El gran sueño de José María Rodríguez-Acosta fotografiado por él mismo

  • La fundación del pintor inaugura una exposición inédita donde se muestra el proceso de construcción de su sede

Una visitante mira detenidamente una de las fotografías expuestas en la Fundación Rodríguez-Acosta. Una visitante mira detenidamente una de las fotografías expuestas en la Fundación Rodríguez-Acosta.

Una visitante mira detenidamente una de las fotografías expuestas en la Fundación Rodríguez-Acosta. / pedro hidalgo

"¿veis ese edificio al fondo, de color naranja? Es el Hotel Alhambra Palace", exclama la vicepresidenta de la Fundación Rodríguez-Acosta, Sandra García, mientras señala una fotografía en color que reproduce una vista del Carmen desde el Serrallo. La hace el propio José María Rodríguez Acosta en 1913 a través de un procedimiento fotográfico novedoso, la placa autocroma, para estudiar el terreno donde en dos años se empezaría a construir, en palabras de la coordinadora de la institución, Carmen López Pertíñez, "su gran sueño". El artista abandona prácticamente los pinceles entre los años 1915 y 1930 para dedicarse a la planificación, construcción y decoración de su carmen granadino donde albergó su estudio de pintura, biblioteca y diversas colecciones de objetos artísticos. El lugar donde ahora descansa la fundación con su nombre.

La edificación del emblemático espacio, que duró "alrededor de 20 años", puntualiza López, la quiso plasmar el pintor granadino paso a paso, día a día, año tras año, con su cámara. El fruto de este trabajo con "enorme valor histórico, patrimonial y hasta simbólico", señala la coordinadora de la institución cultural, se puede ver en la exposición La construcción de un sueño hasta el próximo 18 de junio de lunes a viernes, de 18:00 a 20:00, y sábados y domingos de 10:30 a 13:30. "José María Rodríguez Acosta hizo un trabajo muy delicado. Supervisó la construcción del espacio. Estás fotografías reflejan al detalle todo el proceso constructivo", explicó López durante la presentación de la muestra con una veintena de instantáneas, escogidas del archivo personal del autor que cuenta con más de 2.000 fotografías, y comisariada por Javier Moya Morales.

El artista realizó un trabajo muy delicado a a hora de supervisar la construcción del edificio

Rollizos, palos y andamios se entremezclan con la vegetación andante del lugar y algunas caras conocidas como la del propio autor junto a su perro en el Patio de Baco, la del escultor Pablo Loizaga y la del arquitecto conservador de la Alhambra Modesto Cendoya. "Loizaga le ayuda con muchas de las esculturas distribuidas por el jardín. Cendoya le ayudó en el diseño de la primera fase de los jardines. Él es el precursor de la utilización de setos en formas de edificaciones, es decir, trabajados para que parezcan volúmenes arquitectónicos. Igual ocurre en la Alhambra, pero por motivos diferentes. Aquí se utilizan como elemento estético y el caso de monumento esos macizos de ciprés revelan en muchas casos un contenido arqueológico en el subsuelo", reveló pícara García.

La cimentación del lugar fue costosa, relata la vicepresidenta, porque "estaba en una zona de desnivel, teniendo que hacerse unos muros de contención y paratas. Topográficamente se asemeja a la cara de un barranco. Además, hay una doble complejidad: problemas de tipo estético y simbólico". Rodríguez Acosta concibió el lugar como la plasmación de unos ideales estéticos plenos de modernidad. "Este edificio responde a sus ideales, a sus sueños, a lo que es la fundación en sí misma", recalcó García. Los interesados en ver el gran sueño de Acosta fotografiado por el mismo pueden hacerlo hasta junio.

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