"Hay vida después del cine"

  • Hoy entregará el Premio a la Mejor Dirección Femenina de Cortos: "Un país no puede permitir que la mitad de la sociedad sea ninguneada"

Cuando Josefina Molina (Córdoba, 1936) anunció en su casa que quería dedicarse al cine, su familia se lo tomó a broma. Fue aún peor enfrentarse a la opinión generalizada de sus compañeros varones en la Escuela Oficial de Cinematografía -donde compartía pupitre con otras cineastas como Cecilia Bartolomé o Pilar Miró-. "Todo el mundo pensaba en esa época que una mujer podía tener sus veleidades cinematográficas pero que a la larga tendría pronto un novio, se casaría y no haría nada". Ella comenzó siendo una excepción. Molina se convirtió en la primera mujer de este país que obtuvo el título de directora. Ha dirigido series como Teresa de Jesús, películas como Función de noche o Esquilache y obras de teatro como Cinco horas con Mario.

-Hoy entregará en Mujeres del Cine el Premio a la Mejor Dirección Femenina de Cortometrajes. ¿Qué le espera a la ganadora del premio?

-Primero se enfrentará a una especie de ignorancia, e incluso cierto desprecio. Se encontrará con que para un hombre es más fácil tener el apoyo de sus congéneres y que nosotras lo tenemos más difícil. La mujer puede cobrar menos por el mismo trabajo que hace un hombre. Es necesario que la sociedad se mentalice pero es una labor de tiempo. Sí es verdad que las leyes nos apoyan pero las leyes tienen que permeabilizar la sociedad, la sociedad se tiene que empapar de una nueva forma de hacer las cosas. Lo que un país no se puede permitir es que la mitad de su sociedad esté minusvalorada, ninguneada y no se le saque el potencial intelectual que tiene.

-¿Cuándo le entró el gusanillo del cine?

-Uy, hace tanto tiempo... Era muy joven pero vi una película que me impresionó mucho, que fue El río, de Jean Renoir, y de repente quise, no sé por qué, hacer películas.

-Su familia al principio no le dio mucha importancia.

-Lo primero que hicieron fue no hacerme caso pero lo conseguí por cabezonería. Las mujeres de mi generación que conseguimos cosas fue por cabezonería.

-¿Tuvo algún modelo en el que mirarse?

-No. Pero en mi generación el cine de mujeres no se veía. Se habían visto algunas películas de Ana Mariscal pero yo con su cine no me sentía identificada. Entonces ni me interesaba… y bueno. Luego he pensado muchas veces que tendríamos que haber hablado más con estas generaciones anteriores porque pude conocer a Rosario Pi, que es la más pionera de todas las pioneras, pero no tuve ocasión.

-¿Y cree que ese interés hubiera cambiado las cosas ?

-A mí me faltaba cuando empecé tener un modelo anterior, una tradición a la que agarrarme, una forma de hacer en la que fijarme.

-¿Qué es lo que más le ayudó de su aprendizaje en la Escuela de Cine?

-De ese aprendizaje conservo todo lo que fui recogiendo. Aprendí mucho en la Escuela pero el oficio lo aprendí en la televisión, donde hice muchos programas [entre ellos, Estudio 1 o la serie Teresa de Jesús]. La verdad es que he ido seleccionado todo lo que me podía ser útil para dar pasos adelante porque tampoco me planteaba como una gran autoría en el cine sino que simplemente quería que me dejaran hacer lo que me gustaba y ganarme la vida así. Fíjese qué modesto era lo que yo pretendía.

-Vivió tiempos duros...

-Eran muy difíciles porque no podíamos decir todo lo que queríamos decir. Teníamos que utilizar la metáfora y apenas se nos entendía porque había una dictadura, estábamos contra ella, y había que tener mucho ojo con lo que se decía porque la censura estaba alerta.

-Las crisis de ahora son diferentes ¿no?

-Claro, pero hay que verlas como épocas de cambio. Creo que los mercados son tóxicos y si la sociedad y el ser humano no cambian, nos hundimos.

-También la vive el cine.

-Yo confío en que nos dejemos de frivolidades y pongamos las cosas en su punto. Creo que internet tiene un futuro impresionante, no un presente como decía Álex de la Iglesia. Indudablemente la difusión cambiará pero hay que ponerlo en orden porque la industria del cine, en una sociedad de mercado como estamos, se tiene que nutrir de ingresos y de rentabilidades también.

-Siempre ha demostrado su interés por la política y la historia. ¿Si rodase ahora qué etapa elegiría?

-Muchas veces pienso que hay una parte de la historia de España que no se ha analizado bastante y donde hay un filón: el de las mujeres que actuaron en la Segunda República. En este festival, por ejemplo, está presente la película sobre Clara Campoamor. Espero que no sea la última de este tiempo histórico.

-También se confiesa una apasionada de la literatura. 'Cinco horas con Mario', de Delibes, se ha convertido ya en un clásico.

-Al parecer es así pero no lo podía decir cuando la estrenamos, que nadie la quería. El productor, José Sámano, tuvo que alquilar el teatro para quince días y resulta que fue un éxito desde el primer momento... El dueño del local se tiraba de los pelos.

-Ya lleva tres novelas. Ha cambiado el cine por la literatura...

-Ahora tengo tiempo para vivir, que ya me quedan pocos años. Yo creo que el cine no lo es todo, hay vida después del cine, del teatro y la televisión. Pero nunca me aburro. Sigo escribiendo diariamente, veo muchísimo cine, viajo, veo a mis amigos…

-Y cuando va al cine o al teatro, ¿no le pasa que se imagina rodando eso mismo de otra forma?

-Ya lo creo que sí, continuamente. Voy al teatro a ver una obra y me gustaría ser sólo espectadora pero no lo puedo remediar. Siempre me fijo mucho en cómo es la puesta en escena... A veces quisiera simplemente recibir cosas y a veces lo consigo pero la deformación profesional me puede.

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