Una sombra bajo nuestros pies

  • Con la publicación de 'Sábado de gloria', Berenice comienza la reedición de las novelas protagonizadas por el comisario Luis Bernal ambientadas en la Transición española

David Serafín, Berenice, Córdoba, 2010.

Antes de entrar en materia, creo que no estarían de más unas líneas previas sobre Ian Michael, galés de 1936, profesor emérito por la Universidad de Oxford, especialista en lenguas y literaturas románicas por las universidades de Londres, Sevilla y Santander y reputado experto en los títulos fundacionales de nuestras letras (Poema del Mío Cid, Milagros de Nuestra Señora, El Quijote) que un buen día decidió echarse a los caminos de la ficción emboscado tras un seudónimo, David Serafín, con el cual ha firmado media docena de novelas policíacas ambientadas en el período de la Transición y la consolidación de la democracia en España, protagonizadas todas ellas por un comisario de maneras educadas que ha sacado a colación al comisario Maigret, aunque el mundo circunspecto de Michael / Serafín sea muy distinto del de Georges Simenon.

El protagonista es uno de esos personajes diseñados para despertar la complicidad, que no la identificación, del lector. Luis Bernal, comisario de la Brigada Criminal de Madrid, más cerca de los sesenta que de los cincuenta, bajito y barrigón, es una persona con la cabeza muy bien amueblada. Casado con una beata de misa diaria y un ¡Dios mío! siempre en los labios, además de pésima cocinera, Bernal mantiene una relación con una empleada de un banco mucho más comprensiva en la cama y en la cocina. Entre sus colegas, es conocido como 'El caudillo' por su ligero parecido físico con el Generalísimo, muerto y enterrado, pero no olvidado, cuando arranca Sábado de gloria, primera novela de la serie. Durante el largo invierno franquista, como tantos otros, el comisario Bernal optó por mantenerse al margen de la política -lo que también es una forma de aquiescencia-, pero el destino le ofrecerá la posibilidad de rectificar o de resarcirse por esos años de silencio. Como el franquismo no murió con Franco, qué más quisiéramos -Manuel Vázquez Montalbán se preguntaba si el franquismo no existiría ya antes de llegar Franco al poder-, Bernal destapa un complot para "resucitar" el cuerpo amojamado del dictador; un puñado de nostálgicos prepara un golpe de estado para el Sábado de Gloria que debería culminar, oportunamente, en el Domingo de Resurrección.

Sábado de gloria es el relato de una investigación contrarreloj. El Domingo de Ramos de 1977, el cuerpo de un periodista traza una parábola siniestra desde el ventanuco del ático donde vivía hasta la calle. Todo apunta al suicidio, aunque nadie sepa dar razones válidas de por qué habría querido quitarse la vida un joven bien situado. Ya metidos en Semana Santa, en un clima sociopolítico ciertamente crispado, aparece el cadáver de una amiguita del difunto, y todo vuelve a apuntar al suicidio. Demasiada coincidencia. Entre los papeles del periodista, Bernal halla referencias imprecisas al inminente Sábado Santo. Se prepara algo gordo para ese día. Algo muy gordo. Y parecen querer hacerse realidad los temores de quienes prefirieron, a lo malo conocido, lo bueno por conocer. No obstante, el fascismo internacional, que no estaba dispuesto a perder uno de sus últimos feudos en Occidente, no sabía cuanto puede dar de sí un comisario con un alto sentido del deber.

La novela -hábil sí, no inspirada- ofrece una crónica veraz de una época cuya sombra aún pisamos. En aquel 1977 estaban en marcha el desmantelamiento del Movimiento Nacional, la legalización de partidos políticos que hasta entonces habían sobrevivido en la clandestinidad y las primeras elecciones generales. El relato abarca seis días exactos, entre Domingo de Ramos y Viernes Santo, y la modulación del tempo narrativo, además de la reconstrucción del momento histórico, deviene esencial. Curiosamente, en vez de en los mecanismos de la intriga, Serafín se fija en los de la maquinaria policial; o sea, en el complejo dispositivo que pone en marcha una investigación cualquiera. Por este lado, Sábado de gloria tiene un valor añadido. Nos muestra cómo se identificaba y seguía una pista antes de que la incorporación de los nuevos hallazgos científicos, las nuevas tecnologías y el nuevo instrumental investigador convirtieran al sabueso de antaño en el ingeniero de hoy en día.

José Luis Muñoz, Almuzara, Córdoba, 2010.

Leo Coyote, Almuzara, Córdoba, 2010.

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