"La presencia del Bolshoi en Granada es un milagro"

  • El responsable hasta hace unos meses de la institución moscovita y principal bailarín durante 21 años asume la dirección artística del doble homenaje a los ballets rusos de Diaghilev

Sergei Filin fue un apuesto Sigfrido, un romántico Albrecht, un chispeante Colas, un ensoñador príncipe Desiré o un racial Basilio. Nació en 1970 y hace años que dejó los escenarios, pero cuando aparece por los pasillos del Hotel Alixares parece como si se acabara de escapar de una fotografía. Conserva la media melena que paseó por los escenarios de todo el mundo y mantiene cierta distancia, la justa para no parecer un hombre áspero. Se ha pasado media vida de puntillas y durante la entrevista permanece con la espalda perfectamente erguida sobre el respaldo, la imagen que cualquiera esperaría de quien fue director artístico del Ballet Bolshoi hasta hace unos meses y es el actual director del programa de jóvenes de la institución moscovita. Este año se cumple el centenario de la primera actuación de los Ballets Rusos de Diaghilev en España y Sergei Filin y el Ballet del Bolshoi ofrecen esta noche y el próximo lunes en el Auditorio del Generalife dos galas especiales para conmemorar el fructífero encuentro cultural entre Rusia y España. "Hay un resultado muy claro de la colaboración de Diaghilev con los artistas españoles que se acaba reflejando en la danza, la influencia se ve nítidamente en muchas de las piezas de ballet de la época que tienen elementos muy claros de la cultura española, algo interesante desde el punto de vista de los bailarines que interpretan esas piezas cargadas de contenido español y que quizás aquí pasa desapercibido, pero que es muy apreciado en el extranjero", señala Filin tras las gafas de sol que se han convertido en una seña de identidad después de sufrir un atentado con ácido en 2013. "Como director artístico y bailarín he intentado mantener esta influencia española en todo el trabajo al frente del Ballet, recuperando y bailando estas piezas de Léonide Massine que son tan características", continúa Filin, que subraya que la obra que mejor recoge este espíritu español es Don Quijote, "aunque hay muchos otros ballets clásicos que recogen caracteres de la cultura ibérica que nosotros incluimos en nuestros repertorio". En este punto destaca la íntima colaboración con Nacho Duato, "que no sólo nos ayudó a expandir el repertorio, sino a establecer una colaboración muy estrecha".

Cien años después de este flechazo cultural entre Rusia y España, Filin resalta el "buen momento" que atraviesan las relaciones entre ambos países y el interés que observa entre los ciudadanos rusos por conocer la cultura española.

Filin se unió como bailarín al Bolshoi en 1988, cuando todavía se mantenía en pie la Unión Soviética y todo el periodo de transición a nivel político lo vivió encerrado en el vetusto teatro. "Todos los artistas tenemos una doble vida y llega un momento en que tenemos que decidir qué es más importante, si nuestra vida cotidiana o la artística, en mi caso me concentré en el escenario y viví en una burbuja hasta que quise darme cuanta de qué estaba pasando en mi mundo y me di cuenta de que todo había cambiado, pero gracias a tomar este decisión pude viajar por todo el mundo y no sufrí las dificultades que tuvo el resto de la población", recuerda el artista que vivió en la burbuja de columnas doradas del teatro moscovita.

Asumió la dirección del Ballet del Bolshoi en 2011, después de 21 años como principal bailarín solista en los que interpretó más de 120 papeles distintos. Cuando tenía 30 años recibió el mayor reconocimiento que se otorga en su país -Artista Honorífico de la Federación Rusa- y ha bailado con las mejores bailarinas del mundo... "Yo no puedo juzgar mi impacto como bailarín, pero cuando asumo la dirección me aprovecho de mis relaciones a nivel internacional para abrir las puertas del Bolshoi a colaborar de manera regular con bailarines y compañías extranjeras", señala Filin, que llegó en este tiempo a crear "desde cero" hasta cuatro espectáculos totalmente nuevos con la coproducción de otros teatros. Estas nuevas obras ya forman parte del repertorio del Bolshoi, como la que se encargó a Jean-Christophe Maillot de La fierecilla domada y que es ya "un emblema".

Esta visión cosmopolita de la danza la traslada a su visión de las relaciones humanas. "Si vemos la Tierra desde el exterior nos damos cuenta de lo pequeños que somos, cada lugar tiene sus propios problemas y su manera de solucionarlos. Si cogemos una lupa cada familia tiene sus problemas y rencillas, a veces rompen los platos y discuten, pero esto no quiere decir que no se quieran. Por eso hay que poner el foco en el amor y el respeto, en el entendimiento, lo que se podría extrapolar a la política para que nadie intente imponer sus ideas y haya diálogo para conseguir algo mejor que beneficie a todo el mundo". ¿Pasará esto tras las elecciones de este domingo? "No hay nada imposible en esta vida", concluye con una gran sonrisa para romper definitivamente el hielo. "De hecho, la actuación en Granada era casi imposible porque estamos al fina de la temporada, los bailarines están cansados, no había fechas porque el final de cada año hacemos un estreno... Pero aquí estamos".

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