Ciencia hoy

Los vínculos de arte y locura

  • Un estudio científico de la UGR en el Hospital Virgen de las Nieves confirma la utilidad de la arteterapia para el tratamiento de enfermedades mentales

Ver una mariposa en una mancha de pintura no quiere decir nada. Puede ser algo alegre o el símbolo de la tristeza más absoluta. Los márgenes de la cordura traspasan las supuestas interpretaciones racionales de forma que la pintura no puede servir nunca como diagnóstico, en todo caso como guía, como catalizador de un determinado estado de ánimo. Ésta es una de las conclusiones de un estudio de la UGR que confirma la utilidad de la arteterapia para el tratamiento de enfermedades mentales.

Como explica su autora, Elizaberta López, "nunca voy a interpretar una obra de arte porque es únicamente su autor el que puede explicar su sentido último. Sí es verdad que aparecen sus conflictos, sus miedos o sus esperanzas", pero ocurre con el resto de los mortales. A veces, "en pleno proceso de depresión, un enfermo mental puede pintar con colores muy llamativos" pero es imposible buscar una explicación al arte o una solución tan evidente a la locura. "No hay un tipo de arte específico de los esquizofrénicos... sólo es un tópico apoyado en nuestra cultura visual, en la leyenda o el mito del artista genio y loco".

Para llevar a cabo su investigación, la licenciada en Bellas Artes y doctora en Pintura por la Universidad granadina trabajó durante más de un año con unos veinte enfermos mentales agudos pertenecientes a la Comunidad Terapéutica del Área Norte del Hospital Virgen de las Nieves de Granada. Los asistentes (o "clientes", como se les llama) participaron de manera voluntaria y versionaron cuadros de los grandes maestros de la Historia del Arte: Modigliani, Munch, Dalí, Rodin o Van Gogh.

Estructurado en dos partes, el taller comenzó con una primera fase, muy libre, "en la que cada uno se sentaba en una gran mesa llena de papeles para liberar su lenguaje artístico". En el segundo ciclo, trabajaron con caballete "en un proceso muy intenso. Cada una de las personas que asistía comenzaba a descubrir sus propios recursos y una realidad que era posible ver de otra manera, mucho más allá de su enfermedad". Fueron capaces en ese momento de decidir cosas y opinar, "que es lo que menos se les permite a los enfermos mentales".

Tenían un diagnóstico diferente, por eso fue imposible establecer una dinámica previa. "Cada uno tenía unas inquietudes y yo me encargaba de la parte que no enferma de la persona"-explica la licenciada en Bellas Artes-. "Dentro de la estructura psíquica hay una parte sana, y ése es el territorio desde donde hemos trabajado". Para ello, Elizaberta López les proponía múltiples obras artísticas de diferentes autores y ellos eran los que elegían. "Me pedían mucho a Dalí, por ejemplo".

La investigación, basada en los principios del psicoanálisis, parte de una premisa principal: toda obra de arte es un signo que se configura como rastro vital, y su materia fundamental, la humanidad del ser que deja su huella en el mundo. "A través de diferentes materiales, actividades y dinámicas artísticas con fines terapéuticos, se producían cambios favorables. Movilizaban el concepto de realidad de cada uno, accedían al conocimiento sobre sí mismas".

Para ellos, no se trataba de un estudio o una investigación, sino de un taller de pintura que les sirvió para verbalizar lo que sentían, para comunicarse. "Algunos de los integrantes del equipo clínico que se ocupaba de ellos se sorprendía porque gracias al proceso del arte hablaban por primera vez de ciertas cosas", explica.

La reconstrucción de su posición en el mundo les hizo sentir que "eran mucho más que un objeto que es traído y llevado, mucho más que una persona con la etiqueta de enfermo mental". Todo, gracias al espacio que les ofrecía el arte y en el que pudieron detenerse, elaborar, saber qué deseaban, qué tenían, cuál era su lugar...

López considera vital desarrollar este tipo de talleres en hospitales de una forma permanente puesto que supone una ayuda fundamental. "Cuando trabajé con ellos, vi claro que muchas de las cosas que encarnaban no eran más que mis mismos problemas vistos con lentes de aumento. Cualquier problema laboral, por ejemplo, se convierte en un objeto persecutorio. Imagina eso multiplicado por diez". "El desequilibrio lo tenemos todos. Una de las asistentes me decía: '¿cómo no voy a estar loca en este mundo? Sería tonta con todo lo que pasa".

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