La varita mágica de Malakhov

  • El Generalife se vistió de cuento de hadas con 'La bella durmiente' del Staatsballett Berlin

Un jardín de rosas. Una fiesta a la que están invitadas seis hadas madrinas. Una princesa recién nacida que recibe la terrible maldición de un bruja sin corazón. Y un príncipe valiente dispuesto a cualquier cosa por salvar a su amada de su trágico destino. La inocencia y aparente sencillez de la historia de La bella durmiente, posiblemente las mismas que la convierten en una fábula inmortal, deslumbraron anoche en su paso por el Festival de Música y Danza de Granada. Era la noche del estreno absoluto del montaje en España, y el Staatsballett Berlin, con la arrolladora presencia sobre el escenario de su director artístico, Vladimir Malakhov, regaló una versión ligera pero llena de intensidad del clásico ballet compuesto por Tchaikovski.

Tan sólo unas horas antes de su actuación, contaba Malakhov que desde que se subió por primera vez al escenario del teatro de los jardines del Generalife no dejó de imaginar lo hermoso que sería ver allí su propuesta de La bella durmiente. "Es un marco incomparable y todos los bailarines y yo estamos encantados de tener la oportunidad de volver a actuar aquí", destacó.

Considerado uno de los mejores bailarines del mundo, Malakhov ha recortado casi dos horas la coreografía original de Marius Petipa sobre el cuento de Perrault que se estrenó en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo el 3 de enero de 1890. El resultado es una Bella durmiente mucho más accesible y que hace que el público se quede "con ganas de volver a verla".

"Al principio las coreografías eran muy largas y había muchos momentos en que los bailarines se limitaban a andar sobre el escenario. Mi forma de entender la danza es distinta. Yo quiero potenciar al máximo la fuerza y las capacidades de los bailarines. Vivimos en el siglo XXI y las influencias del mundo moderno son inevitables, pero los clásicos siempre sobrevivirán, no creo que entren en conflicto con las nuevas tendencias", añadió el director artístico.

Todo en La bella durmiente remite a la magia de un cuento de hadas: el vestuario en todos pasteles, el decorado que simula un enorme jardín de rosas y la historia en sí misma, que cobra dramatismo y fuerza el día en el que se cumple la maldición que decía que la princesa Aurora caería en un sueño eterno al pincharse con un huso. La fábula va tomando forma con hadas y seres mágicos que danzan por un jardín esperando la llegada del príncipe que deshaga el conjuro con un beso de amor.

Malakhov, que anoche impregnó de su seguridad escénica al personaje de Carabosse, quiso retomar para la coreografía de esta Bella Durmiente todo el romanticismo que Tchaikovsky dio a uno de los grandes ballets de la historia junto al Cascanueces y El lago de los cisnes.

La actuación del Staatsballet Berlin, que repetirá mañana su propuesta en el mismo escenario -en esta ocasión Vladimir Malakhov estará en el papel de Príncipe Désiré- está patrocinada por la Fundación Loewe, que lleva ya doce años colaborando con el Festival de Música y Danza y que quiere hacer desde ahora más visible su implicación con el ballet.

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