Mi nombre es Teresa Carrar

  • Apuntes a la obra en la que Bertolt Brecht se hizo eco de la trágica huida en la Guerra Civil Condes de Gabia acoge una exposición que recuerda uno de los episodios más negros

El pasado fin de semana se conmemoraron los 79 años de la masacre de la huida de la Desbandá, un episodio negro que, a cuenta del miedo y el olvido posterior, ha quedado cubierto en gran parte por el olvido y el desconocimiento. Más allá de las necesarias invocaciones memorialísticas, la definición exacta de lo sucedido, así como de las razones y reacciones que motivaron una catástrofe sin mucho parangón en el resto de la misma España azotada por la Guerra Civil, representa aún una cuenta pendiente. No obstante, después de todo el silencio y de algunas aproximaciones más marcadas por la afección que por la voluntad de dilucidar, es ahora, ocho décadas después, cuando el estudio y la investigación de la Historia se muestran más eficaces a la hora de aportar datos. El Palacio de Condes de Gabia de Granada repasa la huída que protagonizaron miles de personas entre Málaga y Almería por la costa de Granada en la Desbandá, un camino que rememoran con fotografías, recortes de periódicos, artículos y archivos.

La muestra, organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica con la colaboración de la Junta y la Diputación de Granada, recuerda este camino al exilio, que se convirtió en uno de los capítulos más trágicos de la Guerra Civil española.

Esencial resulta en este sentido la publicación de 1937. Éxodo Málaga Almería. Nuevas fuentes de investigación (Editorial Aristipi), obra de los historiadores Andrés Fernández y Maribel Brenes que verá la luz en los próximos días y que eleva a 300.000 (más del doble de lo que se estimaba hasta ahora, y más del doble de la población de la capital malagueña en 1937) el número de personas que participaron en lo que se vino a llamar la Desbandá (la cifra incorpora tanto el número de víctimas que salieron de Málaga como de todas las que se fueron incorporando hasta Almería). A este mismo olvido se ha achacado también el (presuntamente) escaso impacto que la masacre tuvo en España y el resto de Europa; y, en este sentido, cabe recordar que quien puede pasar por el mayor genio del teatro del siglo XX, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956), recogió el suceso con una aproximación escalofriante en su obra Los fusiles de la señora Carrar, una pieza breve que se estrenó en París con una prontitud no menos escalofriante: el 16 de octubre del mismo 1937. El profesor Francisco Chica se refirió a la tragedia en su libro Arcadia en llamas (2012), pero vale la pena acercarse al texto original en la versión castellana del traductor Miguel Sáenz, recogida en la edición del Teatro Completo de Brecht que publicó el sello Cátedra en septiembre de 2006.

Que Los fusiles de la señora Carrar se estrenara en el París de 1937, bajo la dirección de Slatan Dudow y con la actriz Helene Weigel, la mujer de Brecht, en el papel protagonista, desmiente que la resonancia de la desbandá en Europa fuera tan escasa como a menudo se presume (este argumento, de paso, excusa a Picasso de haber mirado a Guernica y no a su Málaga natal para pintar su gran alegato contra la guerra entre mayo y junio de 1937; en todo caso, se desconoce si Picasso vio la obra de Brecht). El dramaturgo, que escribió el texto aquel mismo verano, vivía ya en su exilio de Dinamarca, a donde huyó en 1933 después de que los nazis ordenaran quemar todos sus libros; y parece que tuvo noticias de lo sucedido en Málaga a través de algunos testigos directos con los que había establecido contacto. Brecht escribió la obra con ayuda de Margarete Steffin, una colaboradora habitual, e inspirado en otro drama escrito en 1904 por el dramaturgo irlandés John Millington Synge titulado Riders to the Sea. Por su duración breve y la escasa parafernalia que precisa, todo apunta a que Brecht armó este trabajo para que fuera representado por los partidarios de la República durante la Guerra Civil. Es más, la obra resulta extrañamente antibrechtiana: desdice los postulados épicos del propio Brecht y respeta las unidades aristotélicas de espacio, tiempo y acción precisamente para facilitar su representación. Estas características la convirtieron en una obra bastante popular del repertorio de Brecht en la Alemania del Este después de la Segunda Guerra Mundial; la huella del autor, eso sí, se percibe plena en su intención.

La acción transcurre "una noche de abril de 1937, en una casa de pescadores andaluces", según la primera acotación. Brecht se sitúa así a posteriori, en un lugar indeterminado de la costa entre Málaga y Motril, dos referencias continuamente citadas como polos de la masacre. Teresa Carrar es la abnegada madre de dos jóvenes pescadores (José, de 15 años; y Juan, de 21) y su perfil primero es bien contrario al de Madre Coraje, Santa Juana de los Mataderos y otras heroínas de Brecht: su único anhelo es que sus hijos no participen en la contienda y se salven. Del padre únicamente se sabe que se marchó a Oviedo. La radio de unos vecinos emite los discursos de Queipo de Llano, pero ella procura mantener su casa aislada con tal de evitar que sus hijos, concienciados y ansiosos por partir al frente, sosieguen su pasión y permanezcan en casa. Sin embargo, las noticias sobre la situación en Motril y sobre el bloqueo con el que el ejército inglés intenta frenar las fuerzas fascistas se cuelan sin remedio. Un hermano de Teresa, llamado Pedro Jaqueras y referido en la obra como El obrero, llega de Motril y confirma que "las carreteras están llenas de refugiados que quieren ir a Almería". Advierte de la necesidad de hacerse con armas y Teresa Carrar rechaza esta posibilidad con rabia: "Sé que queréis convertir mi casa en una cuenta de conspiradores. ¡Hasta que no veáis a Juan contra el paredón, no me dejaréis en paz!". Otro personaje trascendental es el cura, un hombre que se presenta de buena fe, que se manifiesta contrario al abuso del ejército franquista pero que no termina de tomar partido por cuanto desconfía de los argumentos de ambos bandos. El cura y el obrero mantienen una conversación y es aquí donde Brecht escribe de manera más explícita sobre la Desbandá; al preguntar el cura al obrero si en Málaga "no hubo resistencia", éste responde con otra pregunta: "¿Sabe que cincuenta mil fugitivos, hombres, mujeres y niños, fueron aniquilados en los doscientos kilómetros de carretera hacia Almería por los disparos de los barcos y las bombas y ametralladoras de las escuadrillas de aviones de Franco?". Finalmente, la tragedia, y con ella el sello más netamente brechtiano, acontece: Juan, el hijo mayor, se hace a la mar a pescar y es acribillado. Los pescadores traen el cuerpo del muchacho a la casa de su madre, quien les pide que lo dejen sobre una mesa. La mujer acude en busca de los fusiles que tenía guardados y los reparte entre el obrero, su hijo José y ella misma. Al ser preguntada por José: "¿Vas a venir tú también?", Teresa Carrar responde: "Sí, por Juan". Brecht llama así a la participación directa en la Guerra Civil contra el fascismo, y también resulta curioso que España le permita expresarse con una claridad al respecto de la que parece cuidarse en sus mayores obras. El dramaturgo escribió Los fusiles de la señora Carrar justo antes de una de sus obras más conocidas, Vida de Galileo, donde, esta vez sí desde unos presupuestos indudablemente brechtianos, recurre a la Historia para tejer una función pedagógica acerca de los alcances del miedo, la superstición y la intolerancia. De alguna forma, en Teresa Carrar había encontrado el escritor alemán antes el medio de invitar a la acción con una vehemencia que no supo (o no quiso) hallar ni siquiera en el exilio del que él mismo era víctima.

También esta exposición meridiana de los hechos y los objetivos contribuyó a que Los fusiles de la señora Carrar gozase de un buen número de representaciones en la Europa que todavía no controlaban los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial, así como en la RDA que surgió tras la misma al otro lado del Telón de Acero. Y no han faltado producciones desde entonces en diversos lugares del mundo. Una de las más sonadas fue la que presentó en 2012 la compañía canadiense Praxis Theatre con la dirección de Michael Wheeler; y también en Latinoamérica, especialmente en Brasil, se han celebrado otras representaciones en las últimas décadas. Donde no hay constancia del estreno de la obra es en España, una ausencia que tuvo razones obvias hasta la Transición pero que también tiene que ver con el desconocimiento general de Brecht y su obra. Tal y como afirma Miguel Sáenz en el prólogo a la citada edición del Teatro Completo: "En los tiempos heroicos sabían demasiado poco de Brecht. Dichoso el que había podido ver alguna representación en el extranjero. Dichoso el que tenía acceso a algún texto traducido que resultara medianamente inteligible (...) A Brecht se le conoció aquí tarde y mal. Y no sólo se conoció mal su teatro: alguno recordó con razón que, todavía en la actualidad, el poema más conocido de Brecht (ese que dice: 'Cuando vinieron a buscar a los comunistas...') no era de Brecht, sino del pastor evangelista Martin Niemöller". Sería de justicia, y de justicia reparadora, la posibilidad de ver la obra representada en España; más aún, tal vez debiera ser el teatro malagueño el que tomara la iniciativa. Nunca le sobraron cables al frágil recuerdo.

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