La realidad condicionada por espacios geométricos

  • Alejandro Gorafe profundiza en la materialidad de los elementos y en los desarrollos expresivos de un espacio

Hemos escrito en varias ocasiones de este artista; su espectacular obra llena de ironía nos entusiasmaba por su frescura, su particular e irónica visión de la realidad y sus juegos malabares con unos materiales que él sabía descontextualizar y llevarlos a situaciones llenas de entusiasmo creativo y hondura plástica. Ahora Alejandro Gorafe da un paso más adelante y se centra en una actividad que, lejos de perder los horizontes creativos de otras veces, profundiza en la materialidad de los elementos y en los desarrollos expresivos de un espacio que acondiciona y dota de entidad propia.

La exposición que se presenta en su galería de siempre nos conduce por una veintena de obras donde el espacio está circunscrito en unas mallas metálicas y en unos muelles que desencadenan múltiples desenlaces plásticos a la búsqueda de una realidad condicionada por el propio episodio geométrico.

Alejandro Gorafe insiste en un interés por el juego constructivo, por la volumetría, por los desarrollos materiales, esta vez, desde una oferta menos festiva pero más honda y con más trascendencia escultórica. La realidad ha sucumbido en una malla transformadora de intenciones. El ideario estético del artista granadino queda envuelto en el misterio de unas formas llenas de encanto visual y, al mismo tiempo, de entusiasmo plástico. Los espacios de Gorafe crean inquietud y expectación, nos envuelven de emoción escultórica y de pasión expresiva; también nos abren las perspectivas de un particular juego visual donde la mirada queda atrapada en un espacio irreal en el que habita un discurso imposible, que llega a hacerse inmediato para que el espectador ponga en él su cómplice intención.

Otra vez el artista nos vuelve a situar en un preclaro discurso, con la verdad artística imponiendo su patrimonio y anunciando la poderosa concepción de uno de nuestros mejores artistas.

Emilio Almagro de nuevo vuelve a tirar de uno de los suyos para conformar otro importante episodio de ese capítulo expositivo que él también organiza -aunque después vengan los santones interesados de alguna feria y miren para el lado- y sabe dotar de identidad. La exposición nos vuelve a poner en sintonía con una escultura a contracorriente donde se nos hacen partícipes de los mejores estamentos de nuestra plástica más inmediata. La obra de Alejandro Gorafe nos acerca a un compromiso estético abierto en el que tiene lugar un entusiasta ejercicio de arte con mayúsculas.

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