Una noche mágica del Cuarteto Casals

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Programa: Franz Josef Haydn, Cuarteto de cuerdas en do mayor op. 33 núm. 3 (Hob. III.39) "El pájaro"; Wolfgang Amadeus Mozart, Cuarteto de cuerdas en do mayor núm. 19 K. 465 "Las disonancias"; Enrique Granados, Pequeña romanza; Maurice Ravel, Cuarteto de cuerdas en fa mayor. Cuarteto Casals: Vera Martínez-Mehner (violín), Abel Tomàs (violín), Jonathan Brown (viola) y Arnau Tomàs (violonchelo). Lugar y fecha: Patio de los Mármoles del Hospital Real, 23 de junio de 2016. Aforo: Prácticamente lleno.

El Cuarteto Casals ofreció en el Patio de los Mármoles del Hospital Real un concierto excepcional en el que se homenajeó a Enrique Granados en el centenario de su fallecimiento, del cual pudimos escuchar la poco conocida Pequeña Romanza para cuerdas. El programa se completó con obras de Haydn, Mozart y Ravel.

Una de las joyas del Festival de Granada es, y ha sido siempre, la música de cámara, un repertorio que si bien no forma parte de los apetitos del gran público, suele concentrar por igual altas dosis de calidad y belleza. Tal fue el caso del concierto que ofreció el Cuarteto Casals en el Hospital Real, donde demostró que es una de las formaciones camerísticas de mayor nivel no sólo en nuestro país, sino me atrevería a decir que también a nivel internacional. Sorprendentemente, aunque el público era numeroso, quedaron entradas sin vender para el que, posiblemente, ha sido el mejor concierto del Festival hasta el momento.

El Cuarteto Casals tiene una sonoridad propia casi perfecta, en la que la pureza de cada parte individual se equilibra en la idónea combinación de todas ellas en una singular armonía. El resultado es un discurso musical compensado y perfilado, en el que se comprende a la perfección la dialéctica de los cuatro intérpretes y se hace evidente su profundo conocimiento de cada estilo.

La primera parte del concierto estuvo dedicada al cuarteto clásico. No en vano, fue en esta época cuando el cuarteto de cuerda nace como forma musical. Como muestra, se escucharon sendos cuartetos de Haydn y Mozart. Del primero pudimos escuchar una estupenda puesta en atriles del Cuarteto op. 3 núm. 33 'El pájaro', singular en su construcción pues adelanta el Scherzo al segundo movimiento, retrasando al tercero el tiempo lento. Como hemos comentado ya, la fusión de los cuatro intérpretes del Cuarteto Casals es magnífica, y su comprensión del estilo se evidenció en una versión cuidada en los tempi y el equilibrio del conjunto, destacando el dúo que Vera Martínez y Abel Tomàs realizaron en el segundo movimiento.

La obra de Haydn se maridó con el Cuarteto de cuerdas en do mayor núm. 19 'Las disonancias' de Mozart; articulado en cuatro movimientos, este esquema marcará una estructura tomada como modelo por los autores posteriores del romanticismo. El sobrenombre "disonancia" le viene de la introducción en el primer movimiento, en la que los participantes van incorporándose progresivamente a intervalos disonantes, que resuelven finalmente en la tonalidad al abordar el motivo inicial del Allegro. La delicadeza y elegancia del menuetto pusieron de manifiesto el buen gusto de los integrantes del Cuarteto Casals, en una realización simplemente perfecta.

La segunda parte se inició con la interpretación de la Pequeña romanza para cuerdas de Enrique Granados, obra poco conocida que, sin embargo, evidencia la esencia misma de la belleza en un contexto puramente romántico. Junto a Granados pudimos escuchar el Cuarteto de cuerdas en fa mayor de Maurice Ravel, una obra sorprendente por la variedad de técnicas y espíritu tardorromántico; no en vano, se trata de una obra de juventud, compuesta mientras Ravel terminaba sus estudios en el Conservatorio de París. De forma clara y técnica meticulosa, destaca el segundo movimiento, con un ágil y vivo juego de pizzicato en todas las cuerdas, o el movimiento final, de una textura densa y rica en matices que demuestra cuán compleja puede resultar la música de cámara.

La realización del repertorio expuesto por parte del Cuarteto Casals fue sublime, viajando de una época a otra, de un estilo clásico a otro romántico, sin aparente dificultad. A una técnica interpretativa depurada y una sonoridad cristalina hay que sumar como mérito la magnífica comprensión del repertorio, algo que, sin duda, contribuyó para que la velada fuese todo un éxito. La insistencia del público asistente en su ovación persuadió al Cuarteto Casals a ofrecer una propina: una versión para cuarteto de la Danza del molinero de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, en la que llamó la atención cómo con tan sólo cuatro instrumentos se pueden ofrecer tantos matices interpretativos, adquiriendo una densidad y discurso melódico muy similares a la versión orquestal.

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