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"La vida enseña a esconder y arrastrar nuestras miserias"

  • La escritora esconde 'Bajo la alfombra' (Visor) las ruinas y las miserias que rodean diariamente la vida cotidiana mezclando la búsqueda y la pérdida

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Existe la imagen tópica de que debajo de la alfombra se esconde la suciedad y los desperdicios que la pereza impide tirar a la basura. Ángeles Mora prefiere ocultar bajo la moqueta poemas que calan en el lector como gotas de agua, como un auténtico aguacero. Pero aún así, y pisando charcos, la tinta permanece indeleble.

-¿Qué hay bajo su alfombra?

-En mi casa no hay ni una sola alfombra. Sin embargo, puedo decirte que bajo la alfombra de las páginas de mi libro se esconden, metafóricamente, las ruinas, las miserias que envuelven y rodean diariamente nuestra vida, como el polvo que flota en el aire o las moscas que revolotean, pesadas, a nuestro alrededor. Es lo primero que nos enseña la vida: convivir con nuestras debilidades e impotencia, soportar la pesadumbre de no hacer, ni decir ni ser lo que queremos o cómo queremos. La vida enseña a esconder y arrastrar nuestras miserias.

-La portada del libro es obra de Juan Vida. También se encargó del libro de poemas de Joaquín Sabina. A Sabina le dibujó unas gaviotas, a usted mosquitos...

-No son mosquitos, son moscas. Yo las nombro explícitamente en mi poema Bajo la alfombra. En la ilustración de Juan Vida, antes de que el diseño editorial la empequeñeciera, las moscas se veían de tamaño natural, revoloteando, insistentes, como ellas saben, alrededor de la mujer que se inclina sonriendo para mirar bajo la alfombra. Juan Vida es así de genial. Ha conseguido mirar bajo la alfombra de mi libro a través de los ojos divertidos o traviesos y la risa abierta de una mujer, que quién sabe lo que ha escondido bajo ella… Estoy muy satisfecha de la ilustración de Juan Vida. Crea expectación.

-El primer capítulo 'De poética y niebla' es un homenaje a la poesía. En 'divinas palabras' dice "que el bien era del poder, el mal de los que no tienen nada". ¿Es Mefistófeles el gran incomprendido de la historia?

-Sí… de la Historia Sagrada, que es una fuente inagotable para la imaginación y una manera mágica de explicarlo todo. El árbol de la ciencia del bien y del mal era el árbol prohibido, el conocimiento era el fruto prohibido. El demonio en el Paraíso se enroscó al árbol de la ciencia para tentar a Eva ofreciéndole la manzana del saber. Tal vez el demonio maligno sólo intentó quitarle a nuestros primeros padres la venda de los ojos. Se la quitó desde luego, pero al morder, Adán y Eva sufrieron ante todo el poder divino. Se vieron desnudos y míseros… y recibieron el inevitable castigo: inmediatamente fueron expulsados del Paraíso, pues tras conocer el bien y el mal había que evitar que quisieran también comer del árbol de la vida eterna... Desde entonces la miseria y las injusticias del mundo son consecuencia de la culpa original. Y el demonio-serpiente se arrastra humillado. Mefistófeles siempre pierde.

-En su primer poema dice : "es sólo -siempre- la pregunta, que me arrastra al poema". ¿Prefiere una buena interrogante a una gran respuesta? ¿Qué respuestas prefiere seguir desconociendo?

-En el primer poema digo que la poesía no existe sino en el poema concreto que escribimos, que la poesía no es algo previo al poema. Antes de escribirlo existe la inquietud, la pregunta que busca respuesta en el poema. Por eso escribimos, para responder a tantos interrogantes que nos plantea el hecho de estar vivos. Las respuestas están dentro de las preguntas, por eso lo importante es hacernos buenas preguntas, no puede existir una respuesta acertada para una cuestión mal planteada. En cuanto a la segunda parte, prefiero ignorar esas respuestas mentirosas que pretenden justificar el dolor y el mal del mundo como algo inherente a la naturaleza humana y no se preocupan de encontrar las verdaderas causas estructurales, lo que se mueve por debajo, el sistema de vida que nos construye así.

-El segundo capítulo, 'De poética erótica', es más un tratado de la pérdida, un ritual de búsqueda...

-Se puede decir que todo el libro está escrito desde la pérdida, pero en esta parte recojo una serie de poemas de amor, de deseo. Unos escritos desde el recuerdo erótico, otros quieren atrapar el presente, dejarlo vivo en el papel, quizá "para no olvidar", como se titula uno de los poemas. Tal vez ese "ritual de búsqueda" de que tú hablas es inherente a nuestra vida, a todos los aspectos de nuestra vida. El amor es búsqueda, desde luego, y encuentro. Y también pérdida, claro está, inevitable.

-En el poema 'Siempre' afirma: "compartir lo que no vemos, eso nos une". Hasta las elegías tienen un trasfondo oscuro.

-Bueno, el amor es una conquista diaria, y las pérdidas de la vida también se comparten y también nos unen al ser amado. Se comparte todo lo que la vida nos va dejando ganar y lo que nos va quitando. Cuando se encuentra a la persona con quien compartir tu vida, te sientes unida a ella por miles de sutilezas, cosas dichas y no dichas: las aspiraciones que sabes imposibles, los sueños y esperanzas, los fracasos y los logros. También encuentras en esa persona zonas oscuras, adivinas luces a las que nunca puedes acceder... y todo ese misterio también une. El poema Siempre es elegiaco en este sentido. Quizá por eso te deja al leerlo esa sensación de tristeza o de pérdida. Este no es un libro complaciente. Es un libro escrito desde el interior de nuestra oscuridad, desde la conciencia del mundo injusto, tan sangrantemente injusto, en el que vivimos. Esa conciencia muchas veces te produce impotencia, pero también te incita a no cerrar los ojos, a mirar, cara a cara, la noche en que vivimos para intentar salir de ella.

-"La serenidad sólo finge que llega". ¿Qué le sigue martilleando la cabeza a través de los años?

-Es un tópico decir que uno se siente joven por dentro, a pesar de las marcas externas que te va dejando el tiempo. Es un tópico, pero los tópicos siempre tienen algo -o mucho- de verdad. Porque en el fondo, uno sigue teniendo la misma rebeldía, incluso violencia, ante las cosas que no nos gustan, el mismo deseo de cambiar la vida. No creo que el paso del tiempo "destruya los ideales de la juventud", que es otro tópico que circula. Lo que pasa es que la historia no se escribe a la velocidad de nuestra vida, son muchas las vidas que la van escribiendo. Yo creo en la historia que vendrá y mis palabras viven o cobran vida en ese sentido.

-"Casi me parece una profanación respirar la luz, beber el aire, pisar el rastro de su ausencia". ¿La muerte de un ser querido es el definitivo máster en la vida, la consagración vital?

-Se puede decir que sí. La muerte nos enseña la vida. Pero la vida está llena de muerte: "Para vivir un año es necesario/ morirse muchas veces mucho", decía Ángel González, refiriéndose a las muertes interiores que sufrimos cada día. Es la lucha diaria entre la pulsión de vida y la de muerte. La muerte de un ser querido te deja lleno de su ausencia y también lleno de su vida, que en cierto modo te acompaña siempre, nunca se va del todo.

-¿Qué ha encontrado en sus 'Caminos de vuelta'?

-Nunca vamos de vuelta. La vida no tiene marcha atrás. Pero realmente existe la sensación de "estar de vuelta". Los años te dan experiencia y cierta sabiduría… aunque uno sigue tropezando en donde menos lo espera. Pero resulta que poco a poco se va abriendo paso en ti una idea maliciosa que no te abandona, que te hace sospechar que has llegado o estás llegando a la cumbre de la vida y que ahora sólo te queda bajar la otra ladera. No hay duda de que la madurez te trae otra percepción de las cosas. Pero me niego a no seguir esperando algo nuevo. En mis caminos de vuelta voy recogiendo tristezas y alegrías, como siempre.

-¿Qué le parece la idea de un ateneo libertario como réplica a la Academia de las Buenas Letras que proponen Álvaro Salvador y Luis García Montero?

-No tiene por qué considerarse una réplica. Son compatibles, ¿por qué no? Todo depende de cómo se plasme luego la idea. Yo sé que se está trabajando con ilusión en el proyecto. Todo lo que sea abrir nuevos foros o lugares de encuentro creo que es positivo. Es otra posibilidad cultural para la ciudad.

-¿Trabaja como columnista en tiempos de opiniones de quita y pon. ¿Se puede tener una opinión para todo como parece que tienen los profesionales de la columna? ¿Qué límites se impone?

-Las opiniones sólo son eso: opiniones. Vivimos tiempos convulsos. La columna me obliga a estar más pendiente de lo que pasa a mi alrededor. Y ese "mi alrededor" es muy amplio, porque nuestro mundo se ha globalizado de una manera brutal. Sufrimos oleadas de información -que a menudo es pura desinformación interesada- y realmente nos sentimos superados e impotentes. No se puede ni se debe opinar cuando no se tiene formado un juicio. Opino sobre las cosas que más me afectan. ¿Límites? Sobre todo no ser irrespetuosa con nadie.

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