Casi 3.000 personas se rinden a El Cabrero y Capullo de Jerez en Ogíjares

  • Hasta cinco veces pidió el público al sevillano otro cante, y fue complacido

El Parque de San Sebastián de Ogíjares acogió el sábado a cerca de 3.000 aficionados al cante de todos los puntos de la geografía española, que disfrutaron de una velada flamenca en la que el arte hondo perduró hasta altas horas de la madrugada y contó con la asistencia de los todos miembros del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Ogíjares y miembros de la peña Eva Yerbabuena -organizadores del evento- y otras autoridades, como el delegado de Cultura, Pedro Benzal.

El momento culmen del XXXII Festival de Cante de Ogíjares se adelantó y José Domínguez, el Cabrero, subió al tablao -decorado como una típica casa andaluza- rondando la media noche, en tercer lugar. El recibimiento del público al de Sevilla auguraban una buena noche y El Cabrero fue generoso con sus seguidores. Hasta cinco veces reclamaron otro cante y hasta cuatro fueron complacidos por la genialidad, el talante, la personalidad y el compromiso con el cante sin aditivos y con los grandes temas que preocupan a la humanidad del artista. De hecho, este fenómeno social cerró su actuación con unos fandangos protesta que levantaron al público en numerosas ocasiones. José Domínguez mostró a El Cabrero más auténtico, con una enorme capacidad de recuperación de la voz (sin pausas entre cante y cante), un repertorio basado en los palos más duros, como la soleá y la seguiriya, y con un porte cargado de fuerza y sobriedad, tanto dentro como fuera del escenario. "Este festival es para mí un sitio donde expresarme y un festival con mucha trayectoria, que no sé cómo lo organizan cuando ahora cada vez va menos dinero a Cultura. En cuanto me llamen, volveré", comentó José Domínguez.

Pero antes de El Cabrero, Antonio Haya, el Jaro, y María Toledo caldearon el recinto. Como cierre, otro de los más esperados. Capullo de Jerez fue el responsable de que el Festival de Cante de Ogíjares terminara con la misma calidad, solera y duende vividos durante toda la noche. El sello personal de Miguel Flores retumbó por el Parque de San Sebastián, incluso antes de que empezara a templar la voz.

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