Ciencia hoy

La tierra se mueve

  • La Universidad de Granada participa en el ambicioso proyecto Topo-Iberia, una investigación que instalará estaciones sísmicas y GPS en España y el norte de Marruecos que analizarán, entre otras cosas, la peligrosidad geológica regional

Una completa red de estaciones sísmicas y GPS estudiará durante cinco años el marco geocientífico de España y el norte de Marruecos. El proyecto se llama Topo-Iberia y en él participan una decena de grupos entre los que se encuentra la Universidad de Granada. El objetivo es "ver qué ocurre desde la superficie hasta los 660 kilómetros de profundidad (corteza y manto superior) para entender mejor lo que pasa en la superficie".

Puede suponer muchas cosas. Entre ellas, se verán las deformaciones que se están produciendo actualmente entre el sur de España y el norte de Marruecos, se podrán concretar cuáles son las velocidades de dicha deformación, y se sabrá cómo afecta a las fallas activas que existen en esta zona responsables de los terremotos. Iberray es la componente sísmica del proyecto multidisciplinar Topo-Iberia.

José Morales, director del Instituto Andaluz de Geofísica de la UGR, explica que el estudio 'dibujará' pormenorizadamente la estructura de la corteza, litosfera y manto superior "con todas las implicaciones que puede tener eso. Se podrá entender la dinámica que ha dado lugar a la topografía actual, las cordilleras en España, y el marco geológico sobre todo de la parte del sur, la Cordillera Bética, el mar de Alborán y el norte de Marruecos, que son las zonas conflictivas".

El proyecto comenzó el pasado año y está financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Real Observatorio de la Armada Española, el Instituto Geológico y Minero de España y las universidades de Granada, Oviedo, Barcelona, Complutense de Madrid y Jaén.

En cinco años, todo el territorio español y el norte de Marruecos quedarán completados en tres fases. "La primera, que dura un año y medio, comprende desde el norte de Marruecos -hasta el 38,5 grados de latitud- a prácticamente toda Andalucía". La segunda, el centro; y la tercera, el norte del país.

La configuración del relieve terrestre y los cambios que pueden producirse en el entorno geográfico tienen una gran trascendencia, ya que marcan las condiciones de habitabilidad y el desarrollo futuro de la actividad humana. En este sentido, el sur español con la Cordillera Bético-Rifeña -el Arco de Gibraltar- y el mar de Alborán se convertirán en el laboratorio natural perfecto para estudiar su conflictividad: se sitúan en un límite convergente oblicuo entre las placas africana y euroasiática. El conocimiento de los procesos litosféricos que se han dado en este lugar es indispensable para caracterizar la peligrosidad geológica, con una intensa actividad sísmica y numerosos deslizamientos relacionados con el desarrollo actual del relieve.

Durante cada fase "se desplegarán estaciones sísmicas a una distancia de 50 kilómetros, con el fin de registrar toda la actividad sísmica tanto local, regional y telesísimica. Como una malla". Una vez pasado el año y medio, las estaciones se moverán al centro y después al norte. Los trabajos están formados por 50 estaciones de banda ancha más las aportaciones de las redes permanentes en la zona y las redes portátiles del Instituto granadino y del CSIC.

Casi un centenar de estaciones recogerán datos que posteriormente se pondrán en común con la finalidad de "obtener una imagen de tomografía a profundidades que oscilan de 600 a 700 kilómetros".

Ésa sería la parte encargada de los terremotos. Los objetivos que se persiguen con la instalación de Iberray es estudiar la relación que existe entre los procesos que tienen lugar a escala litosférica y en la corteza de la península Ibérica, mar de Alborán y norte de Marruecos. Su dedicación será generar una base de datos con una resolución sin precedentes en una zona de máximo interés geodinámico como es la región del contacto de placas continentales de Eurasia y África.

Hasta ahora, algo así sólo se había hecho en Estados Unidos, dentro del proyecto Earthscope, con el nombre de USarray. Sería, explica Morales, "el segundo proyecto que se está haciendo a nivel mundial. Los europeos están pendientes para ver qué sacamos...".

Leyenda o realidad

"Uno de los problemas más cruciales es intentar saber si hay subducción activa. Si hay una corteza oceánica que se está metiendo debajo del mar de Alborán, y que sería el último relicto del mecanismo que dio lugar a la Cordillera Bética, el Rif africano y la cuenca del mar de Alborán, si eso está muerto o si simplemente no existe… hay diferentes opciones". Topo-Iberia podría desvelarlo y desechar las muchas hipótesis que se barajan para explicar determinados comportamientos de la tierra. Muchos hablan de la subducción activa como la culpable del terremoto de Lisboa en 1755.

Además de las estaciones sísmicas, los GPS, que permanecerán los cinco años entre el norte de Marruecos y Andalucía, darán una precisión milimétrica. "Se podrá saber la velocidad a la que se puede estar deformando una zona, bien porque se esté acortando, bien porque se esté estirando, o ambos", explica el director del IAG. La conclusión puede ser definitiva. "Iberia y el norte de África están chocando. Y chocan oblicuamente. Las tasas de acortamiento son del orden de 3-4 milímetros/año. Es algo continuo y se establece una media de lo que se está moviendo África respecto de España".

Así, tras la primera fase, se pasará a estudiar el Sistema Central y la Cadena Ibérica, que presentan un grado de deformación reciente muy intenso, así como la Cordillera Pirenaico-Cantábrica.

Un proyecto multidisciplinar pues para el que se utilizarán muy diversas técnicas de sísmica, medición de deformaciones por GPS, magnetotelúrica, tectónica activa o imágenes de satélite. Entre las conclusiones del estudio, se puede dar respuesta a mil preguntas sobre la tierra: mediciones de alta resolución de movimientos de la corteza en espacio y tiempo; cuantificación de inestabilidades de deslizamiento; la obtención de parámetros geofísicos de alta resolución, en forma de imágenes tomográficas de la interacción entre el manto y la litosfera y de su influencia en la topografía superficial o el análisis de la peligrosidad geológica -terremotos y deslizamientos- regional en relación con las estructuras tectónicamente activas -despegues, fallas y pliegues-.

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