El vídeo del viaje de papá y mamá

Xiaolu Gu vuelve a Cines del Sur tras el martirio chino al que en 2007 nos sometió con How Is Your Fish Today?. Esta vez no ha dolido tanto. Sin los ego trips del guionista Rao Hui, la directora se limita a hacernos la típica encerrona para las visitas: ¿Habéis visto el vídeo del viaje de papá y mamá por Europa?. Del Dogma siempre me molestó que al sufrido espectador se le obligue a ver sólo grano en escenas sin iluminar y apechugue con que es una forma de trasgresión formal. We went to wonderland tiene momentos de una calidad visual deplorable, dado que parte del metraje está rodado con una cámara fotográfica -hablo sólo de la textura de la imagen, la edición sin embargo es excelente, como lo es la música-. No me quejaré si la directora me paga la cuenta del oculista.

Xiaolu Gu se lo sigue creyendo y recurre de nuevo al viaje para sus postulados de baratillo pero ha aprendido a desarrollar una refinada ironía sobre las diferencias culturales y la condición de extranjeros en cualquier parte a la que nos condena un mundo globalizado. Esa ironía a ratos la pone la directora, en los cartelones que emplea a la manera del cine mudo o la llamada telefónica final, y otras veces son aportaciones del padre, que se mueve con la desorientación cándida de un Tati.

No es más que el viaje por Inglaterra, Francia e Italia de los padres de la directora, con todo su anecdotario de vida cotidiana; es un vídeo doméstico -con insertos fotográficos de China- pero cargado de intencionalidad. Estamos ante turistas, no viajeros, que piensan que el Coliseo es una plaza de toros y se quejan de que la fiebre constructora en China esté sepultando la Historia, pero se muestran indiferentes hacia la Historia europea. El padre es un hombre culto -represaliado como intelectual durante la Revolución Cultural- que en su viaje para conocer mundo antes de morir camina con los ojos bien abiertos. Es crítico con Occidente pero también con su país. La madre, mujer sin formación, se reafirma en la creencia de que en ningún sitio como en casa. La operación de cáncer de garganta que impide al padre hablar y le obliga a comunicarse mediante notas escritas y la verborrea insulsa de la mujer son metáforas sencillas pero eficaces de la incomunicación y de las barreras lingüísticas.

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