Letras hoy

Las vidas de los otros

  • La celebración del 150 aniversario del nacimiento de Joseph Conrad propicia la reedición de libros del autor de origen polaco y la aparición de una soberbia biografía escrita en profundidad por John Stape

En una época en que se está extendiendo cierta 'tortícolis cultural' -esto es, un grave impedimento para girar la cabeza a los lados o hacia atrás, atrapados como estamos por lo de delante e inmediato-, la celebración de efemérides se ha convertido en una de las escasas argucias para releer, repasar y recuperar algunos nombres del ayer que, de otro modo, se hundirían aún más deprisa en las ciénagas del olvido. Las efemérides permiten reconstruir la ciudad literaria y desmentir a quienes creen que la literatura son sólo azoteas, sin cimientos ni plantas bajas, o deslumbrantes escaparates, sin trastiendas ni almacenes. No niego que ciertas conmemoraciones estén traídas por los pelos pero, qué quieren qué les diga, no me importa correr el riesgo. Cualquier esquinado aniversario permite atender a voces del pasado tan atractivas como las de la actualidad, si no más. De no ser por estas ventanas al ayer, hoy, también yo estaría sujeto al último superéxito de Carlos Ruiz Zafón y, seamos sinceros, me apetecía infinitamente más este otro libro que traigo bajo el brazo.

La celebración del 150 aniversario del nacimiento de Joseph Conrad dejó, hace unos meses, varias piedras preciosas que añadir al tesoro de nuestra biblioteca: por un lado, una nueva traducción en Mondadori, tan necesaria, de una de sus novelas más emblemáticas: Lord Jim (1900); por otro, el lanzamiento de la última y más reputada biografía de aquel escritor de origen polaco que hizo suyas la lengua y la nacionalidad de Shakespeare (una elección que le granjearía enemistades y la acusación de 'traidor' entre sus compatriotas). John Stape, como él mismo reconoce, parte con ventaja respecto a otros biógrafos: Las vidas de Joseph Conrad no es un volumen más en la bibliografía conradiana; Stape ha podido acceder a toda la correspondencia superviviente del biografiado, así como a diversos archivos abiertos sólo en fechas recientes, y puede permitirse separar el grano de la paja, y los hechos de su mixtificación, con mayor contundencia que sus precursores. Obligado a capear las leyendas generadas por la figura de Conrad (muchas de las cuales, él mismo alimentó en vida), Stape parte de una admiración sincera, no de la idolatría, y su libro contribuye a un mejor conocimiento del hombre, sin devenir alimento del mito.

Stape describe con acierto una época y se mueve con soltura a través de las permanentes idas y venidas en que aquél transcurrió su existencia, desde su Polonia natal (que no era un Estado independiente cuando él nació, en 1857) hasta su madurez en Inglaterra, pasando por sus varias singladuras como navegante, observando su experiencia en el mar con rigor analítico, sin fulgor aventurero, e insistiendo en detalles significativos, como el que Conrad, a pesar de haber alcanzado el rango de capitán, trabajara casi siempre en cargos subalternos, en escalafones inferiores en la jerarquía, por debajo también de sus méritos. A día de hoy, la biografía arroja toda la luz posible sobre la cotidianidad de un hombre cuya extrema lucidez no le ahorró nunca traspiés ni malos tragos (al contrario, esa lucidez se encargó de subrayárselos). El mundo es ancho, ajeno y a nadie reconoce como hijo. A finales de 1897, abandonada la carrera de marinero por la de escritor y abandonados los océanos profundos por las páginas en blanco, Conrad escribió a un amigo: "El futuro es tan misterioso como siempre, y cualquier felicidad añadida es otro terror añadido a la vida. A veces, pienso que estoy persiguiendo un ignis fatuus que inevitablemente me llevará a la destrucción; otras veces trato de no pensar. Y todo el tiempo me esfuerzo en escribir".

Consciente de que siempre cabe aprender algo de las vidas de los otros, John Stape convierte su libro en un apreciable vehículo de conocimiento: su aproximación a un hombre en concreto es un acercamiento al ser humano en general. Un escritor excepcional merecía sólo un trabajo notable como el presente.

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