Juan de Loxa. Escritor

"Tengo el síndrome de Diógenes con los libros y con los objetos"

  • El activista cultural granadino fue el gran artífice de la revista 'Poesía 70', que ayer protagonizó la inauguración oficiosa del festival que arranca hoy con Nuno Júdice.

Está intentando poner algo de orden en las montañas de documentos que se apilan en las habitaciones de su hogar junto a Plaza Nueva, que podría bautizarse como la Casa-Museo Juan de Loxa. No para quieto ni un segundo y si habla de Cortázar busca a continuación en algún rincón una cariñosa carta que le envió el autor de Rayuela; si aparece Antonio Muñoz Molina busca en sus archivos sonoros para poner la voz del novelista leyendo en su programa de radio; cambia de cinta y aparece un documento recién encontrado, la voz del poeta granadino Pablo del Águila, que falleció finales de los sesenta; si habla de Luis Eduardo Aute lleva al visitante hasta el pasillo para que contemple un desnudo que le hizo para Poesía 70 y que le costó una polémica y casi acabar con sus huesos en la cárcel. "Mi arte es también la acumulación, es tener del síndrome de Diógenes de libros, de objetos, casi nunca basura a no ser que sea reciclable en arte", explica el agitador cultural que ayer se convirtió a su pesar en el protagonista del primer acto del Festival Internacional de Poesía de Granada, que hizo un homenaje en el Centro Cultural CajaGranada a Poesía 70, el proyecto en el que Loxa cobijó a Carlos Cano, Aute, Sabina y otros muchos. Pero también, pese a estar en las antípodas, creó lazos de amistad con la generación anterior de Rafael Guillén o Elena Martín Vivaldi, quien preside la estancia con una foto y una dedicatoria cariñosa firmada pocos días antes de su muerte. "He traspasado las muertes prematuras de muchos personajes fundamentales de mi generación, las cosas se ven de otra modo y sería una deslealtad aceptar un homenaje personalizado a Juan de Loxa", explica sobre los motivos que le llevaron a centrar el acto a un repaso por aquel tiempo de Poesía 70 y Manifiesto Canción del Sur, "de los que se podrían escribir los episodios nacionales porque es algo mucho más amplio de lo que parece", afirma mientras, de un arcón, rescata una fotografía en la que aparece junto a Juan León, Pepe Heredia Maya y Carlos Cano. "Veo que sólo quedo yo, un aviso de que tengo que administrar el tiempo", señala.

Juan de Loxa deja caer en varios momentos de la conversación, con cierta coquetería, que ha cumplido 70 años ; el domingo se fue a pasear por la Feria del Libro con un pan debajo del brazo, un acto cotidiano que en él es una intervención poética, una performance que se diría hoy en día, porque Juan de Loxa trajo la modernidad antes incluso de que fuéramos capaces de nombrarla. El gran artífice de Poesía 70 nació en el Día del Libro y por sus manos han pasado muchos volúmenes, entre ellos los 30.000 de la Abadía del Sacromonte cuando fue bibliotecario. Y hace 33 años dio el primer pregón de la Feria del Libro de Granada, en el Corral del Carbón, con un discurso lleno de guiños a Carlos Cano y a su visita a la Shakespeare and Company de París.

Con Poesía 70 intentó continuar la senda de Gallo, algo inevitable "porque en Granada el fatum es Federico revoloteando, unos para bien, otros para mal, unos para alejarse y otros para tratarlo como colega". El espíritu de la revista de los años 20 en la que Lorca dio un revolcón de modernidad a la ciudad estaba en los genes de la revista de De Loxa. Incluso Claudio Sánchez Muros, que fue quien cuidó de la estética de la revista, estampó un gallo en el primer número.

Inevitablemente ya ha aparecido el nombre de Federico García Loca. "Andrés Soria Olmedo descubrió que un poema mío es el primero en que se planea abiertamente la homosexualidad de Federico. Aquello fue un escándalo tal que, aunque nunca fue censurado en la emisora de la iglesia, recuerdo que en la Facultad de Letras, con letras muy grandes en el tablón de anuncios, había unas letras manuscritas por un catedrático que puso 'Juan de Loxa tenía una revista de juguete, es un prestigipollas...", recuerda el aludido con humor.

Y aunque, sin decirlo, es de los que piensan que un hombre vale más por lo que calla que por lo que dice, recuerda con orgullo cómo puso en pie la Casa-Museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros. No sabe decir el número exacto de documentos que consiguió, pero se llevó alegrías como conseguir la Conferencia del Cante Jondo manuscrita por Lorca; no quiere decir dónde la consiguió, pero sí apostilla que "no costó un duro". También encontró páginas manuscritas de Mariana Pineda, de Doña Rosita la Soltera, páginas de El diván del Tamarit, "donde se ve el proceso de composición y en el que se inspiró Cano para hacer una de sus gacelas".

Su penúltimo hallazgo fue una libreta escrita por Luis Cernuda durante el congreso de intelectuales antifranquistas en Valencia, además de legados como el de Anna María Dalí o la única carta que se conserva de Alberti a Lorca. "Se dieron circunstancias favorables, había gente deseando que hubiera un museo Federico García Lorca, personas que tenían malas relaciones con la familia, pero que mantenían un excelente trato conmigo, amigos de Federico de la época e incluso herederos", recuerda para apostillar que, ahora, con la apertura del futuro Centro Lorca de La Romanilla, todo el material que hay en la Casa de Fuente Vaqueros no se moverá porque los documentos de las donaciones especifican que no pueden salir de allí. "Era una manera de conseguir que la casa no fuera un decorado, porque sin contenido es un decorado salpicado incluso de algún fetiche", afirma un poeta que, cuando le dicen que el libro Pronuncio amor, de Rafael Guillén, es el Libro de la Feria, recita de memoria el primer poema: "Vengo de no saber de dónde vengo, para decir amor, sencillamente", dice mientras hace otro lapsus para buscar una dedicatoria del autor de Los estados transparentes en la que lo nombra como "la conciencia poética de Granada". "Me he cuidado de levantar acta de la memoria, de la poesía", afirma. "Mis obras están en el armario, para salir o no, pero yo sí he salido y no estoy alcanforado", continúa un intelectual que ha publicado con cuentagotas pese a guardar versos en los sitios más insospechados. De hecho, cuando busca en uno de ellos la dedicatoria de Cortázar, aparece un texto inédito escrito en la calle, ante un paso de Semana Santa, con el autógrafo en forma de gotas de cera de uno de los penitentes.

Y aunque se tiende a resumir su biografía con Poesía 70, Manifiesto Canción del Sur o la obra Ay jondo, lo cierto es que, echando la vista atrás, se queda con proyectos que pasaron más desapercibidos como Ceremonial, que estrenó en el Rey Chico, una sala de fiestas "dignísima" en el que las vedetes que animaban a los clientes vieron a Mario Maya bailar la quinta de Mahler con el Güito. "Pero eso no trascendió porque el mundo intelectual no se acercó a eso, las puertas han estado cerradas en esta ciudad para las cosas heterodoxas, eran cosas molestas incluso entre colegas porque estabas desestabilizando", cuenta para bromear por último con la apertura de la Casa-Museo Juan de Loxa: "Cobraría cincuenta céntimos la entrada, lo que cuesta una barra de pan".

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