"No voy a pedir perdón por vender libros"

  • La periodista y escritora madrileña, que se ha convertido en una de las autoras más leídas del país, se sumerge en su nueva obra en el conflicto entre Oriente y Occidente

"Soy espía y tengo miedo". Con estas palabras comienza la historia de intriga de la nueva novela de la escritora Julia Navarro, best seller con La Biblia de barro y La Hermandad de la Sábana Santa. Tres fenómenos históricos se cruzan para narrar el conflicto entre Oriente y Occidente en La Sangre de los Inocentes: "No es una novela religiosa, habla de las distintas manifestaciones del fanatismo y la violencia".

-¿Cuándo decide una periodista escribir una novela?

-La novela llega por una confluencia de casualidades. El caso de La Hermandad de la Sábana Santa surge de una noticia que leí en el periódico y despertó mi imaginación. En ese momento, un mes de agosto en plenas vacaciones, cuando disponía de mucho tiempo, decidí ponerme delante del ordenador y escribir una novela. Lo hice sin saber siquiera que me la iban a publicar, porque estaba acostumbrada a escribir libros sobre política. Mi sorpresa fue que se publicó y que en 15 días se posicionó como número uno en ventas.

-En un momento de auge de novelas históricas como 'El Código Da Vinci' pudo ayudar al éxito de su libro...

-Yo creo que no. La novela histórica siempre ha estado allí. El Código Da Vinci es un fenómeno y ha marcado un antes y un después. Creo que La Hermandad de la Sábana Santa era una novela de intriga, un thriller de aventura con un trasfondo religioso muy de telón de fondo. Todo el boom del Código tanto me benefició como me perjudicó, ambas cosas.

-¿Existe algún paralelismo entre sus novelas y el Código Da Vinci?

-Nadie que haya leído mis novelas las puede comparar con el Código Da Vinci. Hay un intento de hacer ese paralelismo, pero yo no me meto en ese saco. Hay gente que hace descalificaciones sobre libros que no leen. Creo que dentro del género hay libros buenos, malos y regulares. ¿A qué se le llama literatura mayor o menor? Existe un enorme prejuicio por parte de algunos intelectuales que piensan que todo aquello que se vende es de mala calidad. Una forma arrogante y soberbia de decir que todos los demás son idiotas. Y aquello que es absolutamente extraordinario es lo que leen unos pocos. Es una actitud soberbia y arrogante. Obras como El nombre de la rosa de Umberto Eco han vendido millones de ejemplares en todo el mundo, ¿alguien se atrevería a decir que es una mala novela? No voy a pedir perdón por vender libros, sino que voy a dar las gracias a los lectores por comprarlos.

-Su última novela hace alusión a los asesinatos cometidos a lo largo de la historia por causa del fanatismo religioso. ¿Cómo surgió la idea de escribir sobre el conflicto de Oriente y Occidente?

-La Sangre de los Inocentes nace en las páginas de los periódicos. Sin duda, la actualidad está ahora mismo marcada por el integrismo islámico y el enfrentamiento entre Oriente y Occidente. Aunque también es justo añadir que el fanatismo religioso no es ninguna novedad, existe desde que existe el hombre. El hecho de que el ser humano, casi por naturaleza, sienta la necesidad de imponer su propio Dios al resto, y que mate en nombre de sus creencias religiosas, me provoca auténtico horror. Me sobrecoge. Pero a la vez no me he podido resistir a que sea el tema central de mi nueva novela.

-La religión es uno de los ingredientes que forman parte de todas sus novelas...

-Todos mis libros tiene un trasfondo. Con La Hermandad de la Sábana Santa quise hablar del poder en la sombra, le gente que puede llegar a mover los hilos sin un poder democrático. La Biblia de barro era una novela en contra de la guerra y esta última rechaza el fanatismo y la violencia. Pero en ningún momento trato de hacer novelas religiosas, La sangre de los inocentes tiene una finalidad y es ver tres manifestaciones distintas situadas en tres momentos diferentes: la persecución de los cátaros por parte de la Inquisición; el genocidio judío a manos del fascismo; y el enfretamiento actual entre Oriente y Occidente .

-Alguna vez ha dicho que 'La sangre de los inocentes' la considera su mejor novela. ¿Por qué?

-La escribí en una circunstancia especial. Cuando falleció mi madre, intenté poner lo mejor de mí para dedicárselo a ella. Aunque los críticos puedan decir todo lo contrario. Cada novela es una conquista: que te haya ido bien con una no significa que te vaya ir bien con el resto. La primera fue traducida a 30 idiomas, la segunda llegó a 27 países y mi tercera tiene interesados como China.

-Acostumbrada a la velocidad que hay en la redacción de un periódico, ¿cómo se enfrenta a una novela?

-Son profesiones que combino, no abandono el periodismo, pero sí es verdad que no puedo estar al pie de la actualidad. Ser periodista es algo que me ayuda a la hora de escribir y saber hacer llegar al público un mensaje. El oficio del periodista es un valor añadido y un privilegio: estar en la primera fila de lo que pasa y poder contarlo. Pero la novela te permite hacer volar la imaginación, una cosa que no puede hacer el periodista.

-El vértigo de la página en blanco, ¿dónde se lleva peor en la prensa o en un nuevo libro?

-Escribir es como respirar para mí. En el caso de mis novelas, cuando me siento a escribir ya sé cómo empieza y cómo termina. Sé qué va a pasar porque lo tengo mentalmente escrito. Lo de hacer columnas es como beber agua.

-¿Hay algo que le le haya dicho algún lector sobre su última novela que le haya conmovido?

-Como anécdota diría que una vez recibí un email de una lectora estudiante de selectividad que llegó a decirme que por mi culpa iba a supender. Y es que, al empezar a leerlo, confesó no poder parar hasta terminarlo. Después de todo espero que haya aprobado. La experiencia más fea, que me dejó con mal cuerpo, fue cuando un hombre por la calle me dijo: "Roja, te odio".

-¿Tiene algún proyecto futuro entre manos?

-Sí, mi cuarta novela, pero no voy a desvelar nada por el momento, ni mi editor sabe nada de ella.

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