Un volumen recoge 450 cartas del pintor Juan Gris

  • Una decena de las misivas del artista cubista son inéditas

Más de 450 cartas de Juan Gris, una decena de ellas inéditas, se incluyen en el libro Correspondencia y escritos, a través del cual se rompe el mito difundido por Picasso de hombre gris y muy teórico. María Dolores Jiménez-Blanco, autora de la edición del volumen, señala que a través de estas cartas se descubre no sólo al pintor, sino también a la persona y a alguien que está al tanto de la evolución artística en España.

El propio Gris, añade Jiménez-Blanco, cuenta en primera persona "la vida de un artista en esa época y la promoción comercial del cubismo, primer movimiento artístico que se vende en el mercado, y las penurias económicas y morales que pasaron muchos pintores en el París de la Primera Guerra Mundial".

La editora e investigadora de la Universidad Complutense ha reunido "todas las cartas posibles", que son más del doble de una edición anterior parcial que se hizo en 1956 en Londres, y para ello se ha basado en los originales franceses y en las cartas españolas, depositadas en el Instituto Getty de Los Ángeles (EEUU), en París y en bibliotecas españolas.

Uno de los temas que emergen en el volumen, publicado por Acantilado, es "el impacto tremendo que tiene en los artistas" la Primera Guerra Mundial, que coloca a Gris en una "situación incómoda", pues "como español no puede participar, pero tampoco puede volver a España por ser prófugo -no había realizado el servicio militar-".

La contienda europea fue también "un desastre económico" para Gris porque se interrumpió la relación con su marchante, el alemán Daniel-Henry Kahnweiler, que representa "su sustento económico" y también era "su promotor, agente y casi padre espiritual".

No sólo Gris se vio afectado por la guerra, sino en general todo el cubismo, anota Jiménez-Blanco, pues en París era visto con recelo como "un arte extranjero hecho por españoles y con marchantes alemanes".

Respecto a la correspondencia con Picasso, se deduce, precisa la especialista, "una relación desigual": "Juan Gris trata al malagueño como su maestro y habla de él con admiración, pero se entrevé que hubo una situación tensa entre ambos".

El propio Pablo Picasso fomentó la imagen de un artista "gris, excesivamente preocupado por la teoría y el aspecto científico del arte, y eso se acabó convirtiendo en un tópico".

Para Jiménez-Blanco, "Gris no era gris: era muy rico, muy complejo, en contacto con todo el mundo, estaba en el centro de lo que pasaba en París y, además, muy informado de lo que ocurría en el arte español, más de lo que pensábamos, como denota su correspondencia con los españoles María Blanchard, Gerardo Diego o Guillermo de Torre".

Entre las cartas publicadas, Jiménez-Blanco ha localizado una decena de misivas inéditas enviadas al crítico y poeta catalán Junoy, que "ponen en conexión a Gris con la vanguardia barcelonesa y la famosa exposición cubista de las Galerías Dalmau de 1912".

Junoy fue "el primer crítico de la obra de Gris y además -recuerda la editora- quien le alentó a dejar la caricatura para que se dedicara a la pintura".En sus textos teóricos, también incluidos en el volumen, se contempla a un Gris que pretende "ordenar y dar base intelectual al cubismo, y que concilia cubismo con clasicismo".

Aunque Gris no cree en la abstracción, piensa que siempre tiene que haber una referencia figurativa, sin que ello quiera decir que pinte la realidad tal como es. "Gris parte de la geometría para llegar a una representación de la realidad, que es lo contrario de lo que decía Cezanne y pone un ejemplo: A partir de un cilindro hago una botella", destaca.

Jiménez-Blanco atribuye la escasa proyección de Juan Gris en España porque "tuvo una vida y una obra muy corta, y su pintura se reduce a unos quince años".

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