Al volante y a cara o cruz

  • Llega a la cartelera la aclamada película de Nicolas Widing Refn 'Drive', el último estandarte del cine independiente estadounidense, deudor tanto del primer Martin Scorsese como del cine de acción de los 80

Las emociones que siente un ser humano al volante ya son difíciles de definir. Dependiendo del vehículo, aquél que lo conduzca sentirá prepotencia frente a los demás, ya sea por la cantidad de dinero invertida en él, o la cantidad de mimos y tiempo que le ha regalado. Otros, sin embargo, adaptan sus manos a la palanca de cambios, y tanto máquina como ser humano se convierten en algo unipersonal. A 200 kilómetros por hora, probablemente, ni se piense en emoción alguna. Drive, cinta que llega hoy a las salas de toda España, no maneja dilemas morales de esta clase. La persecución automovilística toma otra definición, cuando su conductor no parece volcarse sobre nada más.

El aclamado realizador Nicolas Widing Refn dirige a Ryan Gosling, quien interpreta al driver de esta cinta, que homenajea de manera intimista y sangrienta al cine negro de los años 80. Este conductor vive del riesgo, de día como especialista de cine y de noche como chófer de atracadores, pandilleros y maleantes de toda clase, que puedan pagarle lo suficiente. La adrenalina parece servirse en pequeñas dosis para las personas corrientes, y para nuestro protagonista, es el sinónimo de vida. Envuelto en despreocupación y frialdad, los problemas que le rodean poco hacen más que resbalarle, y sólo piensa en que llegue la noche para recorrer las calles de Los Ángeles, y contemplar como el neón le abre paso a su doble vida.

Lejos de situarse como un blockbuster de acción a raudales, Drive es la muestra de cómo el cine independiente no engloba sólo filmes sobre la transgresión sexual y demás, sino que también pueden hacerse reflejos del respeto que tienen tantos cineastas hacia los legados de otros tantos realizadores.

Existen legados que se pueden retomar, y otros son (y serán) inaccesibles a nuestra parrilla de directores actuales. En la primera línea de realizadores, es decir, aquéllos que resuenen entre Christopher Nolan, David Fincher y Edgar Wright, existe un afamado intelecto que les ha convertido en lo que hoy son. Pero las influencias de sus obras son evidentes, como puede ser el concepto de ciencia ficción noir (Ridley Scott y Blade Runner) en el caso de Nolan.

Hablando de Drive, la figura que viene a la mente es la del incomprendido y solitario taxista nocturno, uniformado con una chaqueta de cuero y alimentado con pastillas de menta. Travis Bickle (Robert De Niro en Taxi Driver) es el modelo que Winding Refn adapta a los tiempos actuales, rodeados de mucha más violencia de la que Scorsese podría haber reflejado en su tan gloriosa epopeya social. En cierto modo, Refn y Gosling se dirigen a lo mismo que tantean sus compañeros como Tony Kaye (American History X): noches que sólo podrían existir en las mentes de los más perturbados, que llegan al mundo real plagadas de brutalidad y frialdad, donde no cabe ninguna emoción, salvo la de sentir el cañón del revólver que te apunta a la cabeza.

Esta esencia del cine negro, aquel que retrataba a la sociedad como un pozo de incertidumbre, a punto de caer a los infiernos, es lo que lleva al driver a ver el mundo con otra perspectiva, y lo convierte en un ser que no se molesta en preocuparse por un mundo en decadencia.

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