"El terror necesita inteligencia, intuición, ver más allá de lo aparente"

  • Hablar de terror, dice, "no es monstruos ni máquinas cercenando gargantas"

Gregorio Morales sólo tiene miedo de una cosa: "La estupidez humana". Todo lo demás, el mundo extraordinario, fantástico y sobrenatural del que escribe es algo con lo que convive y que siente de una manera "entrañable". El escritor presentó ayer el audiolibro El devorador de sombras -publicado junto con La diosa nepalí-, una obra de terror casi biográfica que se desarrolla en un barrio del este de Londres donde vivió y que gracias a la editorial Escuchalibros podrá ahora ser oída.

-¿Qué tiene el terror que tanto engancha?

-El terror tiene que estamos un poco hartos de nuestra individualidad, de este ego superficial con que nos identificamos y tenemos la necesidad de salir fuera, de romper los límites, de ver o atisbar que somos más de lo que pensamos, más de lo que creemos. El terror rompe esos límites, nos pone en contacto con lo que seguimos siendo pero que está más allá y que generalmente ignoramos. Nos hace ver lo desconocido de la realidad, lo misterioso, el mundo profundo, y eso nos gusta y nos angustia.

-El mundo de las sombras...

-El mundo de las sombras, del abismo, de lo inconsciente, de lo subatómico.

-¿Lo subatómico?

-Según las últimas investigaciones la materia no existe, son todo ondas probabilísticas. En el fondo seremos pensamientos y tan maleables como los pensamientos. Todo esto, el terror, te hace que lo vislumbres, que los sospeches, que casi lo toques, es inquietante.

-¿Qué es lo que más teme el ser humano?

-Lo que más teme es el mundo misterioso del más allá, la muerte; y lo que más se parece es el sufrimiento, la locura, que se aniquile su ego y se destruya.

-¿Piensa que este mundo es más propicio al miedo?

-El miedo es una forma de manipular. Quieren manejar a los ciudadanos por el miedo, basta con ver los procedimientos gubernamentales: ministerios, consejerías, cómo realmente no intentan llegar a los ciudadanos por el amor o la pasión, sino siempre por el miedo y el castigo. Un miedo que es para esclavizarnos.

-¿Dónde surge, en el cerebro?

-Hoy ya sabemos que el cerebro está hasta en la última célula. El miedo surge de lo más profundo y hondo del ser... y el cerebro no es la única máquina rectora, de hecho se habla de que hay una conciencia que está fuera del cerebro. El miedo es también contagioso como puede ser la risa. Es un agujero negro que se abre en la realidad.

-¿Por qué en España no se lleva mucho esto del miedo?

-No se lleva porque hablar sobre terror no son monstruos, no es una cosa truculenta, no son máquinas cercenando gargantas y manos, no son sierras mecánicas abriendo puertas... el terror necesita inteligencia, indagación, intuición, ver más allá de lo aparente. Desgraciadamente los narradores españoles están muy faltos de todas estas herramientas. Todos intentan retratar a su generación, hacer la gran novela balzaciana, una cosa que está anclada en el tiempo, totalmente rancia, y no indagan nuevos caminos, no rompen fronteras. Por eso la literatura española ha abandonado esta vertiente que es un descubrimiento continuo.

-Un ejemplo de este tipo de literatura es Allan Poe, ¿no?

-Totalmente. Ése es el terror que llega hasta la última célula, que hace que la persona se divida, se desdibuje, el de Lovecraft también.

-¿Dónde se desarrolla El devorador de sombras?

-El relato se desarrolla en un barrio del este de Londres donde yo viví, en una calle que tenía ecos un poco siniestros o atávicos que llevaban a la II Guerra Mundial y algo de sufrimiento... en esa casa de Londres me vino ese relato, El devorador de sombras, que es en cierto modo biográfico porque retrato a los vecinos que vivían conmigo. El ambiente, el cartero, la chica de la casa de al lado, el perro de los vecinos...

-El perro es protagonista.

-El devorador de sombras y La diosa nepalí están unidos porque los protagonistas son perros. Es un animal inquietante, que a veces es como una fiera paseando por las calles, y yo elijo la figura del perro para penetrar en lo desconocido.

-¿Y a usted qué es lo que le da más miedo?

-Me da miedo la estupidez humana, la ceguera. Por lo demás, el mundo extraordinario, fantástico y sobrenatural no me da miedo. He aprendido a convivir con él. En mi mundo lo siento muy entrañablemente pero la estupidez humana... aquellos que se ahogan en las apariencias, aquellos que buscan el terror y el castigo en vez del amor o la pasión para cambiar me dan mucho miedo, porque ese tipo de gente, ese tipo de proceder, produce mucho sufrimiento.

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