Francisco Lara. Profesor de Filosofía de la UGR

"La idea de utilizar el animal como un recurso viene de la tradición judeocristiana"

  • 'Sufre, luego importa', es el título del volumen publicado por Plaza y Valdés que recoge las investigaciones del profesor de Ética y Olga Campos La obra se presentó ayer en La Madraza

¿Cómo se sustenta jurídicamente que se mantengan tradiciones como el Toro de la Vega en el siglo XXI? ¿Y cómo se argumenta filosóficamente que todas las especies animales estén para servir al hombre y se puedan incluso maltratar? Sufre, luego importa. Reflexiones éticas sobre los animales recoge el trabajo realizado durante varios años por los profesores de la UGR Francisco Lara y Olga Campos sobre estas y otras cuestiones. Txetu Ausín, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC; Pablo de Lora, del departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; y Javier Rodríguez, del Departamento de Filosofía I de la UGR, acudieron ayer a presentar el libro en La Madraza. Son representantes de algunas de las instituciones que trabajan en esta nueva corriente académica que cada año gana más páginas en las investigaciones científicas.

-¿Cómo surgió la idea de realizar esta investigación?

-Forma parte de una línea que empecé a finales de los 80 cuando en España apenas se sabía casi nada sobre los derechos de los animales. Me inicié en los estudios de la materia por puro azar, por un encargo, y poco a poco descubrí muchas publicaciones y muchos artículos. Olga Campos, la coautora de la obra, me pidió que le dirigiera una tesis doctoral sobre el tema. Comenzamos a trabajar en grupo, y llegó un momento en el que nos planteamos la conveniencia de publicar un libro.

-¿Se ha evolucionado mucho desde los 80 que empezó sus investigaciones hasta ahora?

-Sin lugar a dudas. Desde el punto de vista social, ha podido verse en todas las movilizaciones sobre el tema del Toro de La Vega o las manifestaciones de los animalistas en contra de las corridas de toros. Pero también ha habido muchos avances en el ámbito académico, porque ya existen muchas universidades y muchos compañeros que se dedican a este tema.

-¿De que ramas son esos investigadores? ¿Todos del área de Filosofía?

-No, no todos. Es algo bastante interdiciplinar. Los biólogos y los veterinarios hacen un estudio más científico del comportamiento animal: si sufre o no sufre y cómo se puede paliar este sufrimiento. Pero también se aborda desde el ámbito de la Literatura, la Filosofía o la etología, que estudia el comportamiento de los animales y es algo entre la Psicología y las ciencias veterinarias.

-En muchos debates, sobre todo televisivos, se tratan estas cuestiones sin ningún tipo de rigor y vanalizando el tema. ¿Cómo se analiza esta cuestión en un libro de filosofía?

-El libro, ciertamente, no es un ensayo o una introducción al tema. Va desde los fundamentos de este asunto o los principios esenciales sobre cómo debemos considerar a los animales, hasta cuestiones aplicadas, como el tema de la experimentación con los animales, las corridas de toros o el vegetarianismo. Es un libro muy completo. Si no fuera porque no tiene muchas páginas, podría decirse que es un tratado de Filosofía. Lo que sí hemos intentado es que sea accesible, aunque tenga partes más especializadas. Pero la idea esencial la puede ver cualquier lector.

-Y, ¿cuál es esa idea esencial?

-Tenemos que replantearnos nuestra relación con los animales. Ahora los consideramos recursos que podemos utilizar como nosotros queramos. Esto no es nuevo, está en toda la tradición de occidente, no así en la oriental donde la relación es más de tú a tú. Aquí, el pensamiento judeocristiano siempre ha considerado que el hombre es el centro del universo y que ha sido creado de alguna manera para que él pueda hacer con eso lo que quiera. Lo que replanteamos es cambiar esa concepción del hombre como centro de la naturaleza.

-Y una vez establecidos los fundamentos, ¿qué más plantean en el libro?

-Cuestionamos las razones que se han dado para decir que es lo más importante. Se ha dicho que es el único que puede pensar, distinguir el bien del mal. Pero hoy en día los estudios están demostrando que eso no es así, que hay animales que pueden tener una concepción muy básica del bien y el mal y que son racionales. Nadie niega ya que las diferencias entre los simios y nosotros es sólo de grado: que seamos racionales no significa que ellos no lo sean, aunque a otro nivel. Además, hay seres humanos que no son racionales porque nacen con una discapacidad o son niños. Mantener la línea de la especie como línea divisoria no está suficientemente justificado. Habría que plantearse un criterio más lógico: la diferenciación moral del estatus de los seres no puede ser en virtud de si piensan o no piensan, si hablan o no hablan, sino en virtud de si sufren o no sufren. Ese debe ser el criterio básico para determinar nuestros deberes. A partir de ahí el libro trata de sacar conclusiones.

-Esta inquietud de pensamiento está ganando ahora fuerza en España, pero en Europa está mucho más avanzada.

-Inglaterra nos lleva mucha ventaja en esto. Ya en los 60 o 70 publicaban libros sobre los derechos de los animales. En Estados Unidos o Australia también. Cuando yo empecé, no había casi nada aquí pero ahora, en cambio, se están haciendo bastantes tesis doctorales.

-¿A qué se debe este retraso? ¿Tal vez debido a las corridas de toros?

-Exacto, pero eso precisamente está sirviendo ahora como una especie de revulsivo, porque la gente quiere saber más: si un toro tiene derechos para no sufrir. Y si los tiene, cuáles son los motivos para ello. Y ahí es donde nuestro libro puede aportar algo.

-Pero los animales no pueden tener derechos, sólo las personas.

-También hacemos un estudio de las leyes desde un punto de vista filosófico. Tal y como está el ordenamiento ahora en España, sólo los seres humanos tienen derechos jurídicos. Hay leyes para proteger a los animales, pero no porque crean que los animales tienen derechos sino para preservar lo que se llama "un bien jurídico que hay que proteger". Ese bien no son los animales, sino la compasión que los humanos tenemos con ellos. ¿Por qué? Porque dicen que si la gente es compasiva con los animales será compasiva también con los humanos. Por eso penaliza la ley el maltrato.

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