El viaje introspectivo de Blanca Li

  • 'Poeta en Nueva York' de la coreógrafa granadina volvió a desplegar su magia y lirismo desde las entrañas de la gran ciudad más contemporánea en su nuevo paso por el ciclo 'Lorca y Granada'

Como si de su propia vida se tratase, Blanca Li realizó anoche un viaje introspectivo a las entrañas del Nueva York más abstracto y desgarrador del poeta Federico García Lorca con el espectáculo que abre el ciclo Lorca y Granada y que vuelve a los Jardines del Generalife una vez más.

Nadie quiso perdérselo. Entre el público estaba la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Torres; la directora general de Industrias Culturales y Artes Escénicas, Ana Navarro; el alcalde de Granada, José Torres Hurtado; el subdirector de la empresa pública de gestión de programas culturales, Antonio Navajas, y algunas de las personalidades más importantes de la cultura y la sociedad de la ciudad. Pero los protagonistas de la velada no eran ellos y ellos lo sabían. Llegaba el momento de hacer mutis por el foro mientras las luces se apagaban para que el espectáculo comenzase.

Con los cipreses como telón de fondo, Poeta en Nueva York fue desgranando su desgarrador lirismo y la metáfora se hizo cuerpo de la mano del bailarín Andrés Martín que, con un Lorca invisible, va gestando el ajetreo de la gran ciudad, con la majestuosidad de los cuerpos plásticos en movimiento.

Con un ritmo in crescendo, la nueva escena trasladó al público hasta el barrio negro por excelencia, el Harlem que impresionó al poeta universal y el que invadió la escena a golpe de hip hop y danza llevada al máximo exponente, bajo la dirección musical de Tao Gutiérrez, hermano de Blanca Li y Chus Gutiérrez, todo acompañado de un colorido cromático digno de la enorme diversidad de la Gran Manzana.

La fuerza y la pasión ensangrentada de Lorca, que ya daría cuenta de ella en Bodas de Sangre y en su propia biografía, no quisieron faltar a la cita. La sencillez de una pantalla blanca se hizo compleja al ritmo de los cuerpos que se revolvían en ella ensangrentados.

El agua que lo purifica todo, incluida la muerte, hizo su aparición estelar precedida del elemento líquido. La imagen alegórica de los bailarines danzando servía al protagonista para desplegar la potencia directa del flamenco, aludiendo alegóricamente a todo lo que añoró su personaje en la distancia que el océano atlántico había puesto de por medio.

Y Blanca Li hizo su aparición. Renegando a la jubilación anticipada que aqueja a la profesión de bailarín, un zapateado rabioso, giros enérgicos y el esfuerzo de la interpretación de la neoyorquina de adopción acompañaron a la gran voz de Carmen Linares, que entonó, uno tras otro, versos lorquianos.

La pureza de su vestido blanco absorbió la calidez y la magia que abrumaba a un público entregado, una vez más, a la autenticidad de Blanca. Blanca y radiante, Blanca y pura. Blanca, una digna descendiente de la estirpe Lorca.

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