que salvó muchos momentos.

El verano recién comenzado y la luna apareciendo sobre el círculo del Carlos V fueron adornos para esta pieza sublime. Conociendo a Falla, seguro que habría sonreído acariciando a su gato Confucio y asomándose una vez más al balcón de su Carmen de la Antequeruela donde tanto escribió. A pesar de que las Noches, que es embajadora absoluta de la música de muestro país fue escrita en París.

Exuberante y lírica, intimista, elocuente son algunas características de esta partitura donde el piano de Perianes hizo su labor a la perfección. Con brillantez, pero sin querer dominar ni imponerse a la orquesta.

Las tres partes de las Noches sonaron con la perfección que corresponde a intérpretes de primera fila a nivel internacional como el maestro suizo Charles Dutoit, la Royal Philarmonic de Londres y el solista de importante carrera internacional, Javier Perianes. Llenando de orgullo a los espectadores que la disfrutaron con el misterio del cielo y de la noche granadina, en la víspera de un día mágico como San Juan.

Agua, flores, magia y misterio sin fecha de caducidad en una partitura que triunfó un 26 de junio de 1916, después de su estreno en Madrid y en Cádiz, en este mismo escenario con el propio compositor al piano y la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por Arturo Saco del Valle.

En 1909 Manuel de Falla escribe a su familia desde París pidiendo que le envíen Jardins d'Espanya, un álbum de cuarenta cuadros de Santiago Rusiñol, diecisiete de ellos dedicados a jardines de Granada (cuatro a la Alhambra y el Generalife). Desde París, gracias a los dibujos de su amigo Santiago se transportó a Granada y su misterio. Increíble generación la de estos artistas.

Los 100 años que cumple el estreno de la partitura de Falla no le restan nada. La obra está por encima de la edad. Es lo que ocurre con la genialidad. Ni el tiempo ni las circunstancias importan. Muy al contrario. Noches en los Jardines de España sigue envolviendo y cautivando y así será por los siglos de los siglos. Sólo queda dar las gracias al genio de Manuel de Falla. Ya sea como hilo musical en un ascensor, como música de fondo en un aeropuerto o interpretada con el lujo y la excelencia de anoche, siempre emociona.

El resto del programa estuvo integrado por obras que sugieren el contexto estético y musical de las Noches de Falla. Con la naturaleza y las impresiones que provoca como hilo argumental.

Se inició con la Petite Suite (1889) de Claude Debussy (1862-1918), una obra para piano a cuatro manos orquestada en 1907 por Henri Büsser. En la segunda parte pudimos escuchar el concierto para piano y orquesta en sol mayor de Maurice Ravel, para finalizar con El Pájaro de Fuego de Stravisnky.

El Festival se apunta un éxito con esta velada. Ni una silla libre en Carlos V. La entrega del público se dio la mano con lo especial de la efeméride. El recuerdo de Falla está muy vivo en la Colina de la Alhambra. Desde aquí se traslada al planeta entero.

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