editorial

Aguirre abandona

LA presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunció ayer por sorpresa su dimisión de este cargo, su baja como diputada autonómica y su posterior renuncia a la presidencia del Partido Popular madrileño, una de las organizaciones territoriales más potentes del PP. Aguirre, que será sustituida en la comunidad por su mano derecha, Ignacio González -al que también propone como líder del PP regional-, ha argumentado su renuncia a la primera línea de la política activa en las consecuencias de la grave enfermedad que se le detectó en febrero de 2011 y en el deseo de dedicar más tiempo a su familia, después de treinta años de dedicación exclusiva a la actividad política. Esperanza Aguirre ha protagonizado una trayectoria pública muy brillante: concejal del Ayuntamiento de Madrid, ministra de Educación, presidenta del Senado y presidenta de la Comunidad desde 2003, cargo este último al que llegó en un primer momento gracias al escándalo de dos diputados socialistas que traicionaron a su partido, para luego ser refrendada en tres elecciones con mayorías absolutas abrumadoras. Su ambición de erigirse en alternativa a Mariano Rajoy como líder del centroderecha español resultó frustrada, sin embargo, cuando tras el fiasco electoral de éste en 2008 no encontró en el seno del PP los respaldos que buscaba y, sobre todo, tras el triunfo de Rajoy en las elecciones generales de noviembre pasado. La convicción de que el momento de su liderazgo nacional había pasado está, sin duda, detrás de la decisión que hizo pública ayer, tras haberla comunicado poco antes al propio Rajoy. En cualquier caso, la dimisión supone una pérdida para la política española, en la medida en que Aguirre ha encarnado una opción ideológica claramente diferenciada, basada en el neoliberalismo más nítido y emparentada con las posiciones del Tea Party norteamericano. Al mismo tiempo, Mariano Rajoy ve despejado el horizonte de su mando al frente del PP, a pesar de las dificultades que atraviesa su Gobierno, ya que Aguirre era, actualmente, la única política conservadora que podía hacerle sombra.

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