¿Y con qué sueñan los androides?

  • Casi treinta años después de su estreno, la influencia de la película 'Blade Runner' alcanza la última novela de Rosa Montero · 'Lágrimas en la lluvia' ha inspirado asimismo una novela gráfica

Philip K. Dick publicó ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en 1968. No es su mejor novela, quizás ni siquiera sea una buena novela, aunque sí lo bastante intrigante como para recomendar su lectura. Martin Scorsese barajó la posibilidad de llevarla a la pantalla al poco de salir al mercado, pero el jovencísimo cineasta, un perfecto Don Nadie todavía, no encontró respaldo económico. Otros recogieron el relevo. Herb Jaffe Associates se hizo con los derechos y encargó a Hampton Fancher un primer desarrollo del guión. Quienes llegaron a leerlo dijeron que era digno del Superagente 86, no sé si recuerdan aquella parodia televisiva de James Bond. No me sorprende; el absurdo campa a sus anchas en el libro. Así y todo, Fancher introdujo una serie de cambios, a la larga, provechosos; entre ellos, la eliminación del contexto apocalíptico ideado por Dick -un mundo en escombros, recién salido de una nueva Guerra Mundial-, y su sustitución por una ciudad de calles batidas por una lluvia incesante y de individuos que no tienen dónde guarecerse, una ciudad en la que se respira un insoportable hedor a derrota, típica del género negro.

A finales de los 70, The Ladd Company dio el empujón definitivo al proyecto. En una ulterior reescritura del guión, David Webb Peoples y, sin acreditar, Ridley Scott transformaron definitivamente la parábola grotesca en una suite desesperanzada. Philip K. Dick, que había rechazado la primera versión, se mostró entusiasta con el nuevo libreto: "Después de leer el guión he vuelto a leer mi novela -declaró-. Se complementan tan bien que a cualquiera que haya leído el libro le gustará el film y a cualquiera que vea el film le gustará el libro". No es así. O no fue así en mi caso. Blade Runner (1982) está muy por encima del original literario. El film prescinde de tramas periféricas o fugas psicodélicas para concentrarse en el enfrentamiento (físico y ético) entre un agente especializado en retirar de la circulación androides molestos, Deckard (Harrison Ford), y un grupo sedicioso de Nexus 6, replicantes de última generación, utilizados por los hombres en las tareas más ingratas. Los "replicantes" -un neologismo que denota sutilmente a estos dobles robóticos del hombre- nacen con fecha de caducidad: están programados para vivir cuatro años.

El conflicto propicia una serie de fértiles divagaciones sobre qué hace humano al hombre y qué podemos perder en sociedades masificadas y ultratecnificadas. En un memorable duelo final, Deckard se enfrenta a Roy Batty (Rutger Hauer), el cabecilla de los replicantes rebeldes. A Batty se deben los escasos actos de piedad y las palabras más emocionantes y emocionadas de la trama. Tras salvarle la vida a su perseguidor, y antes de expirar, Batty intenta hacer partícipe a Deckard de un puñado de experiencias y emociones que desaparecerán indefectiblemente con él: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia", le dice. Casi tres décadas después, la onda expansiva de Blade Runner ha alcanzado de lleno la última novela de Rosa Montero, Lágrimas en la lluvia (Seix Barral), cuyo título deja bien a las claras de cuáles fuentes ha bebido su autora.

Curiosamente, la novela nació pensando ya en una adaptación al cómic: "Lo tenía tan claro -afirma Rosa Montero-, que firmé el contrato de la novela normal junto con el de la futura novela gráfica". De alguna manera se cerraba un círculo abierto con la película; según Ridley Scott, una de sus principales fuentes de inspiración fueron los dibujos de Moebius, ahí es nada. El guión del cómic se ofreció a Damián Campanario: "Observando lo que Damián desechaba y lo que conservaba -añade la escritora-, entendí con más claridad que nunca cuál era el esqueleto esencial de mi historia". Las ilustraciones han corrido a cargo del italiano Alessandro Valdrighi. Lágrimas en la lluvia se desarrolla en Madrid, año 2109, una megalópolis similar a Los Ángeles del film. La detective Bruna Husky, aunque sea una replicante, se parece más al taciturno Deckard que al exuberante Roy Batty.

En ese mundo futuro, los replicantes han conseguido que se le reconozcan sus derechos, pero su situación sigue sin ser envidiable: su media de vida oscila en torno a los diez años; a partir de esta edad, el organismo se degenera llevando al replicante a una muerte atroz. Bruna Husky debe investigar por qué varios replicantes se han suicidado tras asesinar a otros congéneres suyos. Algo no encaja: para quienes no pueden vivir más de diez años, el suicidio es un despilfarro. Al resolver el caso, Bruna responderá a la pregunta de con qué sueñan los androides. Con tener una vida como la del común de los mortales.

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