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Lo que la piel encierra

  • Ángeles Agrela muestra en el Crucero del Hospital Real una serie de obras que, inspiradas en los grandes clásicos de la pintura de todos los tiempos, transgreden con ironía los cánones de la belleza

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No hace tanto tiempo que escribíamos de Ángeles Agrela como una joven artista con un futuro apasionante. Sus espectaculares trabajos con unas formas que se apartaban absolutamente de lo que era habitual en un arte bastante adocenado llamaron mucho la atención y atrajeron el interés más unánime. Ella provenía de la privilegiada hornada de artistas que salieron de la Facultad de Bellas Artes de Granada y que tanta trascendencia dio al arte que se hacía en esta ciudad. Poco a poco, la artista nacida en Úbeda fue conquistando parcelas, accediendo a puestos de importancia en una plástica española que contaba con ella para las muestras más significativas junto a los artistas de mayor trascendencia. Hoy es un valor seguro del mejor arte que se hace en nuestro país.

Ángeles Agrela, a lo largo de estos años, ha realizado una pintura estructurada en series portadoras de un poderoso juego de inquietudes. Muchas de estas series han estado protagonizadas por unos personajes que dejaban traslucir muchas actitudes, siempre con una fuerte carga de ambigüedad que dejaba en suspenso el hilo argumental de lo representado. En esta línea inestable donde la ilustración rompe sus registros a favor de una mayor y variada oferta conceptual, transita la obra de una artista que ha sabido acomodar la figuración a unos particularísimos esquemas llenos de la máxima intensidad pictórica y a los variados registros de una pintura llena de la más absoluta emoción.

La obra de Ángeles Agrela se sitúa en esta ocasión, ya lo hizo en su exposición madrileña de Magda Bellotti, en los estamentos de una pintura que recrea las grandes obras pictóricas de la historia, sometiéndolas a una nueva y atractiva dimensión. No se trata del relato fiel de la pintura tradicional, eso lo hacen todavía -mucho y mal- los más pacatos de lo hacedores de una pintura ñoña y desfasada. La pintora jiennense granadina realiza una disección -literal- del modelo buscando el desarrollo visual que se encuentra tras lo que la piel encierra o simplemente marcando nuevas rutas en la ilustración original de la obra de referencia. Grandes dibujos, no exentos de ironía, que transgreden el sentido epidérmico de la realidad y buscan una posición menos comprometida con la realidad y más sujeta a un nuevo desenlace conceptual. Durero, Holbein, Veermer, Botticelli, abandona el clasicismo de su bella oferta pictórica, ensolerada en las bodegas de la historia, para servir de soporte a una realidad física que Ángeles Agrela acoge para jugar con el tiempo, la imagen, la realidad, el orden pictórico y la esencia de una pintura que adopta una entidad llena de carácter, inquietud y trascendencia pictórica.

Muy buena exposición, para mi gusto demasiado corta ante la grandeza de la pintura de la Agrela, que nos vuelve a reencontrar con una de las escenas artísticas más importantes que existen en España. También hay que resaltar la labor de la Universidad de Granada, destacando a los grandes artistas que se han formado en su Facultad de Bellas Artes. Propuesta justa y llena de sentido para el grupo de artistas que han salido de las aulas del antiguo manicomio, uno de los momentos más significativo del arte español de los últimos tiempos.

Ángeles Agrela Hospital Real. Hasta el 29 de febrero

Varios Autores Fundación Valentín Madariaga. Sevilla

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