El regreso de Shéhérazade

Homenaje a los Ballets Rusos de Diaghilev (2)

Conjunto: Estrellas del Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú, solistas del Ballet del Teatro Marinski de San Petersburgo y de la Ópera Nacional de Bucarest. Programa: 'Las sylphides', coreografía de Fokine, música de Chopin; 'El lago de los cisnes' (escena del cisne negro, acto III), coreografía Fokine, música Chaikovski; 'Petrushka' (monólogo), coreografía Fokine, música Stravinski; 'El espectro de la rosa' (paso a dos) , coreografía Fokine, música Weber; 'Shéhérazade' (paso a dos de Shéhérazade y el esclavo), coreografía de Fokine, música de Rimski-Korsakov; 'El sombrero de tres picos' (farruca), coreografía Massine, música M. de Falla; 'La sola idea de ti', coreografía de Radu Poklitaru, música Ray Noble; 'La muerte del cisne', coreografía Fokine, música Saint.Saëns; 'Gran Pas Don Quijote', coreografía Fadeyechev, música Minkus. Dirección artística: Sergei Filin. Lugar y fecha: Teatro del Generalife, 27 junio 2016. Aforo: Lleno.

El momento que más se acercaba a la relación entre los Ballets Rusos de Diaghilev y Granada, que homenajearon el Bolshoi y amigos en dos noches en el Generalife, fue en la interpretación del paso a dos de Shéhérazade -con la protagonista y el esclavo- que la compañía rusa ofreció en el desaparecido teatro Isabel la Católica de la Plaza de los Campos -escenario para los mejores conjuntos nacionales e internacionales- el 19 de mayo de 1918, una representación que se inmortalizó -como recordé en el análisis La revolución de los Ballets Russes, publicado el pasado día 25- con la sección fotográfica que la Compañía de Diaghilev, ataviada con los atuendos del ballet, se hizo en el Patio de los Leones y otros lugares de la Alhambra, con sus principales estrellas de la época, entre ellas Valentina Kachouba. Fue un ballet completo, por supuesto, que junto con Las sylphides -ofrecido también el lunes-, interpretaron el primer día de los dos que estuvieron en Granada. Seguramente hubiese sido un acierto ofrecer íntegro el ballet de Michel Fokine, lo que, tal vez, hubiese obligado a ampliar otra sesión del Bolshoi que hubiese sido muy bien acogida, para no verse el programa afectado de eliminar otras de sus muchas pinceladas, que, en algunos casos, se repitieron en la segunda sesión de despedida. La ocasión de tener al Bolshoi en Granada hubiese merecido el esfuerzo.

Decía que Las sylphides, coreografía de Fokine, casi omnipresente en estas sesiones, abrieron también las actuaciones de los Ballets Russes de Diaghilev aquél 19 de mayo, como lo hizo el Bolshoi, el lunes. La belleza y plasticidad de este romántico ballet blanco, fue expresada con la perfección que exige esos auténticos cuadros escénicos, dibujados sobre las bailarinas en punta, los armónicos trazos geométricos y los movimientos acompasados, delicados, que superan las actuaciones solistas, convertidas en simples destellos, con el lunar negro de una música 'enlatada' pésimamente grabada y peor reproducida. Un Chopin orquestal chirriante o inaudible, a veces, no ayuda a la belleza del espectáculo blanco.

Hubo numerosas repeticiones del programa anterior, ya comentado y que nos redime de nuevas valoraciones: monólogo de Petruchka,El espectro de la rosa, El sombrero de tres picos y La muerte del cisne. Lo diferente, respecto al primer día, además de Las sylphides, fue la escena del cisne negro de El lago de los cisnes, muy correctamente ejecutada por Seymon Claudin y Alexandra Timofeeva, aunque faltase algo de la pasión que exige el 'cisne' malo, como diría algún político. Y, por supuesto, el sensual paso a dos de Shéhérazade y el esclavo, que llenaron de aliento íntimo y pasional Yuri Smekalov y Tatiana Tkachenko que, con el simple fondo de los cipreses -el mejor decorado para el ballet clásico- nos hicieron vibrar por lo fue un regreso y un recuerdo del entusiasmo que despertó en el público granadino aquella histórica velada.

La sola idea de ti es un paso a dos lleno de originalidad, en su concepto más actual de la danza, expresando la música vocal de Ray Noble, en una coreografía llena de fuerza de Radu Poklitaru y con dos formidables interpretes: Artem Ovcharenko y Anna Tikhominova.

Y un final siempre contundente, por el esfuerzo que exige a los principales intérpretes, el Gran Paso de Don Quijote que, por cierto, nos ofreció también la Compañía Española de Danza. Tuvimos ocasión de admirar a una de las actuales estrellas internacionales como es Ivan Vasilev. Su poderío en los saltos, en los giros, en los desplazamientos y las caídas, tras permanecer milagrosamente en el aire, sin aparentar esfuerzo, distingue a una estrella de un buen bailarín. Como ocurrió cuando vimos en este escenario a Nureyev. Pero hay que reconocer que el triunfo no fue sólo suyo, sino que tuvo una compañera que le dio apasionada réplica, como Kristina Kretova. Hay que tener una gran escuela, una técnica fuera de lo común para bordar con tanta solvencia estos rasgo virtuosistas que son, en gran medida, las guindas que adornan todos los grandes ballets clásicos.

Broche para dos noches llenas, repito, de pinceladas magistrales, pero falta, en general, de programas más completos -caso de Petrushka-que acercan a la idea esencial de la obra -escena y música, aunque sea lamentablemente 'enlatada'- y no sólo al lucimiento personal.

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