Fernando de Villena. Escritor

"El presente me parece demasiado feo"

  • El autor granadino presenta mañana en el Centro Artístico su última novela, 'El reloj de la vida', un juego literario que sitúa al lector en el Madrid bohemio y modernista de principios del XX

Fernando de Villena regresa a la novela con 'El reloj de la vida'. Fernando de Villena regresa a la novela con 'El reloj de la vida'.

Fernando de Villena regresa a la novela con 'El reloj de la vida'. / G. h.

-la novela propone un juego literario sobre una falsa investigación de un profesor de la Universidad de Sevilla. ¿Qué autores le han servido de referencia en esta propuesta? ¿El prólogo falso es ya casi un género literario más?

-Ante todo, Cervantes. Mi mayor aprendizaje como narrador lo he hallado en sus novelas. El falso autor de El Quijote ha abierto muchos caminos a la narrativa contemporánea y ese recurso me sirve también para ironizar sobre la pedantería hueca de muchos profesores universitarios. El recurso del autor fingido da una apariencia de verosimilitud a la novela. Muchas personas, tras la lectura de El reloj de la vida, me han preguntado si el protagonista existió realmente o era fruto de mi invención.

-Estos ejercicios metalitearios pueden verse en los clásicos pero siguen sorprendiendo.

-Afirmaba La Bruyere que "todo se ha dicho ya y uno no hace sino llegar tarde". Pero los recursos literarios de los clásicos cobran nueva vida al ser utilizados en la actualidad, aunque para manejarlos hábilmente hay que leer mucho a esos autores imperecederos

-Antonio Moscoso, el profesor de la Hispalense, ¿es su Cide Hamente Benengeli?

-No exáctamente porque Antonio Moscoso no es mi alter ego, sino simplemente un personaje más de la novela.

-La novela retrata el Madrid de las tertulias en los cafés, de las disputas literarias y la bohemia, pero también pasa por la Ronda o la Granada de la época... ¿Ha sido un trabajo de documentación difícil.

-Durante toda mi vida he sido un lector infatigable y poseo una excelente memoria, ello me ha permitido acudir directamente a las fuentes necesarias para la elaboración de la atmósfera de la novela. Yo deseaba que este libro se situase solamente en el Madrid de las primeras décadas del siglo XX y que la ciudad tuviese un gran protagonismo, pero mi amor a Granada siempre asoma en casi todas mis obras.

-¿Por qué ha elegido esa época histórica?

-He elegido esa época porque me parece fascinante. En ella todavía hubo escritores que sacrificaron su vida por la literatura. La poesía era la razón principal de su existencia y por ella estaban dispuestos a padecer hambres, miserias, enfermedades… Fue como una prolongación del ideal romántico. Después llegó la Generación del 27 o de los poetas funcionarios que ya era algo muy distinto.

-¿Esa elección es también es un homenaje a los autores de esa etapa?

-Claro que sí. En esa época, aún no estudiada en profundidad, existen grandísimos autores que están pidiendo una reivindicación como Armando Buscarini, Agustín de Foxa, Tomás Morales, José Mas, etc. Y, afortunadamente, existen libros de memorias que nos son de mucha utilidad para conocer aquel ambiente literario, como los de González Ruano, Cansinos Asséns o Alberto Insúa.

-La historia, ¿es siempre una de sus fuentes de inspiración?

-El presente me parece demasiado feo. La pátina del tiempo ennoblece todo y nos permite conocer mejor la verdad de los hechos. Por ello mis novelas y relatos miran siempre hacia el pasado.

-La aventura y el misterio son también constantes en sus novelas. En este caso es una aventura casi filológica. ¿Hay trabajo de filólogo a partes iguales con el de escritor o es sólo un ejercicio literario?

-La filología puede ser toda una aventura. Descubrir en algún archivo un poema inédito de algún clásico o quién fue la amada de un poeta del siglo XVII resulta fascinante. Eso lo aprendí leyendo el libro Amor, poesía y pintura en Carrillo de Sotomayor de mi maestro Emilio Orozco. En mi narrativa hay aventura y misterio porque ambos constituyen la pimienta de la existencia y una novela sin esos dos ingredientes carecerá de amenidad.

-Otro de los temas es la reflexión sobre el ideal y la fama, sobre los sueños del ser humano y su destino. ¿Cuando se van cumpliendo años se va haciendo balance de los sueños cumplidos?

-En mis obras intento, y ello también lo aprendí de Cervantes y de los clásicos, no sólo entretener, sino también enseñar y conseguir que los lectores se planteen cuestiones nada superficiales. En las páginas de El reloj de la vida, pues, se encuentran reflexiones sobre esos sueños del ser humano y su destino y, ciertamente, conforme se va penetrando en el reino de Vejecia, uno hace balance de toda su historia y, sobre todo, de los muchos errores cometidos.

-¿El amor es el verdadero hilo conductor de todo el relato?

-La idea primera que tuve al escribir El reloj de la vida fue la de que se tratara de una novela romántica. Yo, como el protagonista del texto, creo en un amor que perdure en el tiempo. Y ese amor es el hilo que enlaza todas las restantes historias de esta novela.

-¿Está más aparcada ahora su faceta de poeta?

-La poesía llega cuando ella quiere y, ciertamente, ahora escribo menos poemarios. He sido muy prolífico y no deseo repetirme. De cualquier modo, guardo en mi escritorio algunos textos inéditos.

-Y una curiosidad, ¿la faceta de actor cómo va?

-He sido actor sólo en obras de algunos buenos amigos como Manuel P. Pelaz o Pablo Bullejos. Ellos han tenido la gentileza de contar conmigo y me siento muy honrado por eso. El último corto en el que actué se rodó hace apenas unos meses.

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