El pletórico sol de Manolo García

  • Más de 8.000 personas arroparon anoche al ex líder de El Último de la Fila en el primer concierto de la gira 'Saldremos a la lluvia', que demostró el derroche de canciones, cercanía y vida del músico

Había elegido Granada y no se equivocó. Lleno hasta la bandera en el Palacio de Deportes y un público (8.000 personas) absolutamente ávido por escuchar su nuevo trabajo discográfico, Saldremos a la lluvia, que ha sido la excusa perfecta para que él, Manolo García, el ex líder de El Último de la Fila, vuelva a la carretera y a los escenarios. Durante varios días estuvo preparando su nueva gira en Granada y en Granada fue donde anoche se estrenó el cantante albaceteño. Apabulló. Conmocionó. Emocionó. Y la ciudad se volcó con él.

El espectáculo que puso anoche en marcha García es, sencillamente, extraordinario. Un escenario de 40 toneladas. 500.000 watios de iluminación con focos robotizados y una pantalla gigantesca de vídeo para que el público no se perdiera un solo detalle de la actuación y por el que se sucedieron imágenes bucólicas de paisajes y naturaleza viva. Un equipo de sonido de 200.000 watios. Una ecualización sonora perfecta y un despliegue visual que sólo los grandes del rock acostumbran a llevar. Telas coloristas diseñadas por el propio cantante y proyecciones de imágenes medio-ambientales a lo largo de la actuación. García demostró ser un grande.

Ambientazo de público en el Palacio de Deportes de Granada desde una hora antes de que comenzase la actuación. "Aún no me ha dado tiempo a comprarme el último disco ¿qué tal está?", era uno de los comentarios más frecuentes entre los asistentes. A otros les había faltado tiempo para bajárselo de internet. "Es guapísimo, muy en su onda, pero muy novedoso". Para la inmensa mayoría, el último disco es un dato menor: lo interesante era ver, o volver a ver, a un Manolo García que, a sus 53 años, se mantiene pletórico, vital, juvenil, sonriente, cercano al público, colega, feliz de estar en Granada, una ciudad que considera como suya. No en vano siempre fue un acérrimo fan de los 091, banda por la que siente un enorme respeto.

La tensión del público fue en aumento hasta que se apagaron las luces y estalló la música. Allí estaba de nuevo Manolo García, dominando el escenario de un lado a otro. Y allí estaba el público absolutamente entregado, apabullado por el montaje cuando la banda arrancó con Provincia de Río Negro.

Manolo García es un hombre que sabe meterse al público en el bolsillo con una absoluta simpatía. También demostró que el de anoche, su concierto inaugural, no era un concierto de ensayo para los que le seguirán en los próximos días. Al contrario, se vio cómo la banda ponía al 100% la carne en el asador. Y García, mucho más. El grupo entremezcló los temas del nuevo trabajo, como Saldremos a la lluvia o No estés triste, con algunos de los clásico de García en su etapa en solitario: Somos levedad, Vendrán días o Pájaros de barro. La gente coreaba las canciones de arriba a abajo mientras García, pletórico en el escenario, iba cantando los versos que se han quedado prendidos en más de un corazón. Nunca el tiempo es perdido desató un delirio que ya no se amansaría en el resto del concierto.

El cantante vino acompañado por los guitarristas Eric de Wit, Osvi Grecco y Pedro Javier González, el bajista Íñigo Goldaracena, el batería Charly Sardá, el percusionista Juan Carlos García, el teclista Nacho Lesko, la violinista Olvido Lanza y Stelios Petrakis, un músico cretense que ha colaborado en algunos de los temas del últimos disco, a la lira. Todos sonaron precisos y perfectos y le dieron nuevos aires a las viejas canciones.

Manolo García hizo un concierto extenso, equilibrado y no escatimó versionear temas de El Último de la Fila que el público agradeció de veras. Los juegos lumínicos, los pantallazos de vídeo, la creación escenográfica que planteó el cantante realzaron aún más una actuación que fue perfecta de principio a fin y que dejó muy claro que García es uno de los grandes en el pop español. El autor de Insurrección supo jugar en todo momento con los poderosos medios técnicos que tiene a su alcance y, sin embargo, sentirse como en casa, tranquilamente cantando sus canciones, masticando sus letras. Se le vio feliz, se le vio entregado, se le vio disfrutar de Granada y de la música. Hasta dos veces tuvo que salir de nuevo al escenario para ragalar más canciones que terminarían perdiéndose con Para que no se duerman mis sentidos. Se le vio intensamente Manolo García en un concierto que tardará en ser olvidado en la ciudad y que augura una gira con llenos absolutos por todo el país y con miles de nuevos fans. García cumplió. Y fue real.

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