josé ignacio lapido. músico

"Se puede hablar de la muerte sin viajar en coche fúnebre"

  • El cantautor granadino estrena su octavo disco en solitario, 'El alma dormida', un canto en clave de rock al paso del tiempo y las despedidas

El artista regresa en solitario con su octavo disco, también autoproducido. El artista regresa en solitario con su octavo disco, también autoproducido.

El artista regresa en solitario con su octavo disco, también autoproducido. / salvador serrano

Lapidario, frase sucinta y cargada de solemnidad merecedora de ser inscrita en una lápida; también relativo a las piedras preciosas. De todo esto tiene unos gramos José Ignacio Lapido. Cantautor, productor, músico de banda, rockero y, sobre todo, derramador de letras indelebles en tinta líquida. El granadino estrenó ayer su octavo disco, El alma dormida otro embate entre la literatura y la música del guitarrista de los 091.

-El título de su nuevo disco, El alma dormida evoca uno de los versos de Jorge Manrique en Coplas a la muerte de su padre. ¿El disco comparte en la temática esa sombra lúgubre?

-Efectivamente, es obvio que el título del disco está tomado del principio del poema manriqueño. "Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la muerte tan callando". Son versos que nos aprendíamos de memoria cuando estudiábamos literatura castellana hace un millón de años. Creí que era buena idea utilizar esas palabras como título ya que en algunas de las canciones hablan de lo mismo que ese poema, la fugacidad del tiempo y el famoso ubi sunt¿dónde están los seres queridos que nos dejaron? En cualquier caso aunque, no creo que haya ningún tono lúgubre, creo que se puede hablar de la muerte en una canción sin que la melodía viaje en un coche fúnebre.

-¿Por qué lo eligió como punto de partida del disco?

-No lo elegí como punto de partida. Digamos que el título es lo último que se pone y se intenta encontrar uno que englobe el espíritu general de todas las canciones, si es que lo hay.

-Este trabajo recoge temas como Mañana quien sabe,Como si fuera verdad o Lo que llega y se nos va. Son canciones que giran un poco en torno a la reflexión eterna sobre qué será de nosotros. ¿Le preocupa especialmente en esta etapa el tiempo y el olvido?

-Siempre me ha interesado como tema para una canción el paso del tiempo, la confrontación entre lo tangible y lo intangible, la lucha entre lo real y lo soñado. Y la búsqueda imposible de la verdad. Son temas que se han utilizado en la literatura desde hace mucho. La diferencia es que yo juego con ellos en canciones de rock. Cada uno se entretiene como puede.

-¿De qué manera se desmarca este El alma dormida de sus anteriores trabajos?

-La forma de producirlo ha sido novedosa. Se trata de una producción colectiva entre Raúl Bernal, el pianista de mi banda; Víctor Sánchez, el guitarrista; Pablo Sánchez, el ingeniero de sonido; y yo. Yo escribía canciones y se las mandaba a Raúl y a Víctor para que ellos me dieran otra visión de ese mismo tema, luego lo poníamos en común y veíamos la mejor manera de afrontar determinada canción, con una óptica sensiblemente distinta. En el estudio eso se ha completado con la maestría técnica de Pablo. Todas esas aportaciones han hecho que el disco tenga una renovación sonora respecto a los anteriores.

-¿La gira con 091 ha dejado algún tipo de huella en este disco?

-Supongo que sí, pero no sabría decir cuál exactamente. La resurrección duró un año y fue fabulosa. Imagino que esa euforia que vivimos estará en alguno de los versos, pero durante 2016 pasaron otras cosas a nivel personal que también están de alguna manera en estas canciones.

-¿Después de tres décadas dedicado a este oficio de dónde saca la inspiración para seguir?

-La inspiración es un concepto resbaladizo. Creo que hay que hay que buscar a base de trabajo el estado creativo ideal. Ponerse a escribir y a desechar, es decir, a tirar mucho papel a la basura. O muchos archivos de Word, que es más ecológico y contemporáneo. No creo en la iluminación artística, y mira que me gustan los poetas iluminados. Pero respondiendo a su pregunta… llevar más de tres décadas haciendo canciones es como llevar excavando una mina de oro largo tiempo: cada vez es más difícil encontrar la veta, pero para eso está la sabiduría y el talento del minero con experiencia. Cuesta cada vez más dar con los acordes y las palabras, pero si se tiene paciencia y se está alerta ante las señales, se encuentran.

-Le consideran un artista con una sensibilidad especial, ¿está de acuerdo con eso?

-No. O sí… no lo sé. Realmente no me autoanalizo tanto como para contestar sí o no. Además no sé qué clase de sensibilidad tienen otros. Yo sólo soy un escritor de canciones que además las interpreta por garitos y antros acompañado de una banda de rock.

-Una de sus canciones Estrellas del purgatorio dice que "al final será un milagro llegar al fondo de la cuestión", ¿cuál es para usted el fondo de la cuestión de quien se dedica a la música durante toda una vida?

-El fondo de la cuestión es la integridad: la integridad como músico. Sólo si eres consecuente con tus propias ideas y no dejas que sean volubles al éxito o al fracaso puedes dedicarte a esto durante tantos años. La ética de la resistencia necesita de esa integridad. Y de gran confianza en uno mismo, aunque esa confianza venga precedida de cientos de dudas, como es mi caso.

-Octavo disco y también autoeditado. ¿Qué disfruta más de esta coyuntura?

-No utilizaría yo el verbo disfrutar. Editar un disco exige mucho trabajo que la mayoría de las veces no tiene mucho que ver con el de músico. Pentatonia Records somos dos personas, y lo que no podemos hacer alguno de los dos se lo encargamos a alguien externo. La autogestión discográfica es la vía que encontré en 2005 para dar salida comercial a mis canciones. No había otra. Para los discos que han venido después no me he molestado en buscar.

-Regresa de una exitosa gira con 091. ¿Cambia la dinámica como músico de banda a volver a estar solo ante el peligro?

-Claro… vuelvo a la realidad, consciente del lugar que ocupo. En 091 yo soy el guitarrista, a un lado del escenario. Todo el mundo mira al cantante, que es el que soporta más presión. Y ahora, en solitario, yo acaparo el foco de la atención escénica. Psicológicamente es muy diferente, pero me he acostumbrado con el paso de los años. Hay que disfrutar de cada etapa.

-091 recibió la púa de plata de Granada Ciudad del Rock. ¿Siente el premio como el justo reconocimiento a toda una carrera por parte de su propia ciudad?

-No debo ser yo el que diga si es justo o no. Es un galardón que agradecemos enormemente, pero una vez dicho esto no quiero pecar de inmodesto, y creo que me ajusto a la verdad si digo que 091 iniciamos la escena granadina tal y como se conoce hoy. Antes apenas existía nada, sólo grupos de verbena y algún que otro meritorio intento de hacer rock tardo hippista. Eso es así. Fuimos los primeros en grabar y tocar fuera, y gracias a ello su fue formando el germen de todo lo que vino después. Nos mantuvimos durante 14 años, pero fue tocando rock en las cuevas como surgió todo.

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