Una noche en la Vega

Encuadrada dentro del programa del Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada, la actuación de Suzanne Vega era una de las perlas de un certamen que inunda la ciudad con sus múltiples actividades y que en pocos años se ha consolidado gracias al tesón de sus organizadores. Alguien debería felicitarles por su empeño, su dedicación y sus logros. Aferrada a su guitarra acústica, con el acompañamiento a la eléctrica de Gerry Leonard y la presencia de un traductor -que se note el ascendente cultureta del acto y su vocación literaria, como la de la propia cantante-, Suzanne Vega se mostró firme en sus convicciones e implicada con la recepción del mensaje tanto como clara y sedosa sigue siendo su voz, frágil en una primera impresión pero determinada en la larga distancia.

Consciente de la singularidad del lugar donde actuaba, dijo haber modificado su percepción de la obra de Lorca después de conocer algunos rincones que formaron parte de su vida, y demostró haber captado el espíritu de la ciudad cuando planteó al respetuoso público cuál podría ser el carácter de Granada si fuera una mujer. Alguno se atrevió a manifestar sus sugerencias y ella esbozó con unos pocos rasgos una silueta bastante aproximada en la que muchos reconocimos a la ciudad de nuestros amores y nuestros pesares. Atenta e intuitiva, reivindicó asimismo su procedencia neoyorquina ante la errónea información de un medio local que la identificó como californiana. Militante ciudadana de la gran manzana, aunque nacida en Santa Mónica, quiso puntualizar su sentimiento de pertenencia al lugar donde reside y en el que, emulando a sus héroes de juventud, se formó como cantante folk. Corría la década de los 80 cuando trataba de hacerse un hueco tocando en las coffeehouses del Greenwich Village, el barrio en le que emergió el movimiento que revitalizó el folk y exportó la canción protesta al resto del mundo en los 60.

En cierto modo logró su anhelo cuando en la segunda mitad de los ochenta, junto a otras compañeras de viaje y de generación como Tracy Chapman, Michelle Shocked o las Indigo Girls, la música intimista y natural deudora del folk vivió una etapa de esplendor. Seguramente ninguna otra alcanzó el estrellato con tanto fulgor como ella con su universal tema Luka, una sencilla y conmovedora historia sobre el maltrato cantada en primera persona que a partir de entonces ha marcado el resto de su carrera.

No puede quejarse en verdad Suzanne Vega de la popularidad obtenida con la canción, pues seguramente fue la principal responsable del enorme poder de convocatoria que su concierto despertó. Así pues, junto a algún tema nuevo fue dejando caer los más logrados de su repertorio -The queen and the soldier, Marlene on the wall o Liverpool- hasta que, conciente como es de su peso dentro de él, cerró con una versión de Luka que interpretó con un par de estrofas en español, y otra de Tom's dinner a capella que el público acompañó con las palmas. "No siempre puedes obtener lo que quieres, pero si lo intentas, consigues, al menos, lo que necesitas" cantaban The Rolling Stones. Vega consiguió que el personal se marchara satisfecho de haber obtenido lo que necesitaba en una apacible noche de primavera en la Vega.

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