"En la sociedad de hoy ya no podemos seguir creyendo en la eternidad"

  • El pensador catalán sostiene que hay que defender la idea de querer vivir y que el mejor modo de hacerlo es odiando la vida cotidiana actual para así poder transformarla de un modo radical

Santiago López Petit, uno de los filósofos españoles de mayor proyección, participó en su última visita a Granada en el XLV Congreso de Filósofos Jóvenes de Granada. Profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona, Petit es uno de los fundadores de Espai en blanc, un movimiento que reivindica una individualidad radical y la lucha contra el capitalismo desbocado de hoy día. La principal teoría de López Petit es que hay que conseguir vivir intensamente la vida cotidiana y, para ello, hay que odiarla también intensamente. "Porque tendemos a cambiar las cosas que odiamos", explica.

-Nietzsche, Marx y Freud derrumbaron todo el sistema de valores del mundo occidental. ¿Por qué esos valores siguen en pie, sin embargo?

-Estos tres pensadores anunciaron la muerte de Dios y, por tanto, la desaparición de la esencia de fundamentos. Esto implica un enorme salto, otra manera de ver el mundo. Sin embargo, la gente normal aún no ha vivido la muerte de Dios. La crisis provocada por esos pensadores, a quienes llamaron los pensadores de la sospecha, no se ha traducido en la vida cotidiana todavía de manera indirecta, sino de manera indirecta. Hoy vivimos en una sociedad de consumo, porque el consumo es lo que viene a llenar el vacío de la muerte de Dios.

-¿Son tal vez como el epicentro de un maremoto que todavía no ha llegado a las costas pero que ya se ha producido?

-Son, efectivamente, el origen de ese maremoto. La ola provocada es la ola de la postmodernidad. Ellos anunciaron la crisis de la modernidad y la apertura de la postmodernidad, pero ésta es una época que tuvo su fin con los atentados del 11 de Septiembre. El 11-S anuncia la llegada de la época global. El debate que había hasta entonces entre modernidad y postmodernidad ha quedado totalmente resituado.

-Pero ¿tan importante será el 11-S para la Historia? Muchos piensan que el 11-S estará completamente olvidado dentro de 50 años...

-No. El 11-S marca un antes y un después. Pinchó el globo de la postmodernidad. El 11-S terminó como un simulacro y demostró que hay gente que muere: ha traído la realidad más dura, que es la globalización. La gente que defendía el multiculturalismo ha desaparecido. La única realidad ahora es el capitalismo. Eso quiere decir que ya no hay nada afuera. Es el fin de las creencias postmodernas y el comienzo de un capitalismo desbocado.

-¿Por qué una vuelta al marxismo no podría ser una solución? Que el comunismo fracasase como sistema político no desvirtúa las ideas defendidas por el marximo...

-Efectivamente, el marxismo nada tiene que ver con lo que fue, en realidad, un capitalismo de Estado. La caída de los países comunistas fue la caída del capitalismo de Estado. Eso ya se decía en los años cincuenta dentro de los propios países comunistas. Lo que pasa es que la crisis de estos países nos ha afectado a todos. Nos ha puesto en la tesitura de querer cambiar el mundo, pero ya sin otras alternativas. Es la dificultad de estos tiempos: queremos cambiar el mundo, cambiar la vida, pero sin alternativas.

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