El particular espectro cromático

  • La galería granadina Anicuario Ruiz Linares acoge hasta el próximo día 11 la exposición del artista José Piñar que lleva por título 'Poscaland'

No cabe la menor duda de que lo más apasionante y significativo de la creación que tiene lugar en Granada en estos momentos es que, a pesar de sus muchos artistas, casi todos con una gran solvencia y trascendencia artística, todos están en posesión de un lenguaje personal, único e intransferible. Nadie podrá afirmar que alguien se parece a alguien o que la obra de uno está marcada por la influencia de otra. Imposible, no existe tal posibilidad. Jesús Zurita y Paco Pomet son artistas con sus formas perfectamente definidas y diferenciadas; Santi Ydáñez y Juan Francisco Casas desentrañan posiciones abiertamente indiscutibles; Ángeles Agrela y Marisa Mancilla suscriben sistemas creativos separados y, además, alejados; María Acuyo y Susi Lozano transcriben realidades sin esquemas compartidos; Andrés Monteagudo y Simón Zábell presentan conceptos y fórmulas desarrolladas desde planteamientos únicos e incompatibles; la pintura de Carmelo Trenado no tiene absolutamente nada que ver con la de Juan Vida y ésta plantea una figuración diametralmente opuesta a la de Paco Lagares; Alejandro Gorafe es único en su concepto y en sus desenlaces creativos; lo mismo que las ideas de Valeriano López y sus puestas en escena son particulares y llenas de emocionante personalidad; Marina Vargas y Mari Ángeles Díaz Barbado manifiestan ideas, formas y postulados sin hilos conductores que las posicionen en parecidas circunstancias; Belén Mazuecos y Aixa Portero mantienen desarrollos sin registros compartidos; Manolo Vela y Pedro Osákar inscriben sus trabajos en instituciones creativas diferentes. Ni que decir tiene que, también, José Piñar es autor de una pintura personalísima sin esquejes parecidos a otros. Y todos ellos carecen de conexiones que los hagan, mínimamente, coincidentes.

En esta infinita vorágine de particularísimas intenciones plásticas, estéticas y conceptuales donde todo es personal y nadie comparte nada, se sucede la pintura de José Piñar, uno de los pintores granadinos más eminentemente pintor. Un artista absolutamente único, intransferible, lleno de entusiasmo creativo y poseedor de una realidad pictórica diferente a todas; un artista codiciado cuyo trabajo se encuentra en las mejores colecciones y ocupa páginas en los más significativos catálogos de las más grandes y mejores galerías. Ahora, su obra llega a los espacios del anticuario Ruiz Linares que ofrece una de las pocas intenciones expositivas, no institucionales, que existen actualmente en Granada.

La pintura de José Piñar, de nuevo, nos vuelve a ofertar su postulado colorista, ese que sobresale de un concepto cromático distinto, con unas bandas de color que interactúan para asumir gamas diferentes que crean unas disposiciones plásticas absolutamente particulares. Esquemas distributivos que se expanden, se yuxtaponen, comparten sus fronteras expresivas y simbólicas y patrocinan un paisaje cromático de gran intensidad plásticas, al mismo tiempo que haciéndonos transitar por los espacios de una máxima expectación emotiva.

A José Piñar, lo mismo que a sus compañeros de creación granadina, le sobra postulados únicos que le hacen transitar por unos caminos de gran intimidad; unas vías únicas que no encuentran paralelismo alguno y que ofrecen una obra de carácter, justa, emocionante y absolutamente satisfactoria. Es uno de nuestros más determinantes artistas, con una pintura única hasta donde no pueden llegar influencias determinantes.

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