Crítica de música

Una trompeta para Halloween y un tambor por Navidad

bob dylan

Bob Dylan + Soleá Morente & Los Evangelistas. Fecha: miércoles 8 de julio. Lugar: Palacio de Deportes de Granada. Aforo: 5.000 personas.

A pesar de todo lo que publicó ayer este periódico sobre el concierto de Dylan en Granada, hubo quórum acerca del soberbio concierto que ofreció el bardo de Duluth. Y como él mismo cantó anoche en She Belongs to Me. "Es un artista, no mira atrás". No es ningún secreto que nunca se ha mostrado condescendiente con su obra ni complaciente con los halagos del público, y la demostración la encontraríamos en un repertorio que, contrariamente a su costumbre -tal vez sea el primer síntoma del envejecimiento-, se venía repitiendo desde las primeras fechas europeas de la gira.

En Granada asistiríamos al primer cambio en esa lista de canciones. Fuera el aire ardía en uno de los días más calurosos de este infernal verano, pero dentro un sobrio telón negro dispuesto en semicírculo y salpicado de enormes faroles que iluminaban el escenario a modo de livianas velas, todo a medio gas, nos transportaba a un imaginario teatro americano art decó en el que los músicos, ataviados como tahúres huidos del Medio Oeste cumplían su función con maestría.

Antes que ellos habían roto el hielo Soleá Morente y Los Evangelistas convertidos en profetas en su tierra. A contratiempo se han propuesto revitalizar un género que parecía superado como es el rock andaluz con las creaciones de su padre, y con la vibrante voz de Soleá han encontrado a su particular Lole que aporta al grupo un grado de hipnotismo superior, voz y presencia. Tras la apabullante Gloria anunciaron a Soleá que cantó el single de adelanto del que será su primer disco en solitario, La ciudad de los Gitanos. Y con un sonido que no ayudó, y que serviría para la polémica horas más tarde, fueron desgranando Yo Poeta Decadente, Dormidos o La Estrella, entre otros originales de Enrique Morente, para culminar con la deliciosa Donde Pones el Alma.

Tras el cambio de backline, a la hora señalada comenzó a sonar una cristalina guitarra acústica, justo antes de que se volviera a iluminar el escenario, como introducción a Things Have Changed. Un Bob Dylan con traje en tono crudo y tocado con sombrero a juego lanzaba sus versos delante del micrófono, sin guitarra a la que agarrarse. Así daría el concierto entero, alternando entre el micro y un piano negro de media cola. Sentado frente a él cantó la maravillosa She Belongs to me, la única de los sesenta hasta que llegó el bis. A partir de ahí, una brillante selección de temas de sus últimos cinco discos de estudio con material nuevo, empezando por Beyond Here Lies Nothing, de Together Though Life (Columbia, 2009) y Workingman's Blues #2 de Modern Times (Columbia, 2006). Como travesura, introdujo el dulce vals Waiting for You, un descarte de Self Portrait, el disco de versiones de estándares del 70, que ni siquiera incluyó en el más reciente de las Bootleg Series, el Another Self Portrait.

Un tema solo conocido por los completistas y que no es posible encontrar salvo en la banda sonora de la película Ya Ya Sisterhood, de 2002, pero que forma parte habitual de sus directos desde 2005. Duquesne Whistle y Pay in Blood, ambas de Tempest (Columbia, 2012) sonaron majestuosas antes de la única innovación respecto a sus anteriores conciertos de la gira. Si en Madrid y en las plazas previas había escogido Full Moon and Empty Arms como representación de su último disco Shadows in the Night (Columbia, 2015), dedicado a ofrecer sun visión del cancionero de Sinatra, en Granada decidió sustituirla por I'm a Fool to Want You, que fue recibida con una cerrada ovación, y permitió al respetable demostrar que estaba al tanto de sus más recientes giros. Como compensación seguiría con la inmortal Tangled Up in Blue, que también fue ampliamente ovacionada, seguramente el momento mejor recibido además de las ocasiones en que agarraba la armónica para soplar unos solos mucho más comedidos que en su etapa juvenil.

Tras la pausa de veinte minutos, una innovación en su recitales probablemente motivada por las servidumbres de la edad, continuó con la soberbia High Water(For Charley Patton), de Love & Theft (Columbia, 2001) y con Simple Twist of Fate, la otra concesión de Blood on the Tracks (Columbia, 1975). Con Early Roman Kings de Tempest demostró poseer el secreto del blues, y tras Forgetful Heart de Together Through Life y la magnífica Spirit on the Water de Modern Times, afrontó la recta final con tres piezas maestras más de su últimos disco de originales, Tempest: Scarlet Town,Soon After Midnight y Long & Wasted Years, y otra más de las versiones de Sinatra, Autumn Leaves. En clave de crooner afónico se despidió antes de volver para regalar un bis irregular. Primero con una rejuvenecida y juguetona adaptación de Blowin' in the Wind que acometió al piano, y después con un Love Sick correcto pero con menos filo del que grabó para abrir el sensacional Time Out of Mind (Columbia, 1997). El Never Ending Tour debía continuar al día siguiente en Córdoba.

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