La pintura como evasión

  • Una explosión de colorido y formas remotas es el trabajo pictórico del artista Miguel Chinchilla Lahoz que lleva a la Casa Torre Isabel de Motril

Nunca ha vivido de la pintura, pero pintar siempre le ha dado la vida. Así lo siente el artista motrileño Miguel Chinchilla Lahoz, que confiesa que cuando pinta se le olvidan todos los problemas. Una evasión profunda que, a veces, resulta complicada de explicar, al igual que sus obras.

Una explosión casi embriagadora de colores invade sus cuadros de acuarelas, témperas, acrílicos y óleos. En la exposición que se inauguró el miércoles pasado en la Casa Condesa Torre Isabel de Motril y que permanecerá abierta hasta el próximo 3 de abril se exhiben nada menos que 200 cuadros, en los que también se encuentran curiosas tablas elaboradas con carteles pegados.

Chinchilla, uno de los pintores de mayor reconocimiento en la Costa, comenzó a pintar hace más de 40 años de manera autodidacta y cree que su obra es difícilmente clasificable, aunque se confiesa más cercano al surrealismo. Sus cuadros, que forman parte de una colección de más de 3.000, muestran figuras con mezclas sorprendentes de colores, en los que a veces se llega a contar hasta 40 en una misma obra.

Espontaneidad y originalidad son las guías de su trabajo, que trata sobre temáticas distintas que han ido evolucionando a lo largo de su trayectoria. En la exposición que estará abierta hasta el próximo mes se pueden observar obras que están basadas en problemáticas sociales, como la violencia de género, acontecimientos del momento de su creación, como las Olimpiadas de Atenas 2004, junto con otros que tienen como título Las Tablas de Chinchilla, La llorona o Té verde con limón. En la muestra se dejan ver además obras con alusiones a la celebración de la Semana Santa.

Motril ocupa un lugar importante en el pensamiento del artista, quien confiesa que pinta sobre lo que le preocupa o vive en cada instante de su vida.

Cuando Miguel Chinchilla se enfrenta a una tabla o un lienzo nunca sigue un guión preestablecido, sabe cómo empezar con las primeras pinceladas pero nunca cómo será la pieza final. A sus 75 años sigue pintando de forma imparable porque, para el motrileño, el arte tiene que ser reflejo del deseo de abandonar lo cotidiano, de crecer espiritualmente en un estado de exaltación de la existencia, tal y como refleja en sus cuadros. En 1941 inicia la exposición pública de su obra que se vino forjando desde niño. Sus primeros frutos los recoge tras la consecución del primer premio del diario Patria de Granada. La exhibición que se acaba de inaugurar supone la última en una larga lista, aunque -como piensa seguir pintando de la misma manera prolífica de siempre- no será la última. Miguel Chinchilla ha expuesto en medio centenar de ocasiones, no sólo en la provincia, sino también en Ginebra, Madrid, Bilbao o Málaga, entre otras ciudades, aunque sostiene que sus cuadros "no son comerciales, sino más bien raros".

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