Una visita al Barranco de Víznar antes de actuar ante Carmen Polo

Uno de los últimos que visitaron a Pilar López fue el poeta granadino Juan de Loxa. Fue el pasado Domingo de Ramos y De Loxa le recitó la Baladilla de los tres ríos. Ella, ya muy enferma, sólo respondió "Juanito, mi amor". No era una canción escogida al azar. Precisamente la bailó en Fuente Vaqueros en 1980, una vez ya retirada de la danza. Antes había recorrido España con su Baladilla acompañada del granadino Manuel Cano.

Comenzó cobijada en las faldas de su hermana, la para siempre lorquiana Argentinita, pero actuando al principio como cantante y bailarina.

Y la gris dictadura no pudo con ella ni con su devoción por Federico. En un libro de Vicente Molina Foix en el que entrevistaba a intelectuales de más de ochenta años, estaba Pilar López para decir: "Si me hubieran prohibido algo me hubiera ido definitivamente de España". Incluso en los cincuenta, en el Teatro Fontalba, puso el nombre de Federico García Lorca a tamaño gigante. Y en Granada, en los cincuenta, tras actuar en el Festival de Música y Danza con Carmen Polo entre el público -la esposa del Generalísimo-, contrató al chófer de la familia Lorca para que la llevara Víznar. Una foto de ella junto a Luis Caballero en el Barranco de Víznar da fe de esta osadía. Pero antes del inicio de la Guerra Civil se fue de España vía Orán. De hecho, la Argentinita nunca quiso que Lorca fuera a su casa de Granada y pretendía que fuera con ella a Bilbao para escapar de España.

En Granada, en los cincuenta, frecuentaba la peña de Manuel Salamanca, un relojero aficionado al cante, donde tras los festivales, tomaban vino, cantaban y se lo pasaban estupendamente. Pilar López será enterrada en un mausoleo de mármol blanco que compró para su hermana y que pagó con una gira por América. Un buen día, ya mayor, cuando fue con unas flores a la tumba de La Argentinita, topó con una gitana vestida rigurosamente de negro y le propuso bailar en memoria de sus difuntos. "Es que estoy enterrando a mi papa", le objetó la gitana. "¿Y qué mejor que bailarle a nuestros seres queridos", le respondió Pilar. Así que, momentos después, lejos de las miradas, bailaron.

Pilar López adoraba al bailaor granadino Juan Andrés Maya y decía que llegaría a ser una grandísima figura. En una ocasión, la duquesa de Alba la llamó para que fuera a ver bailar a Juan Andrés en el Café de Chinitas. Allí se presentó, escondida en un rincón, y no dejó nunca de elogiarlo, parabienes que, en su caso, nunca eran gratuitos.

Y fue maestra hasta el último momento. Adoraba a Lola Greco, le atraía la raza de Mariquilla y El Junco era, de los jóvenes, el que más le gustaba. Daba siempre palabras de aliento, pero la crítica era siempre implacable por su exigencia artística, por honestidad del artista con el público.

Siempre que podía se metía en las cuevas del Sacromonte. Hay incluso una foto de ella en la cueva de María la Canastera en la que aparece junto a Imperio Argentina. También mantuvo una relación especial con Juan de Loxa y con la Casa-Natal de Lorca en Fuente Vaqueros. La última vez que bailó en Fuente Vaqueros, ya en los noventa, fue con una canción popular, El cabrerillo, cuando comenzaron las mujeres del pueblo a cantarla y ella se subió al escenario del Centro de Estudios Lorquianos de Fuente Vaqueros con la espontaneidad con la que siempre se conducía en la casa de Lorca. Además, el Festival de Música y Danza organizó en 2002 una gran exposición, Los ballets españoles de Pilar López y La Argentinita, el mismo año que le dieron la Medalla de Oro del Festival.

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