Crítica de Cine

El rifle fantasma

Helen Mirren, en una escena de la película. Helen Mirren, en una escena de la película.

Helen Mirren, en una escena de la película. / g.h.

Cuenta la enciclopedia virtual que la Mansión Winchester está ubicada en San José, California, consta de 24.000 metros cuadrados y fue la residencia de Sarah Winchester (1840-1922), viuda del magnate e inventor del popular rifle de repetición William W. Winchester y posterior copropietaria de la firma. La casa estuvo en constante construcción durante 38 años, hasta el fallecimiento de Sarah, y hoy es usada como atractivo turístico gracias a la leyenda negra paranormal que la acompaña.

Sobre estos hechos reales, Bertrand Bonello dirigió en 2016 un interesante cortometraje experimental que integraba la danza contemporánea, la música electrónica y la leyenda negra en torno a la casa titulado Sarah Winchester, opéra fantôme, y en esos mismos hechos y personajes se inspira esta cinta de terror de hechuras clásicas con la que los hermanos Spierig (Saw) aspiran a reconquistar el viejo imaginario de la casa encantada y las atmósferas gótico-victorianas con la presencia estelar de Helen Mirren y un argumento que explora la conexión entre el famoso rifle, su inabarcable listado de víctimas (culpables o inocentes) y los correspondientes espíritus atormentados que regresan para vengarse de sus fabricantes.

Como en Déjame salir, la historia (del crimen) estadounidense nutre así un relato de género que aspira a materializar una cierta atmósfera y, sobre todo, a explorar dramáticamente una casa concebida como laberinto, aunque a la postre la cinta no logre escapar de ese terror de sustos y efectos (sonoros) y desaproveche considerablemente el potencial orgánico de la mansión para la puesta en escena.

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