La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Agrandar

Una vez que vives París ya estás pillado para la aventura del ir más allá de lo conocido. No hay otra

De regreso a París -eterno, amplio, nevado, grandioso-, repaso mentalmente lo aprendido en los últimos tiempos sobre aquello de la 'zona de confort', el como ampliar horizontes y alcanzar los sueños. Es tiempo de balance.

La zona de confort granadina abarcaría hasta la circunvalación y un poco más allá. Es un territorio físico y sentimental conocido que abraza y asfixia; que da raíz pero ata; que acoge y reduce. Todos buscamos ecuaciones perfectas entre continuidad y cambio; entre confianza y riesgo; entre cálculo y emoción, la folie divina. Pero nadie vive veinticuatro horas al altura de sus ideales que decía aquel.

Hubo un tiempo en que busqué ciudades parecidas a Granada. Incluso las que se llamaban igual, por ampliar sin salir de ella. Pero una vez que vives París y empiezas a amarla, también con sus indigentes y su luminosa torre de los sueños posibles ya estás pillado para la aventura del ir más allá de lo conocido. No hay otra.

El desarraigo deja un vacío. Lo conocido atrás para y deja sitio para lo por llegar. Y es bueno. Pero siempre te llevas una porción de lo propio, por no devenir en parvenu, snob o mudable karlista por Bruselas y eso.

Por eso surgió esta 'glocalizacion' de encontrarse que es esto de vivir en lo pequeño pero abierto al inmenso mundo sin necesidad de renunciar a los paseos ante el lienzo de la Alhambra.

Dejar que lo de fuera encuentre sitio. Aferrarse a lo genuino y soltar lo leve para hacer sitio a tanto bueno que llega de fuera en forma de nuevos ritmos, idiomas, amigos o libros. Agrandar desde una base. Viajar y estudiar; acoger y dejarse enseñar; saber que nunca lo sabes todo pero que algo ya has aprendido. Hacer excursiones a lo inseguro y vuelta para ampliar y tomar fuerzas. No. No son las cosas de las películas. Tampoco la vida de la gente de las revistas. Es ya la vida posible de tantos que a base del low cost y las ofertas han convertido el viaje en parte de sus vidas, el interior y el exterior, que pueden llegar a ser lo mismo.

A la vuelta a Granada veré otra ciudad por unos días. Es un tiempo precioso en el que valoras y redefines, y aceptas. Porque cuando aceptas te sientes en casa, en París incluso, con el Sena a punto de desbordarse bravío, peligroso, delicioso como un torrente vivo. Y mientras tanto nevando en Granada, y en París incluso.

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