"Las rubias no tienen que ser maléficas y los hombres de una pieza"

  • El novelista y Premio Nacional de Literatura Juvenil mantiene un encuentro con escolares mientras defiende que lecturas como 'El Quijote' hacen a los jóvenes huir de la literatura

Escribe novela negra, igual que el tabaco que consume de forma desmesurada como los personajes de Raymond Chandler. Pero también podría recitar sus libros con su voz cavernosa, con la que podría haber doblado al mismísimo James Cagney. Juan Madrid, Premio Nacional de Literatura Juvenil, se reunió ayer con los escolares para charlar de su último libro, Huida al Sur (Edebé).

-La novela parte de una "leyenda" en un hotel de Salobreña. Dice que si se pregunta a cualquier empleado le podrá contar esta increíble historia...

-Bueno, la verdad es que me lo he inventado. La relación de un escritor con la realidad es de utilización. Lo único que tenemos para basarnos es la realidad, pero transformada en una nueva realidad que es la ficción, el relato. Pero mis personajes juveniles están dentro de los protagonistas de mi literatura, que son perdedores, la pobre gente, los diferentes, los que apenas salen en la literatura y cuando lo hacen aparecen como comparsas. Está el personaje de Tomás, que me gusta mucho, la historia de un perro que viene de mi infancia, que no podía ladrar según su dueño porque habían intentado ahorcarlo de pequeño... Las novelas juveniles, que divido entre las urbanas y las de aventuras, son un homenaje a mis primeras lecturas.

-Habla de personajes marginados. Uno de los protagonistas es marroquí, pobre y gay. Parece el colmo de la marginación.

-Sí, pero está dentro de mi línea de dar voz a la pobre gente, no es una ruptura.

-Pese a la etiqueta de 'novela juvenil', el libro tiene una temática y un pulso narrativo para todas las edades.

-Claro, huyo de la ñoñería como de la peste. Yo no escribo de diferente manera, pero a veces evito las complejidades, busco la sencillez, que no tiene nada que ver con lo fácil. En realidad trato los mismos temas en las novelas juveniles y de adultos, la corrupción inmobiliaria, la acusación injusta, la marginación, la explotación... Por primera vez aparece en una de mis novelas un personaje gay.

-Si en la escuela, en vez de obligar a la lectura de 'El Quijote' se fomentara este tipo de libros, ¿habría más vocaciones lectoras entre los jóvenes?

-Sí, yo creo que El Quijote es una lectura de madurez, no es una lectura juvenil. Hay que llegar ahí tras leer a los contemporáneos. Hay muchachos que huyen de la literatura cuando les obligan a leer los autores del Siglo de Oro, con estructuras mentales que no catalizan el amor a la literatura, sino todo lo contrario. Además, la lectura no debe ser nunca una obligación sino un placer infinito. Decir a un joven que si no lee un determinado libro ya no es culto me parece contraproducente. Sin embargo se está haciendo mucho por la lectura en los colegios. En pleno franquismo, mi profesor de Literatura decía que leer novela era de burros. Eso ha cambiado.

-¿Qué pregunta le ha sorprendido más en sus encuentros con los jóvenes?

-A los jóvenes, sobre todo a los escritores en ciernes, les llama la atención cómo se construye un relato, cuáles son los mecanismos que hacen que una escena pueda desarrollarse hasta culminar en una historia. Y es una pregunta interesante porque a mí me llevó 30 años hasta que pude estructurar mi primera novela.

-La imagen tópica del cine negro son personajes fumando como carreteros. ¿La Ley Antitabaco afecta a los personajes?

-No sé, a mí sí me afecta porque sigo siendo fumador, quizás porque me tiro doce horas escribiendo. Pero yo huyo de los tópicos, de las rubias de bote, la noche... Procuro hacer personajes reales que no respondan a arquetipos, que sean ambiguos y reconocibles. Las rubias no tienen que ser maléficas y los hombres de una pieza.

-La Feria del Libro está dedicada este año a las relaciones entre prensa y literatura. ¿Encuentra en los diarios material para sus novelas?

-La relación entre periódico y literatura no está sólo en las noticias. En mis 30 años de periodista aprendí que hay que ser conciso e ir al grano. Es la mayor relación que veo entre periodismo y literatura. Toda mi obra literaria está manchada por la realidad, transida de realidad, es algo que no puedo evitar.

-Alguien decía, a la hora de escribir en un periódico, que si no lo entendía tu madre no servía...

-Bueno, hay que ser claro y no confundir la sencillez con la facilidad y hay que escribir con el máximo sentido. Además de una trama atractiva hay que tener una propuesta de mirar al mundo y la realidad.

-En el cine se habla de la crisis de buenos guiones, pero no deja de ser un reflejo de la falta de buenas novelas con una trama atractiva.

-Sí, el principal problema de la literatura contemporánea es el desprecio por parte de los escritores del relato, de contar historia, de lo que ellos llaman con desprecio como novela de argumento. Hay muchos autores que conciben la novela como una obra de arte sin argumento, sin intriga, sin ningún elemento que construya lectores.

-¿El auge de la novela histórica puede venir por esa incapacidad para fabular?

-Hay novela histórica buena, no la detesto, pero está claro que hay buena, mala y regular.

-Siempre se habla de la crisis de la novela negra pero la Semana de Gijón está en un gran momento.

-Hace años que se dice que se ha muerto la novela. Nosotros entendemos la vida a través del relato, ya sea filosófico, novelesco o de ensayo. El relato es lo que va conformando nuestra vida, nuestra especie se ha conformado como tal a través del relato. No puede desaparecer.

-¿Se pasó a la dirección de cine harto del maltrato hacia sus guiones, caso de 'Brigada central', la serie de televisión?

-Fue una anécdota. Soy un escritor que dirigió una película, Tánger, lo que me ha servido para saber las limitaciones de dirigir cine en España. Ha sido interesante en la construcción del guión, en la concisión de resumir una historia en noventa minutos.

-¿Es 'El Crack', de José Luis Garci, la gran película de cine negro en España?

-Me gustó mucho, pero ahora me gustan mucho cintas como La caja 507, de Enrique Urbizu. Hay un cine negro que está muy bien. Pero cualquier película capaz de meter el bisturí en las relaciones humanas y en lo que está pasando es cine negro. Empecé en los ochenta a escribir en este género porque tenía que explicar lo que me pasaba en Cambio 16, que no lo podía publicar porque te caía una querella criminal. Mi primera novela hablaba de la relación entre los servicios de información y los grupos fascistas que manejaban la Transición. Claro, esto no podía publicarlo en un reportaje.

-Parece una contradicción, un periodista que tiene que escribir una novela sobre un tema de gran calado y que entra sobre todo en lo periodístico.

-Toda la literatura arroja luz sobre la naturaleza humana. Hay un género que está caballo entre los dos mundos, el reportaje, en el que me siento muy bien.

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