antonio lara. novelista e historiador

"Mi último libro aborda las heridas de los sentimientos"

  • Antonio Lara presenta Cae la ira, su nueva novela histórica

  • La obra sitúa al lector a través de los ojos de un niño en el periodo de posguerra española

El escritor nacido en Noalejo y granadino de adopción presenta su última novela histórica. El escritor nacido en Noalejo y granadino de adopción presenta su última novela histórica.

El escritor nacido en Noalejo y granadino de adopción presenta su última novela histórica. / álex cámara

Antonio Lara, novelista, historiador y actualmente inspector de Educación en Granada, presenta estos días su última novela histórica, Cae la ira. El autor recorre, a través de la mirada de un niño, episodios de una época no muy lejana. Una historia que ubica al lector en los tiempos de la posguerra española en las zonas rurales, que "varía mucho de cómo se vivió ese mismo periodo en las capitales", asegura Lara, quien además, gracias a su condición de historiador, afirma sentirse muy cómodo con este género.

-¿Qué considera que debe tener una buena novela histórica?

-Tiene que tratar de provocar en el lector un grado de veracidad suficiente como para que éste se crea que lo que está leyendo, no es como un libro de Historia sino una historia que realmente está en el contexto histórico.

-¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en Cae la ira?

-Esta novela tiene de realidad casi todo, pero al mismo tiempo está construida como una historia ficticia, son relatos que realmente ocurrieron en ese tiempo.

-Si un granadino o un jiennense leen este libro podrán sentirse muy identificados porque transcurre en Noalejo y cita municipios granadinos como Domingo Pérez o Montejícar....

-Cierto. El protagonista realiza una ruta por los pueblos de Granada a Jaén, y sí, los lectores de estas zonas pueden identificarse por la proximidad del contexto en el que transcurre la historia, que no debemos de olvidar que es un testimonio de los años 40 en un ámbito rural.

-¿Por qué este periodo?

-Se está abordando de nuevo aquel tiempo porque no se han curado todas las heridas. Aunque la transición tiene un valor enorme, desde el punto de vista de la conciliación de un país y llegar a un periodo en el que todos podamos estar como en la democracia; es verdad, que no se cerraron muchas cosas, y siempre queda eso, no tanto por el resquemor que pueda tener la gente. No me refiero a que ahora hay rencor y vamos a ver cómo... ¡No! Pienso que hay unas heridas más profundas que no tienen nada que ver con el rencor, como son las heridas de los sentimientos, en los que es muy difícil mandar y están conectados con la familia, con los antepasados, con las personas que murieron de forma trágica y no encuentran sus restos. Hablo de esa búsqueda que está tan en el fuero interno.

-Hablamos de sentimientos...

-Sí, la novela se fija en tres focos importantes en la posguerra, un tiempo en el que se supone que la Guerra Civil ha terminado, pero en realidad no fue así, porque los que habían entrado en la contienda enfrentándose unos a otros tuvieron que seguir conviviendo en los pueblos, haciendo su vida, pero con un agravante, que unos se consideraban vencedores y otros vencidos. Y ahí es donde se encadena lo que yo considero parte de esas pulsiones humanas. Si la guerra desató la ira, después de ésta la ira continúa, y lleva a la venganza que tiene como instrumento la represalia -las rivalidades con un vecino, los odios ancestrales o a veces pequeñas cosas son motivo de venganza- y que finalmente quien se considera en posición del poder puede decidir -a este no; a este sí; a aquel lo quito del medio; y al de más allá le impido que acceda a lo que aspira...-. Y por último, el poder local, en la posguerra era muy importante porque te permitía dominarlo todo -hacer y deshacer-. A ese poder optaron las familias más pudientes, que dictaban a favor de ellos y mantenían a una masa en situación de privacidad.

-Es decir, que los antecedentes familiares entonces pesaban demasiado y podían ser un obstáculo para conseguir un sueño. ¿Esto se ha superado?

-Hay una superación, desde la perspectiva histórica han pasado 80 años (40 de dictadura y 40 de democracia), aunque sea nada más que por higiene mental de una sociedad hay que ir superando muchas cosas, aunque todavía nos queden esas heridas que decía al principio y que, lógicamente, hay que seguir abordándolas.

-¿Qué queda después de la ira?

-La guerra desata las pulsiones más bajas del ser humano; ya sabemos lo que es una guerra porque hoy las estamos viendo en otras zonas del planeta, las atrocidades que se acometen, sin miramientos... El ser humano se convierte en un lobo contra el ser humano, va a destrozarlo, no hay esa sensación de pensar que lo que hay enfrente es un ser humano; porque la ideología, la religión trastocan esa visión.... Y la guerra desata eso... Después de la ira en España vino convivir y sobrevivir.

-¿Y al final de la novela?

-Al final hay un arrebato de intento de que la dignidad de uno prevalezca por encima de todas las cosas.

-En esta publicación se percibe un homenaje a aquellas personas que no tuvieron miedo...

-En cierto modo, sí es un homenaje a los que sobrevivieron y a los que fueron íntegros a la hora de mantenerse en su lugar, sus profesiones como campesinos, alcaldes, personas que mantuvieron esa integridad de alguna manera e intentaron ser justos. No podemos denostar a todas las personas, todos los profesionales que en los años 40 estaban ejerciendo. Eso es un error. Se habla de la escuela franquista, y en ella hubo muchos maestros y maestras que intentaban superar ese sesgo con el que se intentaba educar a los alumnos. Esos están ahí no podemos olvidar que esos maestros existieron. Igual en el ámbito de la medicina hubo profesionales con gran humanismo y vocación para acercarse a la gente y curar. Pedro Anaya es representativo de esa gente.

-¿Por qué cree que es bueno leer novela histórica?

-Esta novela es tan recomendable para la gente mayor, que igual vivió aquel tiempo y se identifica con algo, como para los jóvenes, a quienes se les presenta de una manera muy ilustrada como era ese periodo de la Historia de España. La novela añade un testimonio a los conocimientos que los alumnos de Bachillerato estudian de ese momento histórico.

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