Manuel Ruiz Amezcua. Poeta

"A este paso, la poesía acabará siendo más minoritaria que nunca"

  • El ensayista jienense vivió en Granada su etapa universitaria y también como profesor de instituto.

Su poesía da la sensación de poder levantar el mundo, escribió Saramago sobre Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, 1952). En el último año se han publicado tres referencias que tienen al poeta jienense en el epicentro. Se edita una antología poética, Del lado de la vida, el libro Palabras clandestinas y también una revisión de su obra- escrita por el profesor Morales Cuesta- a ojos del novelista Antonio Muñoz Molina, que fue su compañero de piso de Amezcua durante el tiempo que vivió en Granada.

-¿Cómo fueron los años en Granada?

-Estuve cinco años como estudiante y he estado otros cinco como profesor. De mi época de estudiante guardo una doble imagen. Por un lado, la impresión de que por aquellas fechas la cultura era algo unido a la transformación de la vida. Y por otro la sensación de que para muchos la cultura había que ponerla al servicio no de la vida y de las ideas, sino de una ideología determinada y con unos fines determinados. Viví aquellos años en la Universidad como la omnipresencia de un sectarismo ideológico que quería explicarlo todo, ser un nuevo catecismo. Para ser justos, he de aclarar que no todos mis profesores de la calle Puentezuelas eran así. Algunos me enseñaron bastante de Literatura y de Teoría y Crítica Literaria. Afortunadamente, ese catecismo nuevo y que ellos creían eterno tenía fecha de caducidad. Curioso que esos catequistas ideológicos, hoy tan reciclados y disfrazados, tengan una presencia apabullante en la vida cultural de esta ciudad, lo dominan casi todo.

-En este último año se ha publicado hasta tres libros con su nombre en portada, ¿cuál es el ritmo actual de escritura?

-Eso depende de muchas circunstancias. Hay libros que me han costado un año de trabajo y otros en los que he empleado tres o cuatro. Lo importante es el resultado. Lo que sí necesito es mucho trabajo, mucho silencio y mucha obsesión con lo que traiga entre manos.

-Empieza a reivindicarse su obra y una editorial como Galaxia Gutenberg edita una antologí. ¿A qué cree que se debe la "permanencia en el desierto" a la que lo han condenado durante todos estos años?

-Mejor que contesten los demás a todo eso. Antonio Muñoz Molina en el prólogo a esa antología lo explica mejor que bien y el catedrático Juan Santael daba algunas claves para entender ese asunto. No tengo nada que ver con las corrientes dominantes en la poesía española de los últimos 40 años. He tirado por otro sitio. Éste es un país de carnés, de etiquetas, de rebaños, de parroquias. La individualidad se persigue hasta anularla si es posible. Ya no te fusilan, pero te condenan al silencio, moderna forma de fusilamiento, como ya he dicho en otra ocasión.

-Siempre alcanzamos solos/ las escasas certezas de la vida("El hilo de las preguntas"). ¿Existe el poeta sin la soledad, dónde escribe usted?¿Por qué el número de lectores de poesía es escaso?

-Bueno, a este paso acabará siendo más minoritaria que nunca. El sistema educativo que tenemos la tiene arrinconada. La poesía puede estar con la inmensa minoría y con la inmensa mayoría, pero la gente ha de ser educada en la ética y en la estética de todas las tradiciones culturales. Para eso están las escuelas, los institutos y las Universidades. Y otras instituciones, hoy deslegitimadas y desprestigiadas.

-Fernán Gómez decía de su poesía que"no abandonaba el viejo rencor social". ¿Cómo actúa hoy ese rencor social?

-Sí eso lo dijo Fernando.El rencor social actúa hoy como lo ha hecho a lo largo de la Historia. Pero con más cinismo y más hipocresía, entre otras maldades. Si los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres, ¿cómo no va a aumentar el rencor social? Si para sobrevivir se necesita cada día más dinero, lo único con futuro será el dinero. Y de ahí se sacan ya toda una serie de consecuencias negativas para las personas. De ahí arranca el tema. Si añadimos a eso que los corruptos cobran por ser corruptos y, al mismo tiempo, cobran por clamar contra la corrupción, ¿quién arregla esto?

-¿Coincide en la necesidad de una rebelión pacífica de la que hablaba Muñoz Molina en 'Todo lo que era sólido'?

Es la única viable en estos tiempos. Pero el futuro ha sido siempre más que impredecible, aunque los profetas campean a sus anchas. Y cobran como nunca.

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