Letras hoy

A vueltas con la novela negra

  • Bolívar Galiano desentraña en su 'Autopsia de la novela negra' todas las claves del género l A través de 'El presidiario y la viuda' plantea los elementos esenciales para construir un relato criminal

Autopsia de la novela negra es una de esas cajas chinas que encierran una cajita más pequeña en su interior que esconde otra aún más pequeña que… En principio, el libro de Víctor Bolívar Galiano es un manual; el subtítulo no deja lugar a dudas: Todo lo que necesita saber para escribir género negro. No obstante, el comentario de ciertos elementos imprescindibles para la construcción de un relato criminal verosímil se hace por medio de una novela oculta que ocupa la práctica totalidad del volumen: El presidiario y la viuda. Dentro de esta novela, en capítulos que dicen estar extraídos del cuaderno de apuntes del doctor Demetrio Barea, se incluyen una veintena de digresiones sobre cuestiones como el levantamiento de un cadáver, las diferentes formas que presentan las heridas según estén causadas por armas de fuego o por golpes, la vida en las cárceles, las mafias, las pruebas de ADN, etc. Nuestra glosa, pues, debe hacer una valoración de la propuesta, de la solvencia de esa novela enclaustrada y de la enjundia de estos consejos.

La primera cuestión aprueba con sobresaliente. No hay manera mejor para analizar los mecanismos de la ficción que meter al lector dentro de dicha maquinaria, llenarle las manos con la grasa del motor, obligarle a oler el tufo de la combustión; en fin, subirlo al coche en vez de enseñárselo. A propósito de la novela El presidiario y la viuda los adjetivos también son de signo positivo. La trama no es un dechado de originalidad, pero es que en ningún momento pretende serlo y, en el plano del terreno conocido, es un relato no exento de maña. El protagonista es médico -como el propio Bolívar Galiano-, un médico interesado por la criminología y metido a detective de manera accidental; Demetrio Barea ejerce en una cárcel y allí entabla amistad con (e intenta sacarle las castañas del fuego a) un recluso, Eloy Santana, un buen tipo acusado del asesinato de un hombre y enamorado de la viuda que dejó el finado antes de que éste se fuera al otro barrio; Santana es la víctima propiciatoria de una intriga que va dosificando, con pretensiones ejemplares, revelaciones y retorcimientos.

En la introducción a Autopsia de la novela negra, Víctor Bolívar Galiano, médico pediátrico además de escritor, confiesa: "Alguien, a quien no guardo rencor, me dijo que un pediatra no era el más idóneo para teorizar sobre género negro. "Este libro, en cambio -añadió ese alguien- sería un éxito si lo escribiese un pederasta". Por desgracia, ese anónimo consejero tenía razón en lo del éxito; se equivocaba, no obstante, en la idea de base. No es preciso entrar en el mundillo criminal para reconstruirlo: en fin, no necesito empuñar una pistola para contar cómo otro la empuña (cosa bien distinta sería pretender describir cómo la monta o desmonta sin haber visto siquiera un plano de ésta). Dante no tuvo que descender a los Infiernos, escalar el Purgatorio o ascender a los Cielos para escribir La Divina Comedia; le bastó con crear unos mundos ultraterrenos admisibles y setecientos años después su obra no ha perdido un ápice de fuerza. No niego que un conocimiento de primera mano sea una ventaja; digo que no es una condición sine qua non para ponerse manos a la obra. En esto de la ficción no es obligatorio haber vivido lo que se narra; lo imprescindible es haberlo sentido.

El bloque documental, el que se refiere a aspectos médico-legales relacionados con el crimen, también tiene su mecachis, aunque la atención se centra casi en exclusiva en el homicidio o sus consecuencias, y no sólo de esto vive el noir. Habría sido conveniente suministrar algunas nociones de narratología al potencial usuario del volumen, pues en la literatura de género no cuentan únicamente los ingredientes (si fuera así, Crimen y castigo sería una novela negra, y no lo es); el género es, sobre todo, una perspectiva y un campo de actuación. En el apartado divulgativo hay algún desliz perdonable: por ejemplo, Raymond Chandler no escribió una novela titulada Perdición, sino el guión para la película homónima. Poquísima cosa, en fin, que no desaconseja la lectura.

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