"Soy un 'outsider', el calorcillo de la manada me da un poco de asco"

  • El escritor, que participa en tertulias en todas las franjas horarias, participó ayer en el congreso sobre periodismo cultural que se celebra en el Museo CajaGranada Memoria de Andalucía

Colabora en radio (Cope), prensa (Abc) y televisión (Intereconomía). Es Juan Manuel de Prada, que ayer participó en el congreso sobre periodismo cultural que se celebra en el Centro Cultural CajaGranada Memoria de Andalucía. El autor de Coños y Premio Nacional de Narrativa se ha refugiado en una apariencia externa de gris intelectual y parece que lleva la misma ropa desde que saltara a la fama con 24 años, pero es casi un excéntrico dentro del monocorde panorama literario español.Es conservador y un defensor a ultranza del catolicismo.

-Con ocasión de la visita de Zapatero a Obama comparó al presidente español con Renfield, el lacayo de Drácula en la novela de Bram Stoker, un personaje que come moscas y arañas y adula a su amo. ¿Llevar imágenes literarias a la política es otra forma de defender la cultura?

-La literatura, el cine, las cosas que nos gustan, están presentes en nuestro día a día. En ese sentido tienen que ser como si fueran la vida misma, las incorporamos a todo lo que hacemos. Es verdad, cuando escribo, sea de lo que sea, procuro que tenga una impregnación de lo que soy, de las cosas que tienen que ver conmigo. Como en este caso de Drácula.

-Colabora en 'mil' programas sin pertenecer a ninguna camada cultural, yendo por libre. ¿Un privilegiado?

-Efectivamente, hay una especie de monopolio cultural progresista, digámoslo así, un signo de nuestra época. Esto tiene mucho que ver con la creación de una mentalidad colectiva. La izquierda en ese sentido ha tenido más sensibilidad hacia la cultura aunque con muchas comillas porque es una sensibilidad interesada. Yo soy un outsider, el calorcillo de la manada me da un poco de asco. Yo siempre he preferido la soledad y, como dice el refrán, "el buey suelto bien se lame".

-¿Sería recomendable que los se dicen de izquierdas escucharan la 'Cope' y los de derechas la 'Cadena Ser'?

-Desde luego, creo que uno de los vicios mayores y más ingenuos de la gente es despreciar al que piensa distinto. En ocasiones, el que piensa distinto a ti es más inteligente y te sobrepasa porque no le has concedido importancia. Lo que usted dice ampliaría nuestro horizonte mental. Pero el pueblo español es muy cainita, y ese cainismo probablemente esté en los genes. Es probable que el cuadro que mejor representa la idiosincrasia española sea ese de Goya en que dos hombres se están dando de garrotazos.

-Hablaba en un artículo en 'El Semanal' del "odio a la belleza" del género humano. ¿En qué se materializa esta reflexión en España?

-Se percibe de formas muy evidentes, hay un regodeo en la chabacanería, en la fealdad, en lo aberrante... Esto se ve en todos los aspectos, desde los programas dedicados a la sordidez, a la bajeza, a los bajos instintos. Es la pornografía en el sentido amplio, lo que tiene que ver con lo más bajo, que es exaltado en los medios de comunicación de manera insultante, se ríen las gracias a quien es burdo, lo escabroso o lo turbio siempre tiene un tratamiento especialmente atractivo... Hay un interés denodado de rebajar la naturaleza humana, de matar el espíritu, de que afloren los más bajos instintos. Eso es evidente. No me refiere sólo a la televisión basura. Si nos damos cuenta, la información que nos rodea siempre nos habla de mezquindad.

-Leo Bassi baila 'break dance' vestido de Papa con una cruz de neón parpadeante, como en las discotecas. ¿Cómo reaccionarían los que ríen con esta obra si alguien hiciese una mofa de este tipo con Obama, por ejemplo?

-Se pondrían muy nerviosos, seguramente. Uno de los signos mayores de intolerancia es burlarte de aquello que no entiendes. Yo creo que es más higiénico y más fecundo burlarse uno mismo, de lo que uno es. En este sentido, nos podemos burlar de cualquier cosa siempre que no atente contra los pensamientos más profundos de otras personas. Pero la burla religiosa suele ser una burla de lo que no entiendes. No nos engañemos, esa burla esconde miedo. Siempre ha sido así. Las burlas sangrantes de la religión encubren el miedo. Ese miedo se transforma en odio y el odio se disimula con los ropajes del humor, que por otra parte suele ser bastante zafio. En el odio a la belleza también hay miedo, el que siente lo demoníaco que hay dentro de nosotros hacia lo divino.

-Además de por ganar el Premio Planeta, se hizo conocido para el gran público por participar en el progama 'Qué grande es el cine'. Es casi imposible encontrar cine clásico en la televisión pública estatal. ¿Un mal síntoma?

-Es ese adocenamiento del gusto. Es una estrategia mantenida desde los medios de comunicación. En el momento en el que a la gente le arrebatas la posibilidad de ver obras de arte, de ampliar su horizonte estético y ético disfrutando de obras maestras del cine estrangulas las posibilidades de esa gente. Le arrebatas la posibilidad de educar el gusto en las cosas bellas. Al contrario, se apuesta por lo vulgar, y una persona vulgar es más manipulable, obviamente.

-¿En qué momento está el periodismo cultural?

-Es un contexto difícil. Por una parte, el periodismo en general pasa por unas circunstancias muy difíciles. El periodismo se está atomizando, cada vez hay más periódicos, más televisiones, más radios, y luego el fenómeno imparable de internet. Esa idea de grandes medios de comunicación se está derrumbando rápidamente, aunque no seamos conscientes. ¿Qué ocurre? Que en este derrumbamiento la primera malparada es la cultura. Se reduce el espacio de la cultura, y como la obsesión del empresario periodístico es poner reclamos para que compren sus productos, el poco espacio que queda para la cultura no se dedica a las verdaderas artes, sino a los estrépitos culturales, la película o el libro de moda.

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