091, con el sudor de su frente

  • Los cinco miembros de la banda compatibilizan la gira con sus trabajos Aún quedan entradas para el concierto del próximo 13 de mayo en la Plaza de Toros de Granada

091 prosigue su resurrección quemando kilómetros y comiéndose el escenario con el hambre acumulada de 20 años. Pero cuando se apagan los focos regresan a su vida cotidiana, al tictac del reloj, al maldito lunes. José Antonio García, el feroz cantante, abre religiosamene la persiana de la tienda Ropero; José Igacio Lapido, el compositor de escuadra y cartabón, bucea en los titulares de prensa para escribir su columna de opinión, ultima su próximo disco en solitario y atiende sus obligaciones en la SGAE; Jacinto Ríos guarda el bajo para sentarse en su mesa  en TG7, donde trabaja como grafista y ha vivido la contradicción brutal de ser una estrella del rock el fin de semana y regresar en horario laboral a una empresa sumida en una profunda reestructuración; Tacho González llevaba seis años sin coger las baquetas y el regreso de los Cero le ha cogido a punto de dar el salto al largometraje con un ambicioso proyecto sobre la mafia irlandesa; y Víctor Lapido, que no ha dejado de pinchar música de la banda en su local, el Ruido Rosa, donde los músicos de la ciudad tienen su cuartel general y diseñan sus próximas maniobras. Todos coinciden en que ha sido un reencuentro feliz, alucinan con las comodidades de su furgoneta en comparación con la que viajaban hace dos décadas y ya tienen hasta la gran anécdota de la gira. En el concierto de Almería, José  Antonio García midió mal al tirarle las maracas al público y casi lesiona a Víctor Lapido. La maraca le cayó en los pies y estalló ostentosamente como una granada. La otra estuvo a punto de inutilizar la mesa de sonido. Al día siguiente en Úbeda, cuando llegó el momento del show, Víctor Lapido no tuvo que ponerse un casco. "Se acabó la exhibición de las maracas", zanja el cantante.

José Ignacio Lapido. La cita semanal conla actualidad política

José Ignacio Lapido anda "muy liado" con la compañía de discos, hablando de la posible grabación en directo. Como único músico a tiempo completo de la banda se encarga de alguna manera de la parte engorrosa del negocio. Con su sello ha remasterizado todos los discos de 091 y ahora llega la edición en vinilo. Existe la posibilidad de que la grabación se realice en diversos lugares y, obviamente, la Plaza de Toros de Granada será uno de los 'estudios' de grabación. "Quizás soy el que está más metido en lo que queda de la industria musical y el que tiene más contactos con la gente de Madrid, aunque en este grupo se decide todo asambleariamente, un término que ahora se usa mucho, pero que nosotros hacemos desde siempre". El círculo de 091.

También tiene su columna semanal de Granada Hoy, aunque alguna ha tenido que dejar de publicar por el frenesí de tres conciertos consecutivos. "No tenía la cabeza para pensar en política. Sigo la actualidad, pero la cabeza hay que tenerla fría a la hora de escribir, así que prefiero no publicar cuando no puedo poner los cinco sentidos", señala.

También trabaja en su próximo disco en solitario, ultimando sus nuevas canciones. Cuando termine la gira de los Cero, pasado un tiempo prudencial, saldrá el nuevo disco en solitario de Lapido.

Sobre el reencuentro subraya la camaradería, algo posible por  muchas horas de ensayo y mucho trabajo burocrático previo para cerrar las giras, las reediciones...  Sobre el repunte de fama, ¿cuando pasa a pasear al perro ha tenido que firmar autógrafos mientras que con la otra sostiene la cadena? No hasta esos extremos, pero ya pertenece el club de damnificados de la cámara de fotos de los móviles. De hecho, hace unos días acudió a un acto de la SGAE, a la que dedica el poco tiempo libre que le queda. Se subió a un taxi y el conductor le miró por el retrovisor y le dijo: "¿Eres quien creo que eres?". Después cayó el inevitable selfie con el guitarrista y compositor de los Cero. 

José Antonio García. Un cantante buscando la talla 40 

De la adrenalina de los conciertos en fin de semana a abrir la persiana del negocio de ropa los lunes. El cantante de los Cero le lleva la contraria a la máxima bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente", porque aunque le caen goterones en el escenario, estos años ha vivido principalmente de su trabajo como dependiente en El Ropero. "Es algo que tengo que hacer a la fuerza, el negocio no es mío, pero tengo la suerte de que mi jefe me deja compaginar las dos cosas", señala sobre un patrón perfecto que le permite tomarse las vacaciones según el cuadrante de la gira.  

Es un blanco fácil para los fans, todos saben que trabaja junto a la Facultad de Derecho, así que mientras sale a buscar una talla L tiene que firmar un disco o hacerse fotos con los clientes. Llega  hasta gente con niños para decirles "mira, este es el cantante de 091". Y de ser un mito en el escenario a buscar tallas y colocar la ropa que dejan en el probador. Nadie tiene a los ídolos tan a mano. La gente no se puede creer que esté trabajando, se piensan que un músico enciende los cigarros con un billete de 20 euros. Hay hasta un fan de Barcelona que se acercó a la tienda para regalarle un billete de lotería. "Yo tengo que quitarte de trabajar para que te dediques sólo a la música", le dijo.

En cuanto a la repercusión del reencuentro de 'los cinco', cita como algo "insólito" que hasta TVE les haya hecho un reportaje sin que su gabinete de prensa haya tenido que descolgar el teléfono. 

En la lujosa furgoneta tienen hasta una poblada nevera que hace 20 años no llegaría con vida al destino y que ahora se usa de manera más que moderada. "La edad ha hecho que estemos más tranquilos. Antes, cada vez que parábamos nos tomábamos algo, pero ahora a lo mejor abrimos una cerveza cuando llega la hora de comer, pero poco más". 

¿Era un reto volver a pasar tantas horas juntos? Teníamos relación, pero no la de antes, cuando ensayábamos juntos todos los días. La clave es que vamos a disfrutar del momento, se nos nota en la cara que estamos felices y disfrutando de nosotros", confiesa, consciente de que hay cierta expectación por si en los hoteles se animan a coger la guitarra para componer temas nuevos. Otro cambio es que antes, como los futbolistas cuando se concentran, compartían habitación en los hoteles. Él lo hacía con Tacho y, sobre todo, con José Ignacio. "Tacho y yo éramos como los más malillos de la banda, aunque luego nos relajamos", apostilla.

Jacinto Ríos. Creando la imagen de una televisión pública

Jacinto Ríos es grafista en TG7 y ha vivido una contradicción interna en los primeros momentos de la gira. El subidón del regreso de los Cero coincidió con el parón en la televisión pública del Ayuntamiento, que tuvo en vilo a sus compañeros hasta su feliz reincorporación hace unos días. "Entrabas a la tele, veías el plató apagado y era bien triste. Llegamos a estar tres compañeros, luego cinco para cubrir los servicios mínimos. En ese momento estaba en Bilbao presentando la gira, pero volvía a Granada y tenía un panorama desagradable", recuerda el bajista de la banda. Sus jefes no le dieron un toque por no dar la exclusiva del regreso, pero a cambio ha dado un montón de totales o el único ensayo que se grabó para TVE. A continuación abre el capítulo de los recuerdos, cuando hacían las giras en una furgoneta sin aire acondicionado y el clásico cassette autoreverse. "Ahora tenemos una furgoneta con asientos individuales de cuero, cristales tintados, nevera... También las carreteras han cambiado mucho, recuerdo las interminables curvas de todas las carreteras y ahora hay autovía para llegar a todos los sitios", señala. Respecto a las canciones, tenían claro las que iban a levantar, aún más, al público. Qué fue del siglo XX es el falso final antes de los bises, el momento de subidón más agresivo. "Cuando empezamos a hacer el repertorio nos costó bastante, entre las obligatorias en un concierto de los Cero y las que nos gustan a nosotros hubo que meter la tijera", apunta. Pero la intención era no repetir el concierto de 1996, así que abordan nuevas canciones como En el laberinto, Nubes con forma de pistola o Nada es real, "un tema que está llegando a un nivel de emoción comprable a La canción del espantapájaros". 

Y como todos sus compañeros se asombra en cada concierto del milagro de los panes y los fans de 091, que se han multiplicado en estas dos décadas. Tampoco se habían encontrado nunca un público tan entregado, con momentos en los que casi ni se escuchan en el escenario por la algarabía del respetable. Claro, la gente por fin los tiene en el escenario después de rogar con insistencia a San Judas Tadeo. "La mitificación era mi mayor temor porque es muy fácil desengañarse de un ídolo, temía sobre todo a la gente que nunca nos había visto, porque suponía que los fans de hace 20 años nos iban a perdonar cualquier error. Pero me inquietaba que ese público nuevo saliera de la sala diciendo: "Pues no es para tanto". 

Víctor Lapido. La cantera de camareros del Ruido Rosa

Víctor Lapido es el propietario de Ruido Rosa, un local emblemático de la escena granadina donde han surgido infinidad de proyectos. Antes del reencuentro era rara la semana que no llegaba un cliente y soltaba esa frase que se repetía como una letanía: "A ver cuándo os juntáis". Y no rehuye pinchar la música de 091, que ha seguido sonando en su garito estas dos décadas. Como curiosidad, Noni, el líder de Lori Meyers, puso copas en Ruido Rosa. Ahora es Natalia, la cantante de Dolorosa, la que saca los tercios de la nevera para los clientes. Empezó a trabajar y fue después cuando formó el grupo. "Es algo que se respira en Ruido Rosa, hay un gran clientela de músicos y siempre se está hablando de proyectos". Pero, además de los 20 años de los Cero, Víctor celebra también otro aniversario, los diez años del Grupo de Expertos Solynieve, a los que se entrega cuando los Cero le dan un respiro. 

Hace dos décadas eran una banda, ahora son mitos. "Hay dos factores, la gente que nos seguía sigue fiel al grupo porque las canciones continúan ahí, 091 era una banda que en directo funcionaba muy bien. Y han sabido transmitir esta pasión a los jóvenes, porque está claro que antes no eran tantos. El otro día nos encontramos con unos fans de unos 20 años, nacieron cuando nos separamos, y te hace preguntarte por el poso que dejan las canciones", señala el guitarrista. Pero también habrá esos espectadores aficionados al 'yo estuve allí', que aunque no conozcan mucho su música sí son conscientes de que el regreso de 091 es historia de la música. "También hay un poco de eso, pero es que el rock ha crecido mucho en ese país, se ha normalizado. La gente de 30 a 50 años ha crecido escuchando rock and roll", apunta. 

Cuando empezó 091 se estaba construyendo la industria del rock, apenas había salas y sobre todo se tocaba en fiestas locales. Ahora  son festivales y salas, un circuito muy profesional. "Yo he seguido tocando y he visto la transformación, pero Jacinto dejó la música y sí ha sido más sorprendente para él", concluye. 

Tacho González, El director perfecto para un documental de la banda

Hace casi seis años que no tocaba la batería, desde que dejó los Mama Baker. En estos últimos años ha enfocado su vida profesional a escribir guiones o rodar cortometrajes. Entre semana, además de los ensayos, continúa con sus proyectos personales. Está escribiendo una película sobre la mafia irlandesa en la costa de Levante, que se rodará en inglés. Está en fase de preproducción, el guión ya está hecho y en un hueco de la gira tiene que viajar a Irlanda para cerrar detalles del rodaje. También está en contacto con una productora rusa para rodar una cinta carcelaria basada en la historia real de un informático que hackeó el sistema de seguridad de Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York. Lo extraditaron a EEUU y se le pedía una condena de 20 años. A la vuelta escribió un libro del sistema carcelario sobre el que Tacho está escribiendo su guión para un proyecto "multicultural". Un amigo suyo productor tiene una mujer que facilita la estancia en España a ucranianos con posibles. A través de ahí contactaron con empresarios interesados en invertir en cine y de ahí a este proyecto. 

Cuando baja de los escenarios se tira al ordenador y a su hijo de 15 meses, que acaba de empezar a andar y le da "más guerra" que la resurreción de 091. En cuanto al regreso, tira por la borda que se haya convertido en un ejercicio de nostalgia. Están reverdeciendo su amistad, casi volviéndose a conocer aunque nunca han perdido el contacto. "Creo que los años nos han sentado bien a todos", señala. "Todo es mejor que antes, es otro nivel y lo estamos disfrutando de una manera muy consciente". En cuanto a los viajes, Tacho desvela que apenas se escucha música y que la banda sonora es la conversación sobre música, política, noticias del periódico... "Los que más hablan son José Antonio y Víctor, se pasan el día charlando de lo divino y lo humano". Después de los conciertos se toman un par de cervezas con los fans de siempre o músicos que acuden a verles. Incluso hay gente que está yendo a todos los conciertos, caso de una chica de Barcelona y otra de Madrid que no se han perdido uno y que son ya casi parte de la banda. También tienen noticias de gente de Francia o Noruega que se han embarcado en un avión con destino al  concierto de los Ceronoventayuno.

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