joan margarit. poeta

"A veces, los maestros que más te influyen no salen en los libros"

  • El escritor catalán galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda visitó Granada para recitar junto a Luis García Montero versos de su nuevo libro 'Un asombroso invierno'

Acorde con su personalidad, el poeta catalán posa haciendo una mueca graciosa antes de leer poemas en Granada. Acorde con su personalidad, el poeta catalán posa haciendo una mueca graciosa antes de leer poemas en Granada.

Acorde con su personalidad, el poeta catalán posa haciendo una mueca graciosa antes de leer poemas en Granada. / carlos gil

Joan Margarit (Lérida, 1938) dejó la carrera de Arquitectura a los 20 años para dedicarse a la poesía. Se fue derecho a una editorial, donde le encargaron que hiciera un diccionario científico. "Consistía fundamentalmente en coger tres diccionarios y copiar astutamente", explica en tono socarrón. Aquella experiencia le hizo comprender que, "para ser un buen poeta, lo primero que uno tiene que ser es independiente. Independiente de pensamiento, de decisiones, de todo". Volvió a la facultad con el fin de convertirse en uno de los mejores calculistas de estructuras de España, y lo consiguió. La inteligencia, dice Margarit, "está en todas partes, y se necesita la misma para calcular una estructura que para escribir un buen poema". Galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y el Premio Nacional de Poesía por Casa de Misericordia, el escritor catalán llega a su "senectud" con un poemario nuevo bajo el brazo titulado Un asombroso invierno, que ayer presentó en la Biblioteca de Andalucía acompañado de Luis García Montero. "A Granada he venido muchas veces. Incluso recité con Quisquete -como era conocido entre sus amigos Javier Egea-. A él le dediqué un poema en mi última antología, Costa de poetas, que escribí en la Isleta del Moro -donde el granadino parió Troppo Mare-", comenta orgulloso.

-Uno de los temas que trata en su último poemario, Un asombroso invierno, es la senectud. ¿La poesía también envejece junto a su autor, o mantiene su vigencia con el paso de los años?

-Senectud, sí. Hay que huir de los eufemismos. Envejecer tiene dos sentidos: uno el literal, que es hacerse viejo con los años, y el otro es pudrirse. ¿En qué sentido me lo preguntas? Porque lo que quiero es que mi poesía no envejezca conmigo. Mi poesía se rejuvenece en cierto sentido. La poesía es un tema intelectual. Dejémonos de sinsentimientos. Los sentimientos forman parte de la inteligencia. Hay sentimientos idiotas y sentimientos inteligentes. La inteligencia está en todas partes. Es lo único que nos diferencia del simio.

-Pero parece que la inteligencia no está de moda. No se observa, por ejemplo, en cómo se diseña el sistema educativo, ni en cómo se ha tratado la cuestión soberanista en Cataluña.

-No me líes con la política. La política es lo menos inteligente que hacemos los humanos. La inteligencia intenta separarse del mundo animal en una dirección que tampoco sabemos cuál es, pero que presuponemos que es mejor. Todo el mundo quiere separarse de la bestia. Por eso no vamos con el culo al aire.

-Ya, claro, uno ha de ir vestido, pero ¿la poesía no nace a veces de la pasión más descontrolada?

-Pasional no quiere decir que no sea inteligente. Hay pasiones idiotas y bestiales, y pasiones muy inteligentes. Todos los atributos humanos tienen una versión más inteligente y más tonta. Desde la pasión a la investigación científica de los átomos. Este clasificar las cosas en buenas y malas. Es que no hay nada en el ser humano que no pueda tener una cara buena y una mala.

-Usted no se etiqueta, ni se adscribe a ninguna generación.

-Hay una cantidad de pretensión y aburrimiento en la humanidad, que es la que crea todas las clasificaciones, todas las historias éstas de eruditos, especialistas. Esto es muy aburrido. Yo no estoy pendiente de lo que se dice y escriben de mí.

-¿Cómo aprende uno a vivir así?

-Es un problema de rigor. Si tú quieres ser riguroso, lo primero que has de hacer no es lanzarte al mercado de la cultura e intentar comértelo todo. Si quieres ser riguroso en cada paso de tu vida lo primero es saber cuáles pueden ser tus maestros, que son muy pocos. Algunos ya están muertos cuando te das cuenta de que existen. Si te sumerges en la cantidad de gente que clasifica, que pone etiquetas, estás perdido. Uno de las primeras cosas que has de hacer es ser modesto y decir: "Yo necesito a alguien que señale en qué dirección tengo que trabajar".

-¿Cuáles han sido sus principales maestros?

-Uy, a veces los maestros que más te influyen no salen en los libros. A veces es un maestro de escuela de un pueblo que nadie sabe su nombre, o una abuela. En Coraje hablo de la persona que me enseñó que sin este sentimiento inteligente, que es el coraje, no es posible el amor. A esta persona la describo meando en un camino, de pie, al principio del poema. Y el meado le sale de debajo de las faldas. No lleva ni bragas. Y esa mujer es la que me enseña que sin coraje no hay amor. No estaba haciendo literatura cuando me decía esto porque no sabía leer.

-La gente más corriente puede transmitir enseñanzas vitales de la leche sin ser un erudito.

-Josep Plá decía de ellos: "Defiéndase usted de los eruditos".

-¿Un poeta joven equivale necesariamente a una nueva voz?

-Si es joven es nueva, y si es recién nacido todavía es más nueva [risas]. La pregunta sería: ¿Por ser nuevo vale la pena? Estoy harto de ver cosas nuevas que no valen nada. Que sea nueva no es garantía.

-"Sólo hay poesía buena o mala, porque la poesía no puede ser mediocre", dijo en una entrevista hace años. ¿Qué consecuencias tiene la segunda, la mala?

-Ensucia al mundo. (Silencio). Tú tiras un papel en el suelo y no es grave, pero tampoco ayudas. Si te cagas en una esquina delante de un portal gravísimo no es, pero ya es un poco más grave.

-En Un asombroso invierno dice que siempre vuelve la alegría. ¿Incluso si sus gobernantes son un desastre?

-Por suerte, no está en sus manos, sino en la de cada uno. Si has sido triste y durante la vida no le has sabido poner remedio, ése es tu castigo. Casi nada lo puedes gobernar en tu vida. No se puede volver atrás. No se aprende de los errores. Todas esas son mentiras dichas por el buenismo, por los curas, por los eruditos, por políticos sobre todo. Es como lo del vestido: se trata de taparse las vergüenzas e intentar no parecer lo que somos. Sí nos empeñados en parecer lo que no somos estamos perdidos. Ocuparas tu vida en un imposible y se alejara de ti la poca felicidad que te alcanza.

-Odiará las redes entonces.

-Yo no tengo. Me pueden odiar lo que quieran. Las redes sociales han traído una muestra de lo más infame que somos. La de estupideces que uno llega a decir cuando puede hablar sin correr riesgos.

-Ya, pero vivimos una caza de brujas en las redes sociales. Un tuit de Carrero Blanco le puede llevar a la Audiencia Nacional. ¿No le parece un retroceso, usted que ha vivido 80 años de la historia de España?

-Vives en un país que desde Isabel la Católica sólo ha tenido un momento de oler ligeramente lo que podía ser la libertad. Hablo de los años de la segunda República. Se suceden una serie de gobiernos, desde favoritos del rey, gobiernos dictatoriales. Se ha sucedido una gama monstruosa de Españas. La que hoy tienes empieza a ser una nueva versión curiosa, que es un país donde empiezan a mandar los jueces. Y los jueces pueden ser mucho más peligrosos que los dictadores, soberanos o cualquier de estos especímenes. Detrás de los jueces está la clase que lo soporta, que es la clase dictatorial española, la derecha terrible, y detrás de todo esto, si te subes al piso más alto y miras, no ves ni rastro de la izquierda, de aquello que llamaban izquierda. La Unión Soviética firmó la sentencia de muerte de toda la izquierda durante siglos.

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