El tiempo y el compás

Acompañados por Juan José Amador al cante, Cloé Brûlé y Marcos Vargas danzan coreografías desarrolladas sobre la idea del tiempo, al ritmo de tangos, saeta o bulería, a caballo entre la danza contemporánea y el flamenco. Ti-me-ta-ble (o el tiempo inevitable) es el segundo espectáculo de esta compañía, que en esta ocasión ha buscado acertadamente la figura de una dirección escénica, Antonio Campos, una mirada con la que no contaban en su espectáculo anterior, Cuando uno quiere y el otro no; marcando una diferencia: Ti-me-ta-ble aúna todos los lenguajes en una sola partitura mucho más rica y plástica.

Uno de los grandes logros del espectáculo es incorporar en escena al cantaor Juan José Amador como un intérprete más, al mismo nivel que los bailaores. Sorprende la gran presencia escénica de este cantaor que ocupa y llena el espacio escénico, ya sea desde la difícil tarea de estar en escena, o crecido desde el cante más valiente. Especialmente conmovedora es la bulería interpretada por Amador que continúa proyectada en la voz y la imagen de Tía Encarna. Un bucle temporal en el que se entrelazan los saberes al cante que se van heredando en la saga Amador.

La pieza escenográficamente, es pobre, parca. La dramaturgia distribuye las coreografías a lo largo de seis temas en programa: Khronos y Ananke, Saeta a la virgen del tiempo, De-batiendo-me, Despertando el recuerdo, El tiempo corre y deprisa y Trillando el tiempo. Desarrollan el tiempo mitológico unido al destino, el simbólico, el íntimo o subjetivo, el de la herencia o tradición, el tiempo bruto y frenético.

Son escenas independientes entre sí, se entrelazan con oscuros escénicos y cambios de vestuario y atrezzo. No dejan de ser una abstracción danzadas en escena. Es un tiempo que adopta extraños motivos animales, en ocasiones florales, en otros arquitectónicos, laberínticos. Espectáculo arriesgado que muestran que tiempo y compás están del lado de este equipo.

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